Menos felices y sin poder dormir en la cuarentena

Un estudio realizado por la Dra. Gabriela Moguilner, en conjunto con otras especialistas en neurocirugía, ha develado que los pacientes con patologías neurológicas han sido afectados significativamente en el confinamiento impuesto por el covid-19.

Gabriela Moguilner ha estudiado, junto con otras especialistas, el impacto del encierro en pacientes neurológicos.
Gabriela Moguilner ha estudiado, junto con otras especialistas, el impacto del encierro en pacientes neurológicos.

Es de público conocimiento cómo el covid-19 ha impactado significativamente en el país, golpeando con más fuerza al sistema sanitario y a la economía, refiere la Dra. Gabriela Moguilner, especialista en neurocirugía.

Aunque todavía no se pueden evidenciar las connotaciones de esta crisis sanitaria en la calidad de vida de la sociedad en general, “existe un porcentaje considerable de la población que se encuentra más vulnerable a desarrollar o agudizar síntomas psicológicos relacionados a altos niveles de estrés como las dificultades para mantener la concentración, mayor irritabilidad o cambios en el sueño y apetito, entre otros”, refiere.

Esta población en particular se circunscribe “a las personas portadoras de patologías en general, que por su cuadro mismo ya tenían una situación estresante en sus vidas y que por las medidas sanitarias a las que se ha adherido nuestro sistema de salud, quedaron sin poder ser resueltas temporalmente. “En mi caso particular, veo pacientes con patologías cerebrales y de columna; en ambos grupos, la acentuación de los síntomas es muy notable, y si bien en muchos casos es por la evolución propia de la patología, en otros es evidente que el cuadro de ansiedad y los cambios que una situación estresante tiene sobre nuestro sistema nervioso, baja nuestros umbrales y tolerancia acentuando cualquier cuadro que estemos pasando”, refiere la profesional.

De ahí que como parte de la forma de encarar un tratamiento integral se han enfocado en todos los aspectos del paciente. “Con el equipo de neuropsicólogas con las cuales trabajo (Mg. Verónica Ferreira y Mg. Dulce Benítez) hacemos un seguimiento virtual de nuestros pacientes, objetivando que se han manifestado o agudizado síntomas psicológicos relacionados a niveles de estrés así como características relacionadas a estados de ansiedad y depresión”, detalla Moguilner.

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Desconcentrados y menos felices

Los datos preliminares de este estudio han arrojado que el 59% de la población refiere que le cuesta más concentrarse. El 88% ha experimentado la sensación de no poder superar las dificultades, al 72% le cuesta más dormir, el 55% disfrutó menos de las actividades cotidianas, el 88% se ha sentido menos feliz que lo habitual. Todos identificaron mayor agobio y tensión. Un porcentaje mayoritario indicó sentirse más estresado y con más frecuencia de lo habitual.

Manejo de variables

Para entender estos guarismos, “tenemos que tener en cuenta que existen variables que pueden condicionar a la capacidad de afrontamiento del estrés de las personas en general y de los pacientes en particular. Como son por ejemplo, la calidad de red de apoyo familiar y comunitario, la calidad de acceso a los servicios de salud, la comorbilidad con otras enfermedades, etc.”, enfatiza la especialista.

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“Si bien no podemos controlar los factores externos a los cuales esta situación nos expone, sugerimos poner en práctica algunas estrategias que podrían ayudarnos a prevenir desgastes significativos en la salud mental y a mantener un bienestar psicológico”, dice.

Estrategias

1. Organizar el tiempo teniendo objetivos y rutinas diarias combinando actividades laborales u obligaciones domésticas con actividades de ocio y recreación.

2. Realizar actividades agradables. Cada uno tiene sus preferencias y las debe elegir según le genera sensaciones de bienestar.

3. Mantener una vida sana cumpliendo los tratamientos en caso de requerir alguno y manteniendo buenos hábitos de sueño y de alimentación y una rutina de ejercicios físicos según lo recomendado para cada uno.

4. Mantener el contacto social utilizando los medios disponibles; el aislamiento y la soledad pueden generar un malestar significativo, por lo que es importante que continuemos relacionándonos con nuestro entorno.

5. Identificar y aceptar los sentimientos negativos; tener emociones agradables y desagradables es natural, debemos reconocer ambos tipos de emociones y aceptarlas como algo que existe.

6. ¡Pedir ayuda! Por sobre todas las cosas hay que cambiar el autoprejuicio a consultar con un profesional de salud mental (psicólogos, psiquiatras); si nota que su estado de ánimo, conducta o sueño están más alterados de lo habitual, o experimenta mayor tensión, tristeza, desánimo o irritabilidad, buscar ayuda puede acompañarlo a afrontar de una manera más fisiológica la situación y sentirse mejor.

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