Un postre tradicional
Un muy apreciado postre de los tiempos de las abuelas es el kosereva, un dulce preparado con naranja agria y miel negra.
Para prepararlo, cuenta doña Raquel Livieres de Artecona, se ralla o se pela muy fina la cáscara de las naranjas; se las corta en dos o se las abre por debajo y se exprime, de modo que suelten el jugo y las semillas; se lava y se las vuelve a exprimir muy bien en varias aguas.
Esta operación se hace varias veces al día para que suelten el amargor. Después de que las frutas hayan estado dos o tres días en agua fría, se coloca el recipiente que las contiene al fuego y, cuando esté por hervir, se lo saca.
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Cuando el agua esté fría, se exprimen las naranjas, se las pasa en otra agua para volver a poner al fuego. Se repite esta operación hasta que las frutas suelten todo su amargor.
Una vez listas, por cada dos docenas de frutas se les agregan tres litros de miel, un kilo de azúcar y un poco de agua, y se hierve hasta que las frutas estén pasadas de este almíbar. Se le añadirá agua hervida, toda la que sea necesaria.
El primer libanés
Nos cuenta don Julio Sotelo en un interesante libro sobre la ciudad de Encarnación, que los primeros libaneses que se radicaron en dicha ciudad fueron los miembros de la familia Yunis.
Aquellos libaneses llegaron a Encarnación en 1883 y fueron los hermanos Abraham, Miguel, Salomón y Merica.
Se dedicaron al comercio; don Abraham se destacó como propietario de una ferretería, tienda y almacén, que pronto ganó notoriedad en la ciudad sureña. Se dedicó a la importación de productos desde Buenos Aires y Montevideo, así como a la exportación, a esos mismos destinos, de numerosos rubros. Don Abraham fue pionero en muchos aspectos en Encarnación, por ejemplo: fue el primer importador de un automóvil que circuló por las calles encarnacenas; importó también un importante piano y uno de los primeros receptores de radio de la ciudad. Murió en Encarnación, el 25 de marzo de 1946.
Pariente
El primer Verón llegado al Paraguay fue don Nicolás Verón, vecino de la ciudad de Brujas (Bélgica). Nació hacia 1514 y fue testigo documental de la fundación de Asunción. Asimismo testificó en el requerimiento de los oficiales reales, pidiendo los procesos mandados hacer por el adelantado Álvar Núñez Cabeza de Vaca, en 1543.
También fue testigo de auto en la información de los oficiales reales contra el adelantado, en 1544.
Fue citado por la justicia, cuenta don Ricardo de Lafuente Machaín, por haberse ausentado sin autorización de la ciudad, juntamente con otros conquistadores.
Años después, fue asistente a la elección del capitán Domingo Martínez de Yrala, para teniente de gobernador de la provincia, realizada en el puerto de San Fernando, en 1549.
Participó de numerosas entradas a diversos puntos del país, entre ellos a la comarca de los xarayes y en las expediciones de Nufrio de Chávez. Un detalle: escribía, algo destacable en la época.
Fundación de Buenos Aires
En marzo de 1580, salió de Asunción la expedición dirigida por don Juan de Garay para fundar la ciudad de Buenos Aires. Esta fundación se hizo según los protocolos y costumbres de la época; Garay echó mano a espada, cortó hierbas y tiró cuchilladas, agregando que, si alguien quería contradecirle, que se presentase. Naturalmente, nadie lo hizo.
Llamó a la nueva población con el nombre de Ciudad de la Trinidad, Puerto de Santa María de Buenos Ayres.
Acompañaron a Garay sesenta y cuatro pobladores: once eran españoles y cincuenta y dos criollos. Entre estos, también estaba una mujer de nombre Ana Díaz.
Conductor del ganado –en número de 500– llevado desde Asunción, fue un caballero que, pocos años después, brillaría con luz propia: Hernando Arias de Saavedra.
Aquella fundación tuvo lugar el 11 de junio de 1580, hace 433 años.
