Los recuerdos valen más que los logros

Producción para revista por día del padre
Joaquín disfruta de los paseos en bicicleta con su padre Helce Melgarejo.Gustavo Machado

Hay diseños que nacen sobre una hoja en blanco, otros que toman forma en un taller o dentro de una empresa. Pero existen creaciones mucho más profundas, aquellas que se construyen día a día con paciencia, dedicación y amor.

Para Helce Melgarejo (40), diseñador industrial, emprendedor, docente universitario y fundador de Forma, la obra más importante de su vida lleva el nombre de Joaquín (2).

Su trabajo gira en torno al diseño de productos, la innovación y el acompañamiento a empresas en procesos de desarrollo y mejora. Sin embargo, lejos de los proyectos, las reuniones y los desafíos profesionales, hay un espacio que ocupa el centro de su vida: su familia.

“Me gustan los paseos en bicicleta, las actividades al aire libre y los momentos simples en familia. Creo que tanto en mi trabajo como en la paternidad hay algo en común: la curiosidad, el aprendizaje constante y las ganas de construir algo que deje una huella positiva en las personas”, expresa.

El desafío de aprender a detenerse

Trabajar de manera independiente ofrece una libertad que muchos anhelan, pero también plantea desafíos silenciosos.

Helce conoce bien esa realidad. “Tiene sus ventajas porque puedo organizar mis horarios, pero también tiene su lado complicado. Muchas veces la gente piensa que al trabajar por cuenta propia uno tiene más tiempo libre, pero en realidad el trabajo te acompaña todo el día. Siempre hay algo pendiente, una idea nueva, un cliente que responder o una decisión que tomar”, asegura.

Producción para revista por día del padre
Helce Melgarejo es diseñador industrial, emprendedor, docente universitario, fundador de Forma y padre de Joaquín.

En medio de esa dinámica constante apareció Joaquín, transformando por completo su manera de mirar el tiempo.

“Tengo un hijo de dos años y es una etapa increíble, porque absorbe todo como una esponja. Aprende mirando, escuchando e imitando. Eso hizo darme cuenta de que no alcanza con estar cerca, hay que estar presente de verdad”, revela.

Esa comprensión marcó un antes y un después en su vida. “Uno de mis mayores desafíos fue aprender a poner límites al trabajo. Antes era muy fácil seguir trabajando una hora más, después otra más, pero hoy trato de reservar tiempo para la familia porque sé que estos momentos no vuelven”, declara.

Recuerdos que se construyen sobre dos ruedas

Para Helce, la familia se fortalece en las experiencias compartidas. Junto a Silvana, su esposa y mamá de Joaquín, procuran generar espacios donde el encuentro sea protagonista.

“Con Silvana siempre buscamos generar espacios para compartir juntos en familia. Nos gusta salir a ferias, ir a plazas, recorrer parques o simplemente aprovechar el fin de semana para hacer alguna actividad los tres”, comenta.

Pero también valora los momentos exclusivos entre padre e hijo, esos instantes que fortalecen vínculos únicos.

foto día del padre.
Padre e hijo comparten varios paseos al aire libre en bicicleta.

“Por otro lado, trato de tener mis propios espacios con Joaquín. Desde que tenía ocho meses salimos a pasear en bicicleta. Tiene una sillita adaptada a mi bici y le encanta. Después tuvo su bicicleta de equilibrio y ahora empezó BMX en el Comité Olímpico”, manifiesta orgulloso.

Cada paseo representa mucho más que una actividad recreativa. “Son actividades simples, pero son recuerdos que vamos construyendo juntos”, añade.

La familia, además, se extiende más allá del núcleo más cercano. “Tratamos de que comparta tiempo con sus abuelos, porque creemos que esa presencia familiar es muy importante”, indica.

Un padre diferente para nuevos tiempos

Al reflexionar sobre cómo ha cambiado la paternidad, Helce reconoce la enorme transformación que se ha producido entre generaciones.

Creo que cambió bastante. En mi experiencia, los padres de generaciones anteriores estaban muy concentrados en trabajar y en asegurar oportunidades para sus hijos. Era otra época y otras necesidades”, opina.

