El cultivo de la vid

Este artículo tiene 6 años de antigüedad
La producción de vino transforma y embellece los paisajes.
La producción de vino transforma y embellece los paisajes.GENTILEZA

En estado salvaje, la vid sería una planta que se entrelazaría con los árboles, crecería en altura y frondosidad y daría frutos minúsculos. Solo la paciente y afanosa labor del hombre es capaz de lograr que la vid canalice toda su energía en hacer crecer las uvas concentrando su sabor, color y aroma.

A pesar de que el consumo del vino se extendió a todo el mundo y que todas las culturas lo han adoptado con entusiasmo, no son muchos los terrenos que cumplen con las características especiales que se necesitan para cultivar uvas de gran calidad.

La ubicación geográfica del viñedo es fundamental en el sabor del vino. Son varios los factores que influyen, pero el primero es la cantidad de luz solar que recibe la planta a lo largo de todo el año y su intensidad. Este factor está determinado por la distancia al ecuador, es decir, por la latitud. El cultivo de la vid se restringe a una zona comprendida entre los 30 y los 40 grados de latitud Sur y entre los 30 y los 50 grados de latitud Norte. En el hemisferio sur, esta área se corresponde al sur de Sudamérica, de África y de Australia y a Nueva Zelanda. En el hemisferio norte, abarca la mayor parte de Europa, el Cercano Oriente y las regiones centrales de Asia y Estados Unidos.

La tierra aporta los nutrientes que necesita la planta; por lo tanto, el terreno también es un factor de primer orden, aunque no debe pensarse que se requiere un suelo especialmente fértil o húmedo. La vid necesita minerales como magnesio, fósforo y potasio, pero en bajas concentraciones. El terreno ideal debe ser ligeramente alcalino (es decir, lo opuesto al ácido) y tiene que estar drenado.

En general, de los suelos de mayor componente calizo se obtienen vinos aromáticos y con gran cuerpo; de los suelos de componente silíceo surgen vinos finos, con sutileza y bouquet; y por último, los suelos arcillosos producen vinos fuertemente alcohólicos y coloridos.

Los requerimientos de agua de la vid se producen sobre todo en el verano, aunque el exceso de lluvias y humedad podría favorecer la pérdida de sabor y la aparición de enfermedades. El término medio anual de caída de lluvia debe estar entre los 400 y los 800 mm entre el final de la primavera y el comienzo del verano.

Las laderas de las montañas nevadas son ideales, ya que aportan el agua pura del deshielo en la época justa. Son recomendables las zonas secas pero cercanas al mar y a un río de gran caudal que regule los cambios bruscos de humedad; podemos pensar, por ejemplo, en las áreas cercanas a los Alpes (Francia e Italia) o a los Andes (Argentina y Chile).

Apreciar la vista de un viñedo es disfrutar un paisaje más amplio, de gran belleza natural. No es casualidad que cada vez sea más común el turismo enológico, en el cual los visitantes recorren las zonas productoras de vid, conocen las tareas agrícolas, disfrutan la naturaleza y catan los vinos más destacados de las bodegas de la zona.

(*) Del libro Vinos de leyenda, de Barcel Baires América.