Si bien, hasta hoy en día se trata de una máquina que cada persona da una “orden” y esta obedece, un ejemplo claro, pisar el acelerador y que el auto vaya para adelante, la tecnología también fue incorporándose cada vez más para ofrecer una mejor experiencia a los conductores.
Con el avance de la inteligencia artificial y un sinfín de sensores que pueden encontrarse en distintos dispositivos electrónicos, ahora, ¿qué pasaría cuando dentro de las puertas un sistema toma una decisión? Por ejemplo, ¿Qué pasaría si la misma máquina decide que estás muy estresado para conducir?
Por más que parezca algo sacado completamente de ciencia ficción, no es un mundo paralelo ni una idea inexistente, sino es una realidad que está siendo desarrollada por distintos fabricantes de vehículos que ya no solamente se concentran en caballos de fuerza o autonomía eléctrica.
Definición por experiencia
Expertos de revistas especializadas en el mundo automotor coinciden en que el nuevo “campo de batalla” para los fabricantes se encuentra dentro del auto en sí, es decir, en el habitáculo, más allá de la seguridad o comodidades que se puedan ofrecer al conductor y los pasajeros.
Incluso ya se comienza a hablar de un salto del vehículo definido por software (SDV, por sus siglas en inglés) al vehículo definido por la experiencia.

Gigantes tecnológicos en lo que se refiere a la innovación en esta industria ya reconocieron que actualmente hay mucha concentración hacia un ecosistema en la cabina para ofrecer un “entorno inmersivo y centrado en el contenido”, porque un automóvil ahora ya no es solamente en un simple medio de transporte que lleva a uno desde el punto A al B.
Un “copiloto invisible”
Si bien la idea de un “auto empático” nuevamente suena a ciencia ficción o a un lujo innecesario, su origen es estrictamente legal y enfocado en la misma supervivencia. La transición hacia esta tecnología ha sido impulsada por la Unión Europea a través de su normativa GSR2 (General Safety Regulation 2).
Según el cronograma oficial de la regulación europea, este año entrará en vigor la Fase 3, que hace obligatorio para todos los vehículos nuevos el sistema ADDW (Advanced Driver Distraction Warning o Aviso Avanzado de Distracción del Conductor), por lo que las marcas ya no pueden conformarse con un sensor en el volante, sino que la tecnología debe ser acompañada también con cámaras, nuevamente, para velar por la seguridad de quien está al mando. En varios casos también este aviso se vincula a sistemas de asistentes con inteligencia artificial que también van cobrando mucha popularidad entre varias marcas de vehículos.

El sistema en sí, como su nombre lo dice, busca mitigar la distracción y fatiga del conductor mediante una cámara que monitorea el rostro y supervisa constantemente el rostro, los ojos y los movimientos de la cabeza del conductor, ya que el sueño podría “atacar” en algún viaje rutero en prácticamente cualquier momento del trayecto.
La biometría en los autos
En palabras sencillas, no es magia, sino biometría, y para cumplir con las estrictas normativas del consorcio de seguridad Euro NCAP y la nueva ley GSR2, la industria motor tuvo que recurrir a empresas de software especializadas en el análisis del comportamiento humano.
Las compañías buscadas son las pioneras en lo que se denomina “IA de las emociones”, esto mediante sistemas integrados en el tablero de cada auto.

Los sistemas más avanzados de cámaras no solo mirarían si uno tiene los ojos abiertos, sino también analizarían en tiempo real la frecuencia de parpadeo, la dilatación de las pupilas e inclusive las microexpresiones faciales.
El vehículo, mediante su propio sistema, cruza estos datos visuales con la tensión que uno puede hacer sobre el volante o incluso reconocer variaciones en la voz, esto con el objetivo de revelar qué tan “saturado mentalmente” se encuentra uno al momento de manejar.
¿Para qué sirve?
La promesa de esta tecnología se divide en dos grandes áreas de aplicación en el día a día:
Una compañía luego de un día difícil: como un ejemplo claro se menciona un día agotador en la oficina y al momento de volver a casa, en medio del tráfico, el sistema biométrico (el mismo que exige la UE por seguridad) podría detectar tu nivel de estrés y, sin ningún tipo de comando o pedido, el propio auto ajusta sus luces del interior, modifica la climatización y puede optar por poner una música más relajante.
La seguridad: finalmente, no todo es una cuestión de comodidad o emociones, sino uno de los puntos clave es una seguridad preventiva mucho más avanzada, ya que en casos de algún tipo de somnolencia o ira que puede darse en una congestión vehicular, algunos sistemas también están preparados para dialogar con el conductor y hacer algunas sugerencias como un desvío o recomendar algún lugar cercano para tomar un café, nuevamente con el objetivo de siempre llegar seguros a destino.
