La música
“Sin música la vida sería un error”
Friedrich Nietzsche
(1844-1900),
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filósofo alemán.
“La música es el corazón de la vida. Por ella habla el amor; sin ella no hay bien posible y con ella todo es hermoso”.
Franz Liszt
(1811-1886),
pianista y compositor austriaco de origen húngaro.
“La música puede dar nombre a lo innombrable y comunicar lo desconocido”.
Leonard Bernstein
(1918-1990),
compositor estadounidense.
“La música constituye una revelación más alta que ninguna filosofía”.
Ludwig van Beethoven
(1770-1827), compositor y músico alemán.
De musas y cantos
Como bien lo dice Liszt: “La música es el corazón de la vida”, desde sus inicios expresivos fue considerada un don divino. De hecho, no es casualidad que el dios patrono de la música y la poesía es el que encarna más puramente el espíritu helenístico, Apolo. Así tenemos en la literatura griega muchas referencias sobre el amor de Apolo, quien lograba extraer de la lira el más dulce de los sonidos, y las competiciones musicales que lo enfrentaron con el dios Pan se describen en el Himno homérico a Apolo y en las Metamorfosis, de Ovidio, respectivamente. Los griegos tenían, además, a sus musas del arte, divinidades encargadas de inspirar, propiciar y alentar la creación artística. Estas diosas se presentan como cantantes en las fiestas de los dioses, y forman parte del séquito de Apolo.
Euterpe, “la muy agradable”, era una de las musas, ninfas, que comandaba Apolo, y normalmente se la representa con una flauta. Hija de Zeus y Mnemosyne (la diosa de la memoria), nació con sus hermanas en la Tracia. Es la musa de la música y muy especialmente de los flautistas. La presencia de Euterpe era fundamental en las ceremonias y celebraciones religiosas, especialmente las dedicadas al dios Dionisio. Los instrumentos más usados eran la siringa, la flauta doble —cuya invención se disputan, según el mito, Afrodita y Euterpe—; la siringa, la lira y la cítara.
Los descubrimientos arqueológicos de Grecia y Roma, realizados durante el Renacimiento y el Barroco, produjeron que artistas y pensadores dirigieran su mirada hacia ese pasado e intentaran recrear esa gloriosa época clásica.
Por su parte, los cristianos tienen a Santa Cecilia, nombrada en 1594 patrona de la música y los músicos por el papa Gregorio XIII, probablemente porque la joven romana se convirtió al catolicismo, por lo cual fue decapitada, y había demostrado una atracción irresistible hacia los acordes melodiosos de los instrumentos musicales. “Su espíritu sensible y apasionado por este arte convirtió así su nombre en símbolo de la música”. Los católicos celebran su día cada 22 de noviembre en memoria de su fallecimiento.
Fuentes: http://www.musicaantigua.com / http://proverbia.net
