Hacia una nueva paternidad

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La figura del padre ha experimentado cambios drásticos en el núcleo familiar en las últimas décadas. Actualmente, ese antiguo concepto de paternidad, asociado a una postura autoritaria, es replanteado por las nuevas generaciones sobre la base de un ejercicio racional de la autoridad.

Anteriormente, el concepto de paternidad estaba impuesto desde un modelo autoritario, en el cual el “deber ser” se proyectaba como el obligado a seguir por los integrantes de la familia. Vista como autoridad moral y económica absoluta, la postura inflexible del jefe de familia no hacía más que reforzar la distancia afectiva con los hijos. “Sin embargo, las actuales generaciones de padres intentan replantear el modelo tradicional de la paternidad, en la medida que sus experiencias y formas de concebir la vida puedan dar paso a una sustentada en un ejercicio racional de la autoridad”, refiere Rosario Franco, sicóloga clínica.

Si tenemos en cuenta como variables el ingreso masivo de las mujeres–madres al mercado laboral, los cambios culturales de los roles esperados de los hombres y de las mujeres en la sociedad o el incremento de las separaciones y divorcios, indefectiblemente estos factores afectarán la rutina de una familia “tipo o tradicional”. “Entonces, ese modelo familiar en el cual un señor de traje llegaba a su casa y se sentaba a esperar que su esposa lo atendiera, se verá modificado, puesto que hoy llega y es recibido (o espera a que llegue) por una mujer que también vuelve del trabajo, y a la vez ambos son recibidos con besos y abrazos por sus hijos”.

Esta dinámica familiar o estas variables, que se han ido modificando, implican que hoy los hombres ya no se limitan a descansar cuando llegan a su casa después del trabajo, sino que comparten también responsabilidad y participan activamente en los quehaceres domésticos y en la crianza de los hijos; es decir, los roles se van adaptando a esta nueva realidad. “La educación de los chicos y el cuidado de la casa ya no son exclusivamente roles femeninos. Hoy es común ver a padres que por las mañanas llevan a los chicos a las guarderías o al colegio y luego van a su trabajo, o pasear por la plaza o el shopping con el cochecito del bebé o hacer compras en el súper junto con los chicos”.

La paternidad hoy responde a un nuevo arquetipo de padre, desafiando la noción tradicional de masculinidad. “Emerge como un cambio real, un compromiso de la actitud personal y social de los hombres y las mujeres ante el hasta ahora espacio reconocido como ‘único y exclusivo de la madre ante el nacimiento y educación de cada hijo’. Y esto ha generado que los padres inviertan más tiempo en sus hijos y compartan momentos maravillosos del desarrollo, hechos que las últimas generaciones no conocieron”.

La expresión afectividad-efectiva ―que se utiliza en talleres de padres― refleja la imagen de un padre que exhibe una actitud de cariño hacia sus hijos, sin importar si son varones o mujeres, contraria al estereotipo que la propia paternidad conservadora reforzaba al establecer la distancia afectiva del padre sin perder por ello autoridad. Hay un cambio de actitudes, percepciones y conductas en la práctica familiar en el cual la colaboración en las diferentes actividades del hogar proyecta a los hijos que la unión a una mujer supone un compromiso integral, que incluye la colaboración con la pareja y entre padres e hijos. “Que la convicción respecto a la igualdad de hombres y mujeres se expresa en actos concretos en los cuales participan los dos géneros de igual forma y que no existe en la práctica cotidiana una actividad excluyente de los hombres. Es decir, no es menos hombre por cambiar pañales, ¡es mejor papá!”.

Según la profesional, no existe un intercambio de roles. La función paterna como tal, las reglas y el orden y desde lo primario, aquella figura que interviene en el día a día, que tiene que ver con el corte del vínculo exclusivo entre la madre y el bebé, sigue siendo necesario. Pero se puede dar desde otro lugar, con negociaciones en la pareja, estableciendo qué hace cada uno, con un diálogo permanente. “Esta es la base no solo de las nuevas generaciones de padres, sino también de una nueva maternidad. En ambos casos la no exclusividad de tareas en cuanto y en tanto a la educación de los chicos y el cuidado de la casa dejaron de ser exclusivamente femeninos”.

Asegura que esto no le resta autoridad al padre; al contrario, lo que ahora se intenta es replantear el modelo tradicional de la paternidad, y dar paso a uno sustentado en un ejercicio racional de la autoridad, que genere relaciones familiares más placenteras y libres del peso de normas anticuadas, que promueven una proximidad basada en el afecto y el respeto por los demás, la construcción social de una paternidad afectiva, ya no una paternidad distante.

Aclara que si bien a muchas mujeres les cuesta delegar a sus parejas ciertas tareas de cuidado de los hijos, acaparan todas las funciones y luego se quejan de que los maridos no hacen nada, más allá de las tendencias, estas situaciones no se viven en todas las familias. En muchas, la distribución no es pareja en cuanto a tareas y roles, o, al contrario, delegan en ellos ciertas tareas, pero después los critican o vuelven a hacer lo que ellos ya hicieron, pues consideran que nadie lo hace como ella. “En este sentido, observo que hay mujeres a las que les cuesta dar lugar al hombre–padre, y aceptar el hacer de ellos con sus diferencias, sin entender que estar más cerca, sostener y acompañar desde un lugar de protagonismo hace que el vínculo del padre con el hijo se haga fuerte desde el amor”.

Explica que puede suceder también que, muchas veces, el padre no cumple con la función específicamente paterna y cae en un lugar feminizado o maternizado en el cual deja de tener ese lugar de autoridad bien entendida, porque, a veces, no quiere que su hijo tenga la misma experiencia que él en relación con su propio padre, muy autoritario y distante. “Pero poner límites desde esa ley paterna es poner un marco regulador”.

Resalta que la pareja es un equipo, una sociedad que tira para el mismo lado, dado que los hijos son de ambos y deben acompañarlos en su proceso de crecimiento, en el que el rol de ambos, padre y madre, se conjuga. Mediante acuerdos y diálogo se puede llegar a un sano equilibrio. Si entendemos que la familia constituye la etapa inicial de la socialización, como padres se debería poder llegar a un acuerdo”.

En ese sentido, continúa, tanto la madre como el padre constituyen el soporte de los hijos, acompañándolos y preparándolos para el papel que desempeñarán en la vida adulta. “Si ninguno de ellos quiere ceder, este aprendizaje se verá truncado desde lo emocional, dejando al hijo sin suficientes herramientas para poder afrontar la vida adulta y la tan dura adolescencia”.

 mpalacios@abc.com.py

Fotos ABC Color/Gustavo Báez/Claudio Ocampos.