Desde pequeño, Luis Cálcena sintió fascinación por la robótica, la mecánica, la informática y la electrónica. Tanto fue así que cuando terminó la carrera de Licenciatura en Informática, su tesis consistió en crear un lenguaje de programación para robots. “Al principio, se resistieron. Les parecía un tema no muy fiable. Y para que acepten mi tesis tuve que construir un robot”, comenta.
Más adelante creó una página web sobre robótica, a través de la cual, en 2008, le invitaron a un evento de tecnología que incluía robótica, astronomía, electrónica, entre otros, que se desarrolló en El Salvador. “Fuimos con Javier Marín —su socio comercial— y entonces vimos que en cada país había un equipo de robótica. La idea del encuentro, justamente, era expandir el tema de la robótica, hacer robots y extender el concepto”, refiere.
En el evento todos coincidían en lo mismo: hacer duelos de robots, especialmente para estudiantes.
“Porque los estudiantes ponen más ganas para competir y ganar”, señala Cálcena. Por ese motivo, en 2009, organizó la primera competencia de sumo de robots del Paraguay, que este año ya llegó a su cuarta edición. “Se realiza una vez al año. Y este es el primero que se organiza a través RobóticaPy, una empresa que se dedica a la venta de implementos y todo lo necesario para la elaboración de robots”.
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La competencia
Según Javier Marín, el sumo consiste en la contienda de robots construidos por los participantes, en su mayoría estudiantes de Ingeniería, Politécnica y de colegios. “Aunque también concurren personas que no están relacionadas con ningún instituto o escuela, pero que son aficionadas a la robótica. El certamen está abierto para cualquiera que desee participar, sin límites de edad; el único requisito es tener un poco de conocimiento de electrónica, mecánica, hasta inclusive puede ir aprendiendo a medida que se van construyendo los robots”.
El certamen, que se realizó el sábado 14 de julio en el aula magna de la Facultad de Ingeniería de la Universidad Nacional de Asunción, en el campus universitario de San Lorenzo, tiene cada vez más aficionados. “Desde que empezamos, vimos cómo fue cobrando cada vez mayor interés la competencia. Al principio éramos nueve participantes y cada año se va sumando más gente. Esta vez participaron 17”, manifiesta el licenciado Cálcena.
La prueba
La modalidad consiste en enfrentar a dos robots preparados y armados por los competidores, conforme a ciertas reglas. Entre ellas, la más importante es que el circuito, la placa, sea hecho por los competidores, que no sea una placa comercial. Ese vendría a ser el corazón, el cerebro del robot. Los chicos lo tienen que hacer; lo tienen que soldar y hacer una placa con todos los circuitos.
En este punto, el robot piensa y saca toda la información que necesita para competir. “Tiene sensores de línea; compiten unos contra otros y se van eliminando, y luego queda una rueda de ganadores y perdedores”, refiere Cálcena.
El encuentro se rige conforme a un reglamento a nivel mundial. Los robots tienen dimensiones estándar, como máximo: 3 kg y 20 x 20 cm de tamaño. La contienda consiste en sacarlo del ring al robot competidor; eso es lo básico. Y en esta edición se incorporó como novedad la categoría robots seguidores de líneas o velocistas.
Este año también vinieron equipos de la Argentina, que tienen una exhibición de más de 100 robots, y viajaron más de 1300 km para competir. “Incluso trajeron premios parar compartir con nosotros”, indica Marín.
Los competidores
Sebