La llama olímpica se extinguió de manera simultánea en los dos pebeteros del evento, ubicados bajo el Arco de la Paz de Milán y en la Plaza Dibona de Cortina d’Ampezzo, marcando el cierre simbólico de unos Juegos que quedarán en la memoria por su enfoque innovador y sostenible.
En su discurso, la presidenta del Comité Olímpico Internacional, Kirsty Coventry, destacó el legado de esta edición: “Han brindado una nueva generación de Juegos de Invierno y establecido un modelo de referencia para el futuro. Pueden sentirse orgullosos”.
Sus palabras resonaron en un escenario cargado de historia, reforzando la idea de que Milano-Cortina inauguró una nueva era, basada en el uso de sedes existentes y una amplia dispersión geográfica para reducir costos e impacto ambiental.
El testigo olímpico pasó entonces a manos de los representantes de las regiones francesas de Auvernia-Ródano-Alpes y Provenza-Alpes-Costa Azul, quienes recibieron la bandera olímpica mientras sonaban los acordes de La Marsellesa, sellando el camino hacia 2030.Una clausura al ritmo de Italia.
Tal como había sido anunciado, la ceremonia apostó fuerte por la música como hilo conductor. La velada recorrió desde la elegancia de la ópera —con guiños a clásicos como La Traviata, Aida, Rigoletto y Madama Butterfly— hasta un cierre vibrante con el cantante veronés Achille Lauro.
El ambiente relajado y festivo permitió también disfrutar de íconos del pop italiano como Raffaella Carrà y Ricchi e Poveri, además de inolvidables bandas sonoras de maestros como Ennio Morricone y Nino Rota. El toque moderno lo puso el DJ Gabry Ponte, que hizo vibrar al público con el clásico noventero Blue de Eiffel 65.
Últimos campeones y dominio nórdico
Horas antes del adiós definitivo, se disputaron las últimas pruebas deportivas. En el hockey sobre hielo masculino, Estados Unidos se quedó con el oro tras vencer a Canadá por 2-1 en una final cargada de tensión y rivalidad.
En esquí acrobático, la estrella china Eileen Gu revalidó su título olímpico en halfpipe, cerrando su participación con un oro y dos platas, en una jornada marcada también por la noticia del fallecimiento de su abuela.
El último día dejó además triunfos para Suecia en esquí de fondo femenino y curling, mientras Alemania celebró un doblete oro-plata en el bob a cuatro masculino.
En el balance final, Noruega volvió a dominar el medallero con 41 preseas (18 de oro), liderada por el esquiador Johannes Klaebo, quien firmó una actuación perfecta con seis títulos dorados. Detrás se ubicaron Estados Unidos, Países Bajos e Italia.
Con la llama ya apagada, Milano-Cortina empieza ahora a mirar hacia los Juegos Paralímpicos de Invierno Milano-Cortina 2026, que se disputarán del 6 al 15 de marzo y también tendrán a la Arena de Verona como escenario principal.
Italia se despide del mundo olímpico con elegancia, legado y la certeza de haber marcado un antes y un después.
Alpes Franceses 2030 debe seguir el ejemplo
Estos juegos no solo coronaron a campeones: funcionaron como un auténtico banco de pruebas para el futuro del olimpismo invernal. Transporte, infraestructuras y sostenibilidad convivieron en un experimento a gran escala que ya deja lecciones claras para los Juegos Olímpicos de Invierno Alpes Franceses 2030, llamados a recoger el testigo en un contexto igualmente desafiante.
Para la presidenta del COI, Kirsty Coventry, que vivió en Italia sus primeros Juegos al mando del organismo, Milano-Cortina “superó todas las expectativas”. Organizar competencias en sedes repartidas sobre más de 22.000 km² parecía una apuesta arriesgada, pero terminó validando una nueva forma de concebir los Juegos: más austera, reutilizando escenarios existentes y reduciendo el impacto ambiental. “La sostenibilidad dejó de ser un eslogan para convertirse en práctica”, deslizó Coventry, convencida de que esta edición inaugura “una nueva generación de Juegos de Invierno”.
El clima olímpico, una deuda pendiente
No todo fue brillo. Desde la mirada de los atletas, la experiencia tuvo matices. El francés Clément Noël confesó
no haber sentido la magnitud ceremonial del evento, mientras que el suizo Marco Odermatt comparó el ambiente con una fecha más de Copa del Mundo. Incluso la italiana
Sofia Goggia apuntó que en algunos escenarios hubo menos público que en competiciones habituales.
