Cada vez se hace más evidente, ante terceros, los activos estratégicos disponibles en nuestro país: agua para producir energía y alimentos, tierra fértil, dividendo demográfico, posición geográfica exenta de problemas naturales, etc., día a día llegan más interesados en conocer e invertir en Paraguay, europeos corriendo de la complicada situación económico-financiera por la que están pasando, orientales que siempre están atentos a las oportunidades, americanos y sudamericanos que están “descubriendo” a nuestro país –¡por fin!– y nosotros mismos, que estamos mirando con muy buenas expectativas el futuro y posibilidades.
La pregunta es ¿“estamos preparados y dispuestos” para aprovechar el “momentum” o en nuestro viejo estilo seguiremos improvisando, dejando de tomar las decisiones políticas y económicas que nos permitan evolucionar y despegar como un país serio, moderno y organizado?
Este país que tanto está llamando la atención y que atrae desde observadores internacionales para las elecciones de abril hasta exploradores de negocios de inversiones para las más variadas categorías, debe empezar a crear las condiciones para que inversores locales y extranjeros se radiquen en tiempo y en forma, para asegurar crecimiento económico y desarrollo humano, y que esto sea incluyente, que llegue y toque a cada habitante del país.
Necesitamos invertir masivamente en infraestructura, especialmente en todo lo relacionado a energía y logística, capacitar a nuestro dividendo demográfico para ser productivo y competitivo; necesitamos tener y mantener reglas de juego que nos caractericen por ser un país serio y predecible; necesitamos posicionar a nuestros mejores talentos en los lugares de decisión y de gestión; necesitamos mejorar los liderazgos público y privado; necesitamos la participación de todos, exigiendo, sugiriendo, eligiendo bien y con inteligencia. Las elecciones de abril pueden ser el punto de inflexión para dejar el país “kachiãi“, para abandonar los viejos paradigmas de la informalidad y el conformismo, y pasar a un país con posibilidades para todos, donde terminemos de una vez con casi 40% de población en la pobreza y casi un 20% de pobreza extrema, situación miserable y moralmente inaceptable, que además de su lacerante realidad, nos humilla y nos expone a un peligroso desenlace entre compatriotas.
Esperamos sinceramente, desesperadamente, que los próximos gobernantes encuentren el camino para lograr todos los consensos necesarios, que desarrollen un plan país concreto y que tengan capacidad y calidad de gestión y por sobre todo que esto sea beneficioso para todos y no para algunos nomás. El “para algunos nomás” ya no funciona y no va a funcionar. Tenemos que repensar el país; que sea bueno para todos, para cada uno de nosotros, y todos debemos asegurarnos de que así sea.