El encierro de los grandes del teatro

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Jesús Pérez.
Jesús Pérez.

Entre las áreas más perjudicadas por la pandemia están las actividades artísticas y culturales. Al implementarse las restricciones, todos los espectáculos públicos fueron cancelados y muchos artistas quedaron sin su medio de vida. Catorce meses después, algunos elencos se animan a volver al teatro presencial y los grandes del teatro nos hablan de su encierro.

Uno de los primeros sectores en sufrir sus consecuencias fue el del entretenimiento y, aunque se hicieron los cambios exigidos por el protocolo sanitario, los efectos continúan hasta ahora. En principio, se suspendieron todos los espectáculos públicos, reuniones sociales; en síntesis, todo lo que eventualmente no cumpliera con el distanciamiento social y tanto los actores, artistas plásticos, músicos, cantantes, grupos musicales, etc., de la noche a la mañana quedaron sin trabajo.

Los festivales y eventos de premiaciones se realizaron online. Algunos artistas recurrieron a los espectáculos vía streaming para seguir en cartelera. Como una reminiscencia del pasado, un tanto alentadora, volvió el autocine y se desarrolló la modalidad del autoteatro. Pero solo podía trabajar la gente joven. Los que pasaban los 60 años y pacientes de riesgo debían permanecer en casa. Algunos tuvieron que “reinventarse” y recurrir a sus otras habilidades para sobrevivir: pintura, enseñanza online, gastronomía, manualidades, entre otras actividades. El Centro Paraguayo de Teatro repartió víveres a sus asociados y luego de muchas movilizaciones consiguieron que el Estado les concediera un subsidio, luego de seis meses de estar inactivos, pero que no alcanzó a todos. Muchos quedaron descontentos.

Pero ¿cómo tomaron los trabajadores del arte esta cuarentena?

Espera optimista

“Trato de tomarlo con filosofía. Asumir el hecho en sí. Uno de estos días tendrá que terminar. Solo hay que esperar. Estoy dispuesto y predispuesto a seguir hasta que Dios diga basta con mi sueño que, para mí, es una fascinación o atracción fatal la interpretación. Creo que soy capaz de representar cualquier rol siempre que tenga detrás de mí un buen director”, comenta el actor Ramón del Río.

A pesar de esta “prisión domiciliaria”, según la califica, está más lúcido y optimista que nunca, y con todas las ganas de seguir con su pasión, que es actuar. Además, como ya estaba en proceso de jubilación en su trabajo no artístico, pudo mantenerse a flote económicamente y también hizo radioteatro. Y aunque camina por el sendero de la octava década, superó dos años atrás un accidente cerebrovascular y sigue en tratamiento; don Ramón mantiene el espíritu joven. “Estoy a la expectativa para hacer teatro y, eventualmente, cine”, afirma y agrega que antes de la cuarentena estuvo colaborando con unos capítulos de Sombras en la noche. “Grabé un capítulo con Jesús Pérez y otros actores, bajo la dirección de Clotilde Cabral. Nuestros roles eran de apoyatura, pero eran importantes”.

Espíritu vital

“No le hago caso. Le doy la espalda, aunque me cuido. Salgo poco y ya no subo al ómnibus. Paso las horas como ama de casa: limpio, cocino…”, cuenta con voz muy animada la actriz Teresita Pesoa, una de las referentes del teatro paraguayo en guaraní, categoría en la que –según ella– la encasillaron y le limitó poder demostrar su talento también en castellano, que fue para lo que inicialmente se formó.

Teresita vive en su casa de toda la vida del barrio Tembetary, y subsiste de una pequeña jubilación de los años que trabajó en la fábrica de fideos Federal; aunque rodeada de sus hermanos y sobrinos. La actriz nunca se casó ni tuvo hijos. “¡Quién me iba a tener paciencia con todas las horas de ensayo todos los días fuera de casa!”, explica.

A los 85 años, Teresita Pesoa mantiene intacto su espíritu vital y su pasión por el teatro sigue intacto como el primer día. “Ahora quiero hacer teatro en castellano”.

En stand by

Con proyectos de teatro y cine truncos, como la mayoría de los artistas, hastiado del encierro, sin poder actuar ni enseñar y en espera de que culmine la pandemia –que no sabemos cuándo va a terminar– se encuentra el actor Jesús Pérez. El año pasado, la pandemia –como a todos los artistas– le frustró varios proyectos. “Aunque muchos colegas se ingeniaron para hacer teatro por las redes sociales y algunos con cierta cantidad de público”, comenta y resalta que hay que cuidarse uno mismo y a los otros.

Profesor de inglés jubilado, enseñaba en su casa, pero también lo tuvo que dejar. “Estamos hastiados. Todos. Y no solamente en Paraguay, sino en el mundo. No sabés qué hacer. Sin poder salir. No podemos visitar a los amigos ni ellos pueden venir. Y no sabemos cuándo va a terminar. Todavía hay que esperar. No se puede hacer nada. Menos mal que hay fútbol”, se consuela. En junio del año pasado, Jesús Pérez recibió el Premio de Honor Edda, por su labor teatral en una ceremonia virtual.

Recuperar la salud

Trabajó con los grandes, como César de Brix, Ernesto Báez, Los Compadres y José Olitte. Hoy, alejada del teatro, pero no de los escenarios, la actriz Nila Servín con optimismo espera con ansias recuperar su salud y que termine esta pandemia para volver a trabajar. Hace diez años, Nila Servín superó también un cáncer de seno. Pero en 2019 –debido a otro inconveniente de salud– quedó en silla de ruedas y casi dejó de actuar. Recién ahora está recuperando la salud poco a poco, pero sin poder trabajar la subsistencia se le hace muy difícil.

“Lastimosamente, no tengo ningún sueldo, porque no se pagó mi aporte a la Caja de Pensiones y Jubilaciones de la Municipalidad. Por suerte, la gente de la Iglesia y mis compañeros de teatro me traen provistas. Gracias a ellos, sobrevivo”, destaca. Esta cuarentena la tomó en cama, pero haciendo croché para vender y está aprendiendo la letra de la canción Resistiré. Su deseo es recuperarse y que termine esta pandemia. “Mi sueño es volver a los escenarios”.

Maestra incansable

María Elena Sachero se formó como maestra normal y empezó a dar clases en escuelas y colegios. En 1941 se unió a la compañía de comedias del Ateneo Paraguayo, bajo la dirección de Fernando Oca del Valle. Más adelante, junto con Mario Prono, sucedieron a Oca del Valle en la dirección del elenco. En 1983, el recién creado Arlequín Teatro la invita a ser la protagonista de la obra La casa de Bernarda Alba, rol que asume con la fuerza y el talento que la caracterizan y que la consolidarían como protagonista en muchas obras.

Actualmente jubilada de la docencia en los colegios y en el Instituto Municipal de Arte –donde crearon un taller teatral infantojuvenil que lleva su nombre–, María Elena pasa sus días leyendo todo lo que puede y con muchas ansias de volver a las tablas. “Las ganas siempre están”, asegura y agrega que ni bien se pueda, volverá. “Tengo una propuesta de Hugo Robles”. El confinamiento fue muy difícil para ella porque solía salir mucho, especialmente a ver obras de teatro. Y aunque a veces, al ver las noticias, le ataca la tristeza, ella la combate con su habitual optimismo. “Tengo una primicia para darte”, cuenta.

“A mediados de junio en la Municipalidad de Asunción me van a rendir un homenaje con el lanzamiento de estampillas con mi nombre y estoy muy feliz”.

mpalacios@abc.com.py