El origen de la Pascua se relaciona, en cierta manera, con la primavera y la fertilidad. La Pascua viene del latín pascae, una adaptación del hebreo pésaj, el éxodo del pueblo judío desde Egipto, una historia recogida en el Antiguo Testamento, hacia la Tierra Prometida. Por ello, desde antes de Cristo, la Pascua, también llamada Pascua judía, se celebraba cada año, como recordatorio de la liberación del pueblo hebreo de su esclavitud. Más tarde, esta fiesta se adaptó a la tradición que recuerda la muerte y resurrección de Jesucristo. Tras el Primer Concilio de Nicea, 325 d.C., se separó la celebración de la Pascua judía de la cristiana, llamada ahora Pascua de resurrección, un momento crucial en la cultura cristiana, pues supone todo el fundamento de la religión: la resurrección de Jesucristo. La fiesta más importante para el catolicismo. Y como a la prohibición de comer carne durante la Cuaresma se sumaba también la de consumir huevos, durante ese tiempo, las familias decidían conservarlos y se los recubría con cera para evitar que se vencieran. Así, a esta fiesta religiosa se le han sumado más tradiciones, como la de los huevos de Pascua. Estos coloridos huevos forman parte de las celebraciones anglosajonas donde representaban la nueva vida y el inicio de la primavera. Con el paso de los años, se incluyó la pintura, para luego regalarlos a familiares y amigos el Domingo de Pascua. En el siglo XIX surgió la tradición de decorarlos y hacerlos de chocolate. Tiempo después, se cambiaron los huevos clásicos por los de chocolate y la tradición se extendió a todo el mundo hasta la actualidad. Pero ¿cómo entra en la leyenda un conejo que trae huevos? Tiene su origen en la era precristiana entre los pueblos del norte de Europa, ya que el conejo es símbolo de la fertilidad relacionado con las fiestas de la primavera en las tradiciones germana, celta y escandinava.
Su alta capacidad de procreación hace que también sea vinculado con la diosa germana Ostara, también conocida como Eostre, a quien se le rendía tributo cuando llegaba la estación florida. Hay registros bibliográficos sobre la tradición de decorar huevos de Pascua y el conejo desde el siglo XVII y la similitud del nombre de la diosa con la palabra Pascua en inglés: Easter. A esta leyenda se suma la de un conejo que estaba en el Santo Sepulcro y fue testigo de la resurrección de Cristo. Así que salió de la cueva para llevar la alegría de la resurrección. Desde entonces, sale cada Domingo de Pascua a dejar huevos de colores para recordar a la gente la alegría de la resurrección. Una leyenda germana cuenta que una mujer muy pobre, quien no podía dar dulces a sus hijos, escondió huevos decorados en el jardín para que los encuentren. Por una casualidad, un conejo salió de su madriguera y fue visto por los niños, quienes creyeron que ha sido el conejo el autor de los regalos.
Fuentes: https://sobrehistoria.com/ / https://hipertextual.com/ / https://www.aciprensa.com/