La dispersión geográfica, eficaz desde lo logístico, diluyó en ciertos puntos la sensación de pertenecer a un mismo gran acontecimiento. Un aspecto que, según Oudéa-Castéra, deberá ajustarse para que todos los deportistas se sientan verdaderamente parte de la fiesta olímpica.
Distancias, transporte y voluntariado
El traslado constante entre sedes fue otro de los grandes desafíos. Los organizadores franceses ya analizan cómo adaptar ese esquema en 2030, especialmente en áreas sensibles como el control antidopaje. Jérémy Roubin, secretario general de la Agencia Francesa Antidopaje, reconoció que trasladar muestras a cientos de kilómetros
obligará a repensar procedimientos. También los voluntarios dejaron su mensaje: mayor previsión.
Muchos recibieron sus cronogramas apenas semanas antes del inicio, una complicación extra para conseguir alojamiento en plena temporada alta.Milano-Cortina cerró así una edición que combinó audacia e innovación, con aciertos evidentes y áreas por pulir. Para los Alpes Franceses, el mensaje es claro: el camino está trazado, pero el desafío será perfeccionarlo sin perder el alma olímpica.
Cifras, hazañas y postales para la historia
Los Juegos Olímpicos de Invierno Milano-Cortina 2026 dejaron mucho más que medallas: regalaron récords imposibles, estrenos soñados y capítulos inéditos en la memoria olímpica. Estas son algunas de las curiosidades que marcaron la edición italiana:
Klaebo, el rey absoluto de la nieve

El noruego Johannes Høsflot Klæbo firmó una actuación que ya pertenece a la leyenda. Ganó las seis pruebas que disputó —skiatlón, esprint, 10 km, relevo 4x7,5 km, esprint por equipos y los 50 km— y elevó su cosecha olímpica a 11 oros. Con este pleno superó la marca de cinco títulos en unos mismos Juegos que ostentaba Eric Heiden desde Lake Placid 1980 y se convirtió en el atleta invernal más laureado de todos los tiempos, solo por detrás en el historial olímpico general del mítico Michael Phelps (23 oros).
El debut que hizo historia
El esquí de montaña vivió su estreno olímpico y se transformó en una de las grandes novedades del programa. La disciplina coronó al español Oriol Cardona, quien
conquistó el oro —el segundo en la historia invernal de España tras Paquito Fernández Ochoa en 1972—. Su compatriota Ana Alonso sumó un bronce y ambos completaron la fiesta con otro podio en el relevo mixto.
En total, ocho pruebas debutaron en Milán-Cortina, ampliando el mapa competitivo y confirmando la apuesta por disciplinas emergentes.
Números que hablan
Participaron 2.880 atletas, distribuidos en 8 deportes, 16 disciplinas y 116 pruebas con medalla. De los 92 Comités Olímpicos presentes (más los Atletas Neutrales Individuales), 29 lograron subir al podio.
El medallero volvió a teñirse de rojo, azul y blanco: Noruega lideró con 41 preseas (18 oros), seguida por Estados Unidos (33), mientras Países Bajos e Italia completaron los puestos de honor.
Récords y primeras veces
Se batieron nueve récords olímpicos y uno mundial: el de la neerlandesa Xandra Velzeboer, quien detuvo el cronómetro en 41.39 segundos en los 500 metros de patinaje de velocidad en pista corta.
El primer oro de los Juegos fue para Suiza, gracias al descenso magistral de Franjo von Allmen en esquí alpino.
El último, en cambio, tuvo guion de película: Estados Unidos venció a Canadá en tiempo extra en el hockey sobre hielo masculino, rompiendo una sequía de 46 años desde Lake Placid 1980.
Nuevas banderas en el podio
Milano-Cortina también amplió el mapa olímpico. Brasil celebró su primera medalla invernal gracias al esquiador Lucas Pinheiro Braathen, oro en el eslalon gigante. Y Georgia escribió su propia página histórica con la plata en parejas de Anastasiia Metelkina y Luka Berulava.
Milano-Cortina 2026 fue, en definitiva, una edición de contrastes: tradición y modernidad, récords y estrenos, viejos campeones y nuevas naciones en el podio. Una cita que ya ocupa un lugar privilegiado en la gran crónica blanca del olimpismo.