Estandarte
Raymond Greenwood, quien se declara monárquico convencido, no dudó en izar en su vivienda el estandarte real, la bandera personal de la reina Isabel II, para dar la bienvenida a la pareja principesca cuando se enteró de que iban a establecerse en la región.
Aunque con carácter más bien simbólico, la reina Isabel es la jefa de Estado de Canadá, gobernado por una monarquía parlamentaria. “Estoy muy, muy feliz”, dijo Greenwood, presidente de un club local y quien trabaja como voluntario en el sector del turismo.
“Quién no querría tener la oportunidad de encontrarse con Meghan paseando a sus perros en el vecindario”, agregó Greenwood, sugiriendo en broma que podría establecer una cabina para vender souvenirs alusivos a la corona.
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Bruce Hallsor, quien dirige el capítulo local de la Liga Monárquica Internacional –una organización que promueve las bondades del sistema monárquico de gobierno–, aspira a reunirse con el duque y la duquesa de Sussex en cualquier evento social.
“Egoístamente, esperamos que incluso si el príncipe Enrique y Meghan reducen sus compromisos oficiales, al menos quedarán algunos días para nosotros” , dijo a la AFP. “Sería una ventaja para nosotros”, agregó, rechazando las críticas de quienes arremeten contra la pareja por haber renegado de sus obligaciones relacionadas con la corona.
