Con buena espuma

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Consumo. Las hay rubias, negras, rojas y turbias. Con sabores frutales y otras más exóticas, hechas con ingredientes poco ortodoxos, como la madera o la carne. Sin lugar a dudas, la cerveza es una de las bebidas más consumidas alrededor del mundo.

Son diversas las historias que se tejen en torno a la aparición de la cerveza, pero el dato más extendido establece su origen en los antiguos pueblos elamitas, egipcios y sumerios, ya que la receta más antigua de la que se tiene conocimiento es justamente egipcia y data del siglo III a.C., época en la que los egipcios elaboraban cerveza utilizando como materia prima unos panes de cebada poco cocidos que se dejaban en el agua hasta lograr la fermentación. Mientras, en Oriente, el arroz y el bambú empezaban a ser empleados como ingredientes base para lograr la bebida.

Pero es recién en la Europa del siglo XIII cuando la cerveza empieza a popularizarse bajo la forma en la cual la conocemos en la actualidad, con su aroma y consistencia características, siempre de acuerdo a los ingredientes utilizados. A finales del mismo siglo, la cerveza empieza a producirse industrialmente sin gozar de una importancia abrumadora, hasta mediados del siglo XIX, cuando emergen como principales productores Alemania y Gran Bretaña.

Cuestión de identidad

Tanta es la relevancia de la cerveza en ciertas culturas que ha llegado inclusive a convertirse en un indicador más de la identidad nacional. Claro ejemplo de ello es la República Checa, país que ocupa el primer puesto en cuanto ranking de consumo de cerveza mundial se publique. El promedio del consumo de cerveza del año 2010 alcanzó 134 litros por cabeza, lo que ubica a los checos en el primer lugar delante de los segundos, los irlandeses.

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La cerveza es considerada uno de los símbolos checos y, desde el año 2008, la denominación “la cerveza checa” es protegida como un nombre geográfico. La producción total de la cerveza de la República Checa, que genera casi 20 millones de hectolitros de cerveza al año, ocupa el 15.º lugar en el mundo (lidera EE. UU., delante de China y Alemania).

Así también, esta bebida espumante es considerada un importante artículo de exportación de la República Checa, llegando a superar anualmente los más de dos millones de hectolitros importados. Aproximadamente un 40 % de las exportaciones se dirige hacia Alemania; siguen las exportaciones a Eslovaquia, Suecia, Inglaterra y Rusia.

Variedad de estilos

Alberto Simón, maestro cervecero de Cervepar, afirma que existen miles de marcas de cerveza en todo el mundo y las cervecerías de diferentes regiones evolucionaron a través del tiempo para que el perfil de sus cervezas se adapte al gusto de sus consumidores. En este sentido, se han desarrollado decenas de estilos de cerveza que, por consenso, fueron agrupadas según determinadas características de calidad para que sean más fácilmente identificadas y apreciadas por los fabricantes y consumidores.

“Las características más obvias fueron las que se podían medir en un laboratorio, ya sea color, grado alcohólico, amargor, extracto primitivo y otros. Un estilo de cerveza podría casi ser definido por estos atributos; sin embargo, por encima de los mismos se encuentran los atributos más subjetivos medidos en general por un panel de expertos degustadores y a través de encuestas dirigidas a los consumidores como el aroma, sabor, textura, palatabilidad. Estos atributos, sumados a la combinación de sus ingredientes, pueden determinar el estilo de una cerveza”, afirma Simón.

De acuerdo al experto, teniendo como punto de partida las diferentes regiones de Europa, se puede hablar de estilos bien diferenciados y muy reconocidos alrededor del mundo. Entre ellos se encuentran, en primer lugar, las cervezas de estilo británico (Mild, Bitter, Ale, Pale Ale, Brown Ale, Old Ale, Scotch Ale, Irland Ale, Porter y Stout). Las de estilo belga (Ale Tostada, Ale Roja, Ale Dorada,y Trapense) y, finalmente, las de estilo alemán (Altbier y Kolsch).

En cuanto a los países sudamericanos se refiere, las cervezas Lager o de fermentación baja son las preferidas de los consumidores. Entre ellas se encuentra la Pilsen o Pilsener, originaria de la ciudad de Pilzen, República Checa, caracterizada por un color pálido, de alcohol moderado (4 a 5,5 % v/v) con un buen carácter de malta y un aroma de lúpulo muy característico. Luego están las Lager pálidas de Baviera, muy parecidas a la Pilsen, pero con más cuerpo y ligeramente más oscuras, con similar contenido de alcohol. La cerveza Dortmund, originaria de la ciudad de Alemania del mismo nombre, presenta un color dorado, con más cuerpo que la Pilsen y algo más seca al sorbo.

Más atrás se encuentra una variedad no tan popular como la Pilsener, pero muy valorada por paladares más exigentes, la cerveza Marzen, de color cobrizo con mucho más cuerpo y aroma a tostado. Y, finalmente, no se puede olvidar a la Bock, una clásica cerveza Lager fuerte. Puede ser oscura o clara, pero siempre tiene mucho cuerpo y alta graduación alcohólica, hasta 6,5 %.

Paraguayos y cerveceros

A menudo surge la interrogante con respecto al hábito de consumo de cerveza de los paraguayos y a qué tipo de cerveza recurren los cerveceros en el mercado local. “El consumidor paraguayo va encontrando cada vez más ocasiones de consumo, tanto en el campo como en la ciudad, al salir de la oficina o comercio, al terminar sus tareas diarias en el campo, después del deporte cotidiano, acompañando las comidas, en una reunión informal con los amigos, en las salidas nocturnas o en un acontecimiento familiar. Siempre una cerveza es un buen motivo para celebrar y lo importante es beber con responsabilidad”, acota Simón sobre los hábitos de consumo que se observan en el país.

“En términos generales, los paraguayos vamos migrando, de la mano con el clima caluroso durante la mayor parte del año, hacia el consumo de cervezas de alta refrescancia en relación con otros países de la región. Tanto hombres como mujeres de nuestro país denotan una clara preferencia hacia las cervezas suaves, con moderado contenido de alcohol, de color pálido y ligero amargor”.

Ante todo, Simón señala que lo importante es que el consumidor encuentre el tipo de cerveza que se ajuste a sus preferencias y a la ocasión. “Para distinguir una buena cerveza, se debe partir desde el vaso; una buena cerveza filtrada debe presentar un aspecto brillante, una espuma cremosa y estable, un fino acabado y un aroma agradable y característico a malta, lúpulo o frutas, según el estilo de cada una”, explica Simón.

Sobre gustos, nada escrito

Cerveza de leche: es obra de la cervecería Abashiri, de Japón. Se llama Bilky y se hace agregando levadura de cerveza y lúpulo a la leche, manteniendo la mezcla a una temperatura inferior al punto de ebullición.

Cerveza de carne: se llama Kwispelbier, es un invento holandés, no tiene alcohol y lo más raro no es que tenga sabor a carne, sino que sea una cerveza para perros. También es apta para el consumo humano.

Cerveza de tomate: una innovación de Budweiser para conquistar al público latino, que se hace con clamato, un mix de jugo de tomates y de almejas muy popular en la comunidad mexicana de Estados Unidos. Es como un Bloody Mary, pero con espuma y menor graduación alcohólica.

Cerveza de banana: otra versión extraña de la cervecería Charles Wells del Reino Unido. Se elabora con jugo fermentado de sorgo y bananas, y tiene un 5,2 % de graduación alcohólica.

david.messina@abc.com.py