Son tiempos difíciles para el centenario Partido Liberal. Encerrado a mitad de camino entre la llanura y el poder, habiendo ganado las elecciones de abril de 2008 es sometido a todo tipo de atropellos sin que sus líderes se muestren capaces de sacarlo de tan duro trance.
Las necesidades políticas de cara a las elecciones, que cada vez se muestran más cercanas, se suman a los sueños de poder de sus líderes internos. En esa frágil relación de necesidades y conveniencias el partido es mantenido en estado vegetativo; apenas como un accesorio que no merece mayor atención del Ejecutivo. Los liberales aceptaron de buena gana, con aplausos del senador Blas Llano y el reiterativo silencio del ministro Efraín Alegre, el cambio de Carlos Mateo Balmelli al frente de Itaipú. Hasta ahora Mateo no se había jugado en la interna por Alegre ni por Llano; así que ambos líderes boicotearon oportunamente una reunión del directorio donde se podría haber hecho algún tipo de reclamo al Presidente de la República. Paralelamente Llano organizó un encuentro con sus dirigentes en su domicilio para salir a respaldar la posición del Jefe de Estado. Las necesidades electorales mostraban su lado más crudo. No era momento de apoyar al correligionario sino de arrodillarse ante el poder para seguir tomando todo lo que se pueda en el afán de llegar a la presidencia de la República en 2013. Todos los que se opusieran a este sacrosanto fin serían rotulados de conspiradores y golpistas, una nomenclatura atemorizante que siempre tiene cierto efecto anestésico.
En contrapartida, el Presidente de la República junto con su grupo más cercano redistribuye piezas y conforma nuevos equipos de apoyo en su necesidad de construir las bases de un poder político por fuera de los dos grandes partidos. En esa línea se potencian y prueban la figura de José Ledesma, el gobernador de San Pedro y compadre del Jefe de Estado, y la del ministro del Interior, Rafael Filizzola, como opciones si Lugo no puede ser reelecto y se hacen los ajustes en las binacionales.
El cambio de Mateo por Gustavo Codas, un militante del PT brasileño que tiene buenos contactos en el Brasil, más allá de la buena entrada que puede tener en el país vecino responde sobre todo a la necesidad de controlar en pleno año electoral una de las mayores distribuidoras de fondos. Las campañas políticas tienen sus costos y desde la administración pública, donde existen al menos frágiles sistemas de control, se hace más difícil manotear los recursos para financiarlas. Más ahora que la Secretaría de Acción Social, una de las grandes financiadoras que incluso tenía algún manto de legalidad, vio recortados sus recursos. En la binacional en cambio siempre están a mano los fondos sociales que desde sus inicios han sido de libre disponibilidad. Ese dinero sí puede ser utilizado sin mayor control y alcanza de sobra para alimentar las campañas de las candidaturas progresistas. Dejar semejante posibilidad en manos de los liberales hubiera sido peligroso.
Yacyretá, la segunda caja chica del Gobierno y que tiene un fondo más modesto que Itaipú, fue a parar a manos de Elba Recalde, una ex senadora del PLRA que hace rato dejó de tener el perfil liberal. Más bien es una persona de confianza, una buena amiga del Presidente de la República, que viene a aminorar los reclamos liberales y soluciona un problema al Ejecutivo. Como en la era de Carlos Cardozo, seguramente Yacyretá seguirá siendo manejado directamente por el presidente Lugo para solventar sus excentricidades o las de su hermana en el Despacho de Primera Dama. En el PLRA no tendrían por qué molestarse si al final de cuentas es una correligionaria la que llegó al cargo. Hasta podría calificarse como un triunfo de género para las mujeres.
Estos dos acontecimientos terminan de revelar que los dirigentes internos del PLRA establecen sus prioridades mirando las elecciones que se vienen y particularmente la de 2013, cuando se debe elegir a un nuevo presidente. Bajo ese objetivo someten al partido a todo tipo de agresiones en la esperanza de que eso les asegurará seguir en el Gobierno para armar sus equipos políticos. Olvidan que no son solo ellos los que estructuran soportes partidarios y parecen no entender que, así como van las cosas, el partido para el 2013 podría ser apenas un conglomerado de necesidades individuales incapaz de ganar las elecciones. Estar cerca del poder tiene sus consecuencias. Genera amnesias que hacen olvidar las raíces y podrían terminar potenciando las candidaturas que el presidente Lugo anda probando. Los acomodos y las urgencias electorales de la dirigencia, lejos de ser beneficiosos, podrían dejar bien lejos del poder a los liberales.