AVATARES CHAQUEÑOS
Uno de los principales propulsores de la construcción de la ruta Transchaco fue el ganadero Robert Eaton, pues su experiencia como hacendado de la región chaqueña le hizo ver la extrema necesidad de contar con una vía de fácil acceso a los principales mercados.
Dicho personaje, en un “Mensaje a los ganaderos del Chaco”, relató que para llegar desde su establecimiento hasta Asunción le llevaba entre 20 y 30 días –si no más–, haciendo 16 h de viaje por día. “Un viaje –en carreta, cuenta– que debe durar días lleva semana, y uno de semanas, meses”. Los bueyes quedan inutilizados después de uno o dos viajes si es que no se contagian de aftosa.
En cuanto a las tropas de ganado vacuno –en un viaje desde el confín del Chaco– cada animal al llegar a Asunción perdía entre 25 y 30 kg si no se moría por el trayecto.
Cuenta Eaton que, en una ocasión, cruzando un río crecido, perdió “19 novillos debido a que una palma que venía flotando asustó a los novillos, que se volvieron contra el resto de la manada, ocasionando el ahogo de varios”.
En otra ocasión, “una tropa de 700 cabezas no pudo cruzar el Monte Lindo. Tuvo que volver y abandonar toda tentativa después de 12 días de viaje. Otra tropa de 800 cabezas forzó el paso del Monte Lindo, con una pérdida de 200 animales”. Además de la pérdida de animales, era frecuente la muerte de peones que se ahogaban tratando de cruzar los ríos crecidos. La ruta, por tanto, fue lo mejor que les pudo haber sucedido.
CURIOSIDADES
Recorriendo el país, uno se encuentra con cada curiosidad. Por ejemplo, los panteones y cruces adornados con motivos masónicos del cementerio de Concepción. Uno de ellos guarda en su interior los restos de un miembro de la logia masónica concepcionera, llamado Francisco Wullner, fallecido el 5 de junio de 1905.
La logia masónica de Concepción se llamó Perfecta Armonía y tuvo como uno de sus connotados miembros al mariscal José Félix Estigarribia. Se extinguió luego de una tenaz persecución eclesial. Algunos objetos pasaron en poder de la diócesis de Concepción, como el curioso escritorio adornado con símbolos masónicos que es utilizado en la oficina del obispo en el palacio episcopal.
“LOOK” INDÍGENA
Una descripción hecha por Olaf Storm, un explorador que estuvo en el Chaco a finales del siglo XIX, dice que la mayoría de los indígenas chaqueños, “con excepción de los chiriguanos”, son todos nómadas y viven, principalmente, de la caza y recolección.
Sus viviendas son miserables chozas construidas por las mujeres. Están hechas de ramas y pajas. En el interior hay una fogata encendida día y noche; además de servir para cocinar, en el verano protege de los mosquitos y, en el invierno, del frío.
Cuenta que el indio “tiene poca barba y se arranca los pelos de esta o los corta. Los dos sexos dejan crecer el cabello en completa libertad, sin arreglarlo en trenzas, y el peinado no es muy frecuente. Los guerreros llevan penachos de plumas en la cabeza, y tanto ellos como las mujeres se adornan con collares y pulseras de cuentas de vidrio, conchas, plumas, y dientes de animales y pescados. Estos ornamentos de plumas los saben hacer con bastante gusto, de diferentes colores”. Dice que son muy buenos nadadores y se tatúan para sus campañas guerreras o sus festividades importantes.
JUEGO AUTÓCTONO
Un deporte que muchos pueblos indígenas americanos practicaban hasta mucho tiempo después de la conquista europea se llamó chueca, que era muy parecido al juego del hockey, para lo cual utilizaban una pelotita de mangaisy o caucho y un palo con uno de los extremos encorvados.
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