Emblemático Asilo Nacional

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El emblemático Asilo Nacional, hoy convertido en Hospital Neurosiquiátrico, Colegio Nacional y Hogar de Ancianas “Nuestra Señora de la Asunción”, celebra más de 100 años de inauguración. ABC Revista recorrió el edificio, declarado patrimonio cultural.

Las versiones históricas indican que el edificio fue construido en bloques, en tierras que pertenecieron a un hombre de elevada posición económica, don Juan Reyes, quien recogió el apellido y la fortuna del gobernador español Diego de los Reyes, a quien le cupo la administración de la Provincia del Paraguay desde el año 1717 hasta mediados de 1721.

Es así, cuenta la doctora en Historia Ana María Argüello, que las tierras pasaron a pertenecer a don Juan Reyes, quien estableció su casa quinta en lo que luego sería la sede del Asilo Nacional. Se sabe que este señor viajó a la Argentina y ya no regresó al país.

Rafael Eladio Velázquez menciona en su libro que el maestro Juan Pedro Escalada, de nacionalidad argentina, vivió en el barrio San Roque de Santa Cruz y en su domicilio habilitó una escuela privada. Durante el gobierno de Carlos A. López el maestro Escalada habilitó una escuela privada en el actual Asilo Nacional, donde recibía en pupilaje a niños de familias acomodadas para ser educados. La formación de sus alumnos era la más completa de ese tiempo y fueron los únicos que pudieron seguir satisfactoriamente el curso de matemáticas con el francés Pedro Dupuy.

La Dra. Ana María Argüello cuenta también que luego de la Guerra de la Triple Alianza, al notarse la gran necesidad y pobreza del país, surgen sociedades de beneficencia y caridad que guardan estrecha relación con el arribo de las Hermanas de la Caridad al Paraguay.

Al finalizar la Guerra de la Triple Alianza, luego de cinco años de grandes penurias, el Paraguay tuvo consecuencias devastadoras en cuanto a lo demográfico, político, social y económico. Según estudios de censos de esa época, se calcula que sobrevivió apenas el 25% de la población.

Las hermanas Hijas de la Caridad inician su labor en el Hospital Potrero, donde atienden enfermos y a su vez educan a niños insolventes. Más tarde se trasladan a la quinta del Mburicaó o Asilo Nacional, donde inauguran el pabellón de varones con el nombre “Orfanatorio Nuestra Señora de la Asunción”, bajo la administración y dirección de las damas de la Sociedad de Beneficencia y Caridad presidida por la señora María V. de García; albergaban en la sede a niños y ancianas. “Era todo un lujo para la época. Contaban con personal médico, un capellán, tres hermanas vicentinas, una lavandera, un asistente y tres peones. Gracias a las imágenes tomadas en ese tiempo se pueden apreciar las condiciones del Orfanatorio”, cuenta la doctora Argüello.

Agrega que las Hermanas llevaban un modo de vida especial que requería el levantamiento de un edificio principal para ser adaptado a sus necesidades y a los consejos o reglas de la congregación, compaginando la austeridad y búsqueda de la espiritualidad. “El progresivo trabajo que ellas llevaban a cabo hizo que no tardara en inaugurarse el edificio y el día fue el 30 de agosto de 1898, teniendo como padrino al general Juan B. Egusquiza, presidente de la República, y su señora doña Casiana de Egusquiza”, relata nuestra entrevistada recurriendo al libro de su misma autoría titulado Imágenes inéditas, Asilo Nacional Año 1898.

Ese mismo año de apertura se acuñó una medalla de oro conmemorativa cuya imagen también puede apreciarse en estas páginas. Volviendo a las labores y servicios de las Hermanas conjuntamente con las Damas de Beneficencia, la doctora en historia revela que el primer contrato data del mes de agosto del año 1892, mientras que el segundo contrato tiene fecha el 2 de junio de 1915, año en que el Hogar Nacional es rentado por el Estado, con lo que empezó a depender presupuestariamente del Ministerio de Salud Pública y Bienestar Social. La doctora Argüello menciona un tercer contrato del año 1925, firmado por el presidente José P. Montero, por Bettemberg y sor Boutleux. “Según registros, en el año 1903, el asilo albergó a 78 mendigos, 105 huérfanos y 68 enfermos dementes. Para ordenar un poco más y movida por la caridad, al año siguiente la señora Valentina Nogués de Nogués donó una casaquinta sobre la calle Sacramento para el traslado de los ancianos y mendigos, quedando el Asilo únicamente para los niños, niñas y ancianas y en compañía de las Hermanas Vicentinas, claro. Luego, en 1955, mediante la gestión de sor Matilde Boggino, se creó la escuela primaria para los niños internos y se llamó Escuela Normal N° 3 Nuestra Señora de la Asunción, bajo la dirección de la señorita María Elena Latourrette; más adelante se proyectan a la construcción de un Colegio Nacional y un Instituto de Formación Docente, siempre bajo el mismo nombre”, expresa Argüello.

La magnificencia del edificio hace que el 14 de diciembre del 2007 la Secretaría Nacional de Cultura, por Resolución N° 29/2007, lo declare Bien Cultural de la República. Con justa razón. En él, actualmente funciona el Colegio Nacional de Enseñanza Media Diversificada “Nuestra Señora de la Asunción”.

Recorrer la estructura es apreciar grandes espacios, con corredores, pilares, pisos italianos, molduras y otros detalles que muestran la magnificencia de antaño. Pero hoy, los estragos del paso del tiempo hacen mella y el deterioro salta a la vista. Urge una restauración. La Casa que albergó a niños, niñas, ancianos, ancianos, y que hoy continúa con su labor, pide a gritos una atención. La doctora Ana María Argüello estudió en esta institución y tiene viva en su memoria su infancia, su niñez. Esos sentimientos los transcribió en letras e imágenes en un libro y clama por una urgente mirada que puede devolverla a su antiguo esplendor, a 115 años de su inauguración.

ndure@abc.com.py