Pintar con la luz

Este artículo tiene 9 años de antigüedad
/pf/resources/images/abc-placeholder.png?d=2422

Morfi Jiménez Mercado tenía ocho años cuando le regalaron una enciclopedia, en cuyas páginas descubrió a los pintores clásicos que marcaron su estilo fotográfico. El resultado es un minucioso uso de luz y color que crean la duda de si se trata de una pintura o fotografía.

El fotógrafo Morfi Jiménez Mercado nació en Lima en 1976. Si bien estudió Comunicación audiovisual, su formación fotográfica es autodidacta. Ganador de numerosos premios, en el 2008 recibió el Hasselblad Masters Award en la categoría retrato. Es uno de los pocos latinoamericanos en haber logrado este galardón y el único peruano.

“De chiquito pintaba y dibujada mucho, pero al crecer estudié Comunicación audiovisual y empecé a trabajar en una agencia de publicidad haciendo storyboard (o guión gráfico; es un conjunto de ilustraciones mostradas en secuencia con el objetivo de servir de guía para entender una historia). Allí fue donde empecé a interesarme y aprender sobre iluminación”, cuenta.

Como esta carrera no le satisfacía, la fotografía comenzó a interesarle realmente, a los 19 años, cuando trabajaba en una agencia de publicidad. “Yo estaba en el escalón más bajo de la cadena de producción y trabajaba muchas horas por día. Y veía que el fotógrafo publicitario llegaba al set de producción, hacía las tomas para la campaña en una o dos horas y se iba”.

Morfi se declara muy tímido, y ese trabajo en solitario entre el fotógrafo y la cámara fue decisivo para él. “Entonces descubrí la fotografía como una alternativa más personal, más íntima, y empecé este camino de manera individual”.

Todos los beneficios, en un solo lugar Descubrí donde te conviene comprar hoy

Pero, en ese momento, no tenía los medios para estudiar fotografía, porque recién había culminado su carrera y no quería pedir a sus padres que le pagaran una nueva. “Entonces comencé a buscar libros y revistas para poder aprender y experimentar. Esa ha sido mi trayectoria, básicamente: prueba y error”, comenta.

Algunos lo califican de retratista autodidacta. Sin embargo, respecto a su ecléctica manera de trabajar, él mismo no podría calificar de una manera específica su obra. “Si hablamos de mi obra personal, podría ser muy expresionista, quizás, pero sí me gusta contar historias a través de los retratos”, explica.

Entre los ocho y nueve años, Jiménez estuvo en cama por una seguidilla de enfermedades. En esos días, le regalaron una enciclopedia, que para él significó la ventana para descubrir un mundo absolutamente desconocido: los pintores barrocos y renacentistas. En sus hojas, quedó fascinado con la Medusa, de Caravaggio, y quedó atrapado con toda la magia de las obras de Botticelli, Miguel Ángel, el Greco, entre otros, quienes marcaron visualmente su manera de captar las cosas. “Con ellos, fue como comencé a construir mi imaginario, por decirlo de alguna manera, y es lo que ha marcado un poco mi estilo en la fotografía en la actualidad”.

Esta influencia es notoria en sus trabajos, en los que se destacan el uso de la luz y el color. Su primera cámara fotográfica, analógica, fue un regalo de su abuela. “Comencé a dar mis primeros pasos en la fotografía entre el 98 y 99, y como profesional en el 2005”, recuerda. Jiménez nunca estudió fotografía a excepción de un curso introductorio durante su formación publicitaria. “Mi aprendizaje se dio buscando libros y fascículos de revistas especializadas. Lo hice con mucha paciencia y práctica; probando y cometiendo errores”, asegura.

Jiménez casi no utiliza Photoshop; de hecho, asegura que no sabe cómo usarlo. Su técnica consiste en darles color a las fotografías en blanco y negro, como se realiza desde hace mucho tiempo, pero con la computadora y su particular estilo, y todo esto sumado a una iluminación especial en el momento de captar la imagen. “Mis fotografías son tomadas con película en su mayoría”.

Cuenta que uno de sus referentes es el fotógrafo checo Jan Saudek. “Cuando conocí la obra de Saudek, ya pintaba mis fotos.

Su maestría en esta técnica me dio la inspiración; fue decisiva en mi estilo, pues tomé algunos detalles de su forma de pintar. Eso más la forma en que uso el flash en exteriores terminaron por darme un sello propio”.

Jiménez es muy conocido en su país como retratista de novias. Además de ser su soporte económico, pues con lo que gana puede solventar sus proyectos propios, él considera que la experiencia de fotografiar novias le ha ayudado mucho. “Aunque es un trabajo muy distinto, me ha dado la seguridad y rapidez para iluminar bien, trabajar de manera creativa y, principalmente, saber manejar la presión, porque todas las fotos se hacen el mismo día de la boda y en solo 40 min. “Antes de la boda, no voy a la iglesia ni a la fiesta. Tengo un equipo que se encarga de eso”.

Actualmente, se dedica a realizar unos talleres de iluminación avanzada, aparte de sus proyectos personales y su trabajo comercial. “Descubrí a través de los talleres una sinergia y un feedback muy rico e interesante con la gente que asiste, y estoy constantemente aprendiendo y, de alguna manera, relacionándome con distintas culturas. Conocer gente, hacer amigos, tratar con personas de otras partes me hace feliz, a través de la fotografía”.

Por Marisol Palacios mpalacios@abc.com.py

Fotos Gentileza.