La canasta mecánica

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AMISTADES. La vida es una escuela de permanente aprendizaje en la cual rendimos examen a diario. A veces salvamos, otras veces nos aplazamos porque somos diletantes.

Como nadie es profesional en la materia, un cachito de humildad suele evitar que algunos porrazos sean muy dolorosos.

Entre las cosas que alcancé a comprender sobre la amistad, figura lo poco útil de la expectativa que casi siempre suele ser falsa. Ahora que nuestra existencia se ve atacada por una pandemia y se agrandan las desigualdades, mientras la gente desconectada y desesperada cae presa de la bronca o de las teorías de conspiración, soy consciente de lo mucho que dependemos los unos de los otros.

Las grandes amistades nos inspiran. Difícil imaginar a Emerson en la literatura sin su discípulo y amigo Henry David Thoreu, del mismo modo que es difícil imaginar a Charlie Brown sin Linus o a Thelma sin Louise.

García Márquez cuenta en el prólogo de Imagen de Julio Cortázar, de Ignacio Solares, cómo se inició su amistad con el escritor argentino. García Márquez y Cortázar coincidieron con Carlos Fuentes en un viaje en tren de París a Praga. Dice que ninguno de los tres quiso abordar el avión en el que iban otros escritores, pues compartían el miedo a volar. Como recuerda el escritor colombiano, Fuentes preguntó a Cortázar cómo, en qué momento y por iniciativa de quién se había introducido el piano en la orquesta de jazz. Ante una pregunta casual y sin ser pretensiosa, “la respuesta fue una cátedra deslumbrante que se prolongó hasta el amanecer, entre enormes vasos de cerveza y salchichas con papas heladas”. Así empezó aquel vínculo intelectual que los mantuvo unidos en el afecto y la admiración mutua.

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Todavía es difícil (pero no imposible) la amistad entre hombres y mujeres, porque nosotras interpretamos las amabilidades de ellos, como una consecuencia directa de la relación de amistad, mientras que los varones experimentan una mayor atracción por sus amigas, con la sensación, además, de que este sentimiento es correspondido. En todos los casos la expectativa es como un tic vicioso que entorpece las mejores alianzas y debilita los más intensos lazos de afecto.

A diferencia del amor entre amantes, que es posesivo y exige exclusividad, la verdadera amistad es amplia y comprensiva, sabe disculpar sin cansarse ni llevar en cuenta agravios, amarguras y desencantos. Aceptar a las amistades como son, no como queremos que sean. La mejor amistad se construye en la confianza, en la sinceridad y en el respeto mutuo, en la tolerancia y, por supuesto, en abundante afecto. Entre amistades se puede decir las cosas con franqueza, incluso las cosas desagradables. Aprender juntos a sortear tormentas fortalece las uniones. Una verdadera conexión de empatía puede incluso derribar barreras impuestas por ideologías o rivalidades. En fin, una amistad se cultiva compartiendo tiempo y se nutre siempre de nuevas experiencias. Que alguien sea un amigo, una amiga, no quiere decir que tenga que complacer nuestras exigencias.