Arnaldo Galeano, el pájaro loco

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Arnaldo Galeano no tiene herencia familiar en el arte de elaborar juguetes con restos de madera. Es una habilidad que adquirió a los 11 años y su maestra fue la ilusión de contar con un regalo de los Reyes Magos.

No hay dudas de que los juguetes de Arnaldo Galeano llaman la atención de quienes conocen su habilidad. En medio de sus responsabilidades, como guardia de seguridad en un barrio cerrado, da rienda suelta a su creatividad.

Sus “herramientas” son viejos y gastados cuchillos, que se encarga de afilar cada vez que va a dar forma a algún juguete; un serrucho y un fragmento de alambre. Dice que su mejor maestra fue la ilusión de contar con un regalo de los Reyes Magos. Pero ¡claro que se necesita más que eso! La habilidad, el talento y la constancia son ingredientes esenciales para sobresalir. “Nunca tuve un regalo de los Reyes Magos, demasiado quería, y con un pedazo de madera me hice un camioncito”, dice tímidamente.

Sus materiales siempre fueron trozos de madera encontrados “por ahí”. Se prometió a sí mismo no dañar el medioambiente ni cortar rama alguna ni talar un árbol para elaborar juguetes. “Mis amigos me traen cajas de manzana, bambú, pino, palillos de dientes o los pedazos de madera que encuentran en la calle. Ellos saben que me pueden servir y me acercan”, comenta.

En su cuenta de Facebook Arnaldo Pájaro Loco Galeano muestra detalladamente todo el proceso y promociona su trabajo recibiendo comentarios relacionados a sus obras. Hasta tiene una fanpage: Pájaro loco madera arte. “Con mi cuchillo de cocina y una sierrita hago mis juguetes; mis herramientas son rústicas. Los modelos saco de mi cabeza o me envían fotos de lo que quieren, pero siempre le doy mi toque personal. No hago tallado religioso; tengo mi estilo”, afirma orgulloso.

“De mi cabeza nomás”

Las ventas son importantes, pero más le interesa explicar que sus trabajos son únicos y está feliz con la producción que realiza en su improvisado taller. “Cada trabajo lleva su proceso, porque hago en el poco tiempo libre que tengo o en mis días de descanso en casa. Le dedico media hora porque no puedo descuidar mi trabajo”, revela.

Los detalles de las pinturas también son de su inspiración. “Adapto las formas, los colores y todo de mi cabeza nomás”.

Tiene fresca en su memoria esos primeros juguetes que realizó porque “demasiado quería” un regalo de los Reyes Magos. “La ilusión y necesidad me llevaron a hacer mi primer camioncito. Después vinieron otros y otros, perfeccionando cada año, hasta que decidí hacer otros modelos y me está yendo bien”, dice al tiempo que nos muestra su habilidad.

Cuenta que en su niñez ya hizo un pacto con la naturaleza. “Siempre dije que no destruiría ningún árbol, que iba a cuidar la naturaleza y conservar el niño que hay dentro de mí. Ya pasaron muchos años, sigo siendo niño y nunca corté un árbol”.

El sobrenombre también proviene de su infancia. “Cuando mis amigos vieron lo que hacía con la madera, me apodaron Pájaro Loco y ya me quedé así”, cuenta.

Arnaldo se queja porque se va perdiendo la cultura de comprar artículos de madera hechos por manos paraguayas. “Son trabajos lindos, llevan su tiempo y hay que valorar”. En Facebook ofrece obras para decoración y juguetes desde G. 100.000 en adelante, que solamente sus manos moldean.

Entre ellos se destacan las mariposas, sillas en miniatura, fuentes de agua, sirenas, insectos, figuras humanas. Todo lo que se pueda imaginar convierte en obra de arte. Y lo que es mejor: sus productos ya van siendo reconocidos. “Quiero vivir de esto; ojalá pueda algún día realizar ese sueño. Ya estoy vendiendo bastante bien, pero quiero dedicarme solo a esto; me gusta mi oficio”, admite.

Esperamos que los Reyes Magos realicen la magia de ser reconocido y valorado, por su creatividad, talento y perseverancia.

Arnaldo está casado y tiene hijos. Su origen es humilde y fue atravesando un camino de esfuerzo y voluntad. Enfrentó circunstancias económicas difíciles que va superando con sueños y dedicación. “En mi casa no sobraba para los juguetes y, a veces, ni para la comida, pero descubrí una habilidad siendo niño y me gusta. Nadie me enseñó, fui aprendiendo solo nomás. Todo sale de mi cabeza y cada día se me ocurre algo nuevo, sin dañar la naturaleza; todo hago de restos de madera”, insiste.

Recrea, diseña e incorpora nuevas formas de creación para seguir mejorando la calidad de sus obras. Quiere lograr más variedad y color para enriquecer sus propuestas. Lejos de tomar el hecho de ser pobre como una limitación en su vida, lo consideró un desafío y, a partir de esa situación adversa, se esforzó y está logrando emerger. Un ejemplo.

ndure@abc.com.py