Anuncios, series y películas muestran productos y enseñan comportamientos insistentes (rabietas, repetición) para que los niños no acepten un no por respuesta. Se considera un caballo de Troya en el hogar, donde los niños actúan como agentes de marketing, presionando a sus padres para la compra.
Se debate si esta estrategia promueve la insatisfacción y la inmadurez al convertir la insistencia en una herramienta de persuasión para niños pequeños. Esta técnica es una forma de publicidad directa dirigida a la infancia, diseñada para que el niño sea el principal promotor del producto dentro del hogar.
Lo llaman factor nag o pester power (factor fastidio) en publicidad, y es la estrategia de marketing que incita a los niños a insistir, llorar, recurrir a rabietas para conseguir productos, convirtiéndolos así en armas para influir en las compras familiares. Esta táctica utiliza anuncios para enseñar a los niños a ser persistentes, enfrentando a padres e hijos para aumentar el consumo. Esto crea un conflicto en el hogar entre los deseos del niño y lo que la familia considera adecuado, como ocurre frecuentemente con productos de bajo valor nutricional.
Este concepto ha sido ampliamente analizado en obras como Nacidos Para Comprar de Juliet Schor, economista estadounidense. En su libro, Schor detalla cómo la industria publicitaria explota la vulnerabilidad infantil para maximizar el consumo.
Los padres se quejan de que los niños no les hacen caso, que no son como antes. El divulgador Miguel Ángel Ruiz aborda en La Destrucción Planificada de la Infancia, los procesos sociológicos que empujan a acortar este periodo vital, y expone que los niños empiezan a comportarse como adultos de forma prematura, perdiendo la inocencia con mucha antelación.
Las corporaciones vieron la forma de maximizar beneficios acortando la infancia, haciendo que los niños no tengan tantos referentes infantiles, sino que a partir de la pubertad o incluso en la pre adolescencia, empiecen a interesarse por el mundo de los adultos.
Aquí no se puede culpar a la ideología zurda. El ejemplo más claro es la hiper sexualización de las niñas, que con casi diez años o incluso a veces un poco antes, son empujadas al mundo de consumo de las mujeres publicitando mascarillas antiarrugas para niñas a partir de tres años, lo que puede mover a la risa, pero tiene un gran poder simbólico. Enseñan a las niñas que son imperfectas y las condicionan como futuras consumidoras de productos que no necesitan para mejorar. Esto no es libertad y lo hace el mercado, la derecha.
Ruiz sostiene que se produce la erosión sistemática de las figuras de autoridad, como padres o docentes, para eliminar las barreras culturales y psicológicas que frenan la decisión de compra. Opina que las corporaciones buscan un tipo de futuro niño consumidor que no tenga ningún tipo de cortapisa moral más allá del hedonismo.
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