En su caso, la figura de su padre dejó enseñanzas profundas. “Mi papá, por ejemplo, siempre me habló de la importancia de estudiar, capacitarme y prepararme. Me decía que la educación me iba a abrir puertas, y además me dio algo que valoro muchísimo: libertad para elegir mi propio camino. Siempre me apoyó en lo que decidí hacer”, rescata.

Producción para revista por día del padre
La llegada de Joaquín, le dio una nueva perspectiva de vida a Helce Melgarejo.

Hoy busca transmitir esos mismos valores, aunque desde una participación mucho más activa en la crianza. “Además de esa responsabilidad de proveer, los padres también buscamos involucrarnos más en la crianza. Leemos, nos informamos, hablamos sobre educación, sobre desarrollo infantil, sobre cómo acompañar mejor a nuestros hijos”, refiere.

Como docente universitario, el aprendizaje es parte de su vida cotidiana. “Me interesa mucho la neuroeducación, entender cómo aprenden las personas. Pero después aprendí que no todo está en los libros. Uno lee sobre Montessori, indicadores de desarrollo y un montón de cosas, pero al final cada familia encuentra su manera. Nosotros tratamos de aprender, adaptarnos y hacer lo mejor posible en cada etapa”, argumenta.

Y resume la nueva figura paterna con una definición sencilla, pero poderosa. “Creo que hoy el padre no es solamente quien lleva el sustento a la casa También es alguien que acompaña, escucha, juega, contiene y participa activamente de la vida de sus hijos”, agrega.

La fuerza invisible de la presencia emocional

Para Helce, uno de los mayores regalos que puede ofrecer un padre es su disponibilidad emocional.

“Para mí es fundamental. Los chicos aprenden muchísimo de lo que uno hace y no solamente de lo que uno dice”, y esa presencia va mucho más allá de compartir un mismo espacio físico.

“La presencia emocional tiene que ver con estar disponible, escuchar, acompañar y generar confianza. Que tu hijo sepa que puede acercarse a vos cuando está contento, cuando tiene miedo o cuando algo no le sale bien”, aconseja.

Antes de convertirse en padre, Helce confiesa que sentía respeto y hasta cierto temor por la enorme responsabilidad que se avecinaba. “Incluso, algo de miedo, por toda la responsabilidad que implica. Sabía que iba a ser un gran desafío y que mi vida iba a cambiar por completo”, confiesa.

foto día del padre.
Helce Melgarejo y su pequeño hijo Joaquín suman recuerdos para toda la vida.

Y así fue. Pero también descubrió una experiencia profundamente transformadora. “Aunque tiene momentos difíciles y muchas cosas que uno aprende sobre la marcha, es una experiencia muy gratificante. En nuestro caso, lo hemos vivido de una manera bastante natural, acompañándonos mucho con su mamá y aprendiendo juntos en cada etapa”, señala.

El nacimiento de Joaquín coincidió con otro momento trascendental de su vida. “Él nació en Barcelona mientras yo estaba cursando una maestría, así que coincidieron muchos cambios importantes al mismo tiempo”, refiere.

Al mirar hacia atrás, encuentra una lección que hoy guía sus días. “Creo que uno de los mayores aprendizajes fue aprender a parar. Entender que siempre va a haber algo pendiente en el trabajo, algún proyecto más o algún objetivo más por alcanzar, pero que hay momentos con los hijos que pasan una sola vez”, dice.

Por eso, ahora elige vivir con otra intensidad. “Hoy trato de disfrutar mucho más del presente. Un paseo en bicicleta, una tarde en familia o simplemente verlo descubrir algo nuevo tienen un valor que antes probablemente no dimensionaba”, afirma.

Y quizás allí resida el verdadero significado de la paternidad. No en las grandes hazañas ni en los logros extraordinarios, sino en la capacidad de detenerse para observar cómo un hijo crece, aprende y sonríe. En comprender que el tiempo compartido es irremplazable y que los recuerdos más valiosos suelen construirse en los momentos más simples.

/más info/ @helce