La canasta mecánica

Este artículo tiene 4 años de antigüedad

LA PANDEMIA, EL BARBIJO Y LA VACUNA.- La pandemia tomó de sorpresa al planeta y en tiempo récord obligó a la mayoría a convertirnos en especialistas en la administración de ansiedad. En un mundo que reclama certezas, hubo vacilación sobre el origen del virus, contradicciones sobre cómo se propaga, que el barbijo no, luego que el barbijo sí, ivermectina no y luego parece que sí, aislamiento, cuarentena y todo lo que puso a prueba nuestra capacidad de salir de la comodidad individual, someternos a un prolongado encierro y a la disciplina de un nuevo protocolo cotidiano de higiene, con la intención de cuidarnos y cuidar a nuestro grupo cercano.

Primero se decía que el riesgo era moderado, luego se dijo que podía ser grave. ¿Viajes? Sin recomendaciones específicas, luego se cerraron las fronteras y los aeropuertos. Inconsistencias, por falta de conocimiento. El coronavirus resultó demasiado novedoso para el mundo científico y riesgoso para todos. En nuestro país se tomaron rápidas medidas de precaución, hecho que evitó el contagio masivo.

Hubo gobiernos como el de Alemania, que consultaron a filósofos, historiadores, teólogos y científicos sociales de comportamiento, quienes proporcionaron valiosos aportes sobre la legitimidad de las restricciones y el equilibrio entre el apoyo de la ciudadanía y las respuestas de disconformidad contra las acciones coercitivas del Estado. En el Paraguay, con nuestras precariedades, pudimos mantener un nivel muy bajo de contagios y fallecimientos. La esperanza de la vacuna salvadora empezó a perfilarse, pero no nos salvamos de la infodemia o polución de noticias falsas.

En toda esta complicación vital que soportamos, entre otras cosas, la comunicación gubernamental tuvo y tiene deficiencias. Le faltó al gobierno un departamento de comunicación que informara con rigor y seriedad, sin causar pánico. En tiempos de transformación como el que vivimos, es vital contar con buena comunicación. Puede ser que una política funcione y tenga impacto social, pero si la gente tiene una mala predisposición para el gobierno en general, algo no se está haciendo bien. Por ejemplo, el tema de la adquisición de vacunas estuvo en la cresta de la ola esta semana. Debe ser una enorme responsabilidad decidir, en plena pandemia, cuál vacuna, cómo, dónde y con quién, porque está en juego la salud, la vida de la población. Recuerdo haber leído, en febrero por ahí, que Mazzoleni informaba sobre 3 millones de vacunas fuera del mecanismo Covax, que ya se había cerrado el acuerdo con dos compañías, y que por cuestiones de confidencialidad no daba datos de las empresas. No sé en qué quedó aquello. En estos días, en medio del pedido de juicio político a Mario Abdo, surgió, del libelo acusatorio, una información falsa que se comentó hasta el cansancio. La info sostenía que nuestro país había depositado dinero en una cuenta equivocada y por eso no llegan las vacunas. El ministro Borba salió a desmentir y explicó en detalle cómo se hizo la transferencia de dinero. AstraZeneca, Sputnik, CoronaVac, Pfizer y otras, en algún momento, llegarán a nuestra capital y nos dividiremos entre quienes se quieren vacunar y quienes no.

carlafabri@abc.com.py

Todos los beneficios, en un solo lugar Descubrí donde te conviene comprar hoy