La resurrección de La Nonna

La Nonna, por supuesto, es italiana. Nació en 1925. Su fecha de defunción es un misterio. Pero la de su resurrección está clarísima: el 29 de setiembre de 2016. Devolverle la vida a esta abuelita de dos ruedas fue un proceso apasionante de investigación, restauración, y búsquedas implacables en persona y en línea. Valió la pena: hoy es una de las bicis más hermosas y amadas que ruedan por las calles asuncenas.

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Con sus llantas blancas, su cuadro del celeste característico de las Bianchi italianas y un plato que combina perfectas formas geométricas en su diseño, la nonagenaria Nonna despierta suspiros y hace girar cabezas al pasar, silenciosa y espléndida, por las calles y avenidas de la muy noble e ilustre Asunción. A veces pisa un charquito de cloaca o tropieza con un bache, pero ella, con su hermosura, hace que pasen desapercibidos. Es como si siempre estuviera rodando sobre una alfombra de flores de tajy, que se despliega a su paso, exclusivamente para ella.

Puede que, como todo inmigrante, tenga su corazón lejos, muy lejos, tal vez en la Viale Abruzzi 16, de su fría Milán natal, donde funcionaban los talleres de la Fabbrica Automobili e Velocipedi Edoardo Bianchi, o quizá al borde de algún precipicio de la costa amalfitana, con el viento a favor del mar Tirreno y las lucecitas de las casas colorinches haciéndole guiños –si alguna vez recorrió esos vértigos–. Eso nunca se sabrá, porque sus reales orígenes permanecen ignotos.

¿Cómo vino a parar al Paraguay?, ¿quién la trajo? Llegó, tal vez, al Río de la Plata entre las posesiones y sueños de uno de los millones de italianos obligados a “hacer la América” a principios del tumultuoso siglo XX. ¿O fue importada con el expreso propósito de que su propietario corriera alguna carrera? Es información que el óxido que la corroyó logró sepultar.

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Hay datos generales fáciles de encontrar: en 1911, Edoardo Bianchi diseñó y puso a prueba en la tercera edición del Giro d’Italia –en la que el equipo Bianchi salió campeón– el Modello M, que incorporó un novedoso sistema de cambio rápido de la rueda trasera, con un piñón fijo y otro libre. Este modelo fue ofrecido al público entre los años 1912 y 1932, en color celeste, con sillines Brooks B17 Champion, cadena Renold, cubiertas Pirelli, ruedas de madera o acero, y un freno delantero con punta de goma que desde 1921 fue reemplazado por dos frenos (delantero y trasero) Bowden Touriste. La Nonna pertenece a este selecto grupo. Su número de serie, el 100.765, encontrado bajo una abyecta capa de pintura acrílica, lo certifica.

Reina de la chatarra

Noventa años después de que unos obreros milaneses le dieran vida, su esplendor había desaparecido. Oxidada, retorcida y despojada de sus accesorios más elegantes –como el sillín Brooks–, su cuadro de hierro con uniones de bronce había sido repintado en rojo. Tenía un stem y guardabarros burdos, indignos de su linaje. Los frenos habían sido sustituidos. Nadie reparaba en ella y fue puesta a la venta como parte de un lote de chatarra en Guarambaré, donde vaya uno a saber cómo fue a parar.

La justicia tarda en llegar, pero llega aunque sea casi un siglo después. La afrenta a la dignidad de semejante belleza tenía fecha de vencimiento: 11 de abril de 2016, día de su primer avistamiento por parte de quienes la devolverían a la vida. Se podría decir que fue descubierta el 12 de ese mismo mes. Tres días después, Sebastián Scavone (44) la compraba con el corazón a borbotones.

“Siempre quise una bici antigua. La vi de pura casualidad en una foto que me había remitido Hugo (Sepúlveda, restaurador de bicicletas) desde el taller de un amigo suyo y fue amor a primera vista. Me encantó su cuadro sobrio de líneas clásicas. Unos días antes había publicado en mi cuenta de Facebook una foto de mi abuelo (Pancho Scavone) con su bici en los años 20 y Hugo me comentó que era una Hércules; entonces, le dije que lo que más quería era conseguir una bici de esa época y, si veía por ahí alguna, me avisara. Sin siquiera sospecharlo, lo hizo cuando me envió aquella foto en la que, en un segundo plano y algo oculta, resaltaba la figura de la que, luego descubrimos, era una Bianchi Modelo M de 1925. Me gustan las cosas antiguas, porque tienen historia, algo que contar”, dice Sebastián.

Ese mismo día de otoño comenzaron los planes, las idas y venidas, que incluyeron foros internacionales especializados y encomiendas a viajeros. La tarea para restablecer el fulgor perdido se presentaba titánica. Había que empezar por lo básico: lijarla para sacarle el óxido (que había atacado también el interior del cuadro), masillarla, cromar algunas de sus partes, y dedicarle mucha paciencia y constancia para ablandar los hierros. Había también que preparar el color celeste, único y característico. Lo más difícil era reemplazar las piezas originales perdidas.

El hacedor de la transformación fue Hugo Sepúlveda, de Go Custom Bicycles. Él cuenta que ya restauró más de una docena de bicis y personalizó unas 50 desde que se embarcó hace tres años en esta tarea, al principio por hobby y con sus propias bicicletas. Resucitar a La Nonna fue un reto. “Fue un proyecto bien desafiante: desde el cuadro en sí –que hubo que recuperar por tener mucho óxido, con partes trabadas dentro– hasta las partes mecánicas. Implicó bastante esfuerzo conseguir las piezas, que fueron traídas desde Italia, y las cajas del pedalier, que tuvimos que traer de Argentina, más algunas adaptaciones, como el inflador y los frenos”, relata.

Las primeras tres grandes compras –y casi se diría que las más fáciles– fueron hechas en Italia por la novia de Sebastián. Eran un sillín Brooks B17 marrón oscuro, igual al que tuvo originalmente la Bianchi M, como atestigua la estructura que aún tenía incrustada y tanto costó sacar; una cinta de piel para manillar (se eligió el color borgoña), y unas tiras para pedales con hebillas, también en marrón oscuro. Todas son de la marca inglesa Brooks England, que desde 1866 fabrica artesanalmente los accesorios para bicicletas más exquisitos.

Conseguir el resto de lo que faltaba ya no fue tan sencillo. Los frenos Bowden Touriste, fabricados en 1925, fueron comprados en una angustiosa subasta en línea y llegaron por correo desde el valle del Chianti. El escudo es una reproducción del original y fue conseguido en Milán. Y el stem, que probablemente data de la mitad del siglo pasado, fue encontrado en Dunakesziz, Hungría. Las llantas de color blanco y las punteras de los pedales también fueron compradas en línea.

El guiño moderno del enchulamiento son las luces danesas magnéticas, minimalistas y de líneas rectas.

Bautismo de sangre

Dos días después de resucitar se lesionó severamente. Resultó ser La Nonna, como buena tana, una vieja testaruda. La historia es así: la restauración estaba lista. Aún no había pisado la calle y ya recibía halagos, y hasta propuestas de compra, gracias a sus fotos en las redes sociales. El restaurador se la llevó al propietario y se la entregó con una advertencia: “Probala despacio porque todavía tenemos que ajustar los frenos”. Pero nada iba a frenar el entusiasmo de Sebastián ni el de La Nonna. Excepto el cordón de una vereda, claro. En el cual se incrustaron luego de que en una pronunciada bajada no atinaran a encontrar otra forma de parar.

Fue un bautismo de sangre. Tres puntos en la frente; raspones en el mentón, el hombro, la rodilla y moretones violáceos. Una rueda hecha un amasijo metálico y raspones en el sillín. Jamás importó. La Nonna volvió al taller; el dueño, al hospital y, tras unos retoques, la una y el otro estaban en las calles de nuevo.

Pasaron cinco meses desde que fue comprada casi como un pedazo de hierro viejo, una chatarra despreciada y, de repente, el milagro de la resurrección había tenido lugar. Quien la viera y quién la ve. La Nonna volvió a estar en pie o en ruedas, o como se diga. La abuelita volvió a rodar para dejar boquiabiertos a todos los jovenzuelos –la mayoría orientales– que la ven pasar. Ella es una señora coqueta, y le gusta que la miren y admiren. Los “¡ohhh!” y “¡qué belleza!” son su combustible. Finge modestia cuando le presentan sus respetos y la llenan de halagos los ciclistas, especialmente esos que montan bicis de aluminio o carbono, con amortiguadores y rebusques de toda laya.

La Nonna es una rotunda exponente de las características del diseño italiano del siglo pasado: simplicidad, funcionalidad y elegancia. Características que sabe combinar con las causas de su resurrección: el fruto del amor apasionado por las bicicletas, el medio de transporte más simple y noble jamás inventado por el hombre.

Como un antílope

Renovada, la biciabuelita más linda de Asunción ha decidido también volver a las lides y se prepara para su primer gran desafío internacional en esta nueva etapa: la carrera más emblemática de bicicletas clásicas, la Eroica, que cada año se organiza en Italia, Inglaterra, España, Estados Unidos, Japón, Bélgica y Sudáfrica, y este diciembre se hará por primera vez en Sudamérica, en Punta del Este.

Allá irá, como escribió el poeta Rafael Alberti en su Balada de la bicicleta con alas, para que cuando gire el sol en sus ruedas veloces de cada uno de sus radios, lluevan chispas y entonces sea como un antílope, un macho cabrío, largo de llamas blancas, o un novillo de fuego que embiste los azules del día.

Modelos: Madelaine Martínez y Martín Mora. Maquillaje y peinado: Javier Alé y Noemí Arguello, ambos para Rommy Femenino Masculino (Shopping Mariscal). Vestuario y zapatos femeninos: Leonor (Brasilia y Libertad). Camisas masculinas: Fauvé Gaubé (Del Maestro c/ Dimas Motta). Agradecimiento especial: Casa de la Literatura “Augusto Roa Bastos”. Producción: Carlos Cañete Villamayor.

ndaporta@abc.com.py

Fotos ABC Color/Silvio Rojas/Gentileza Go Custom.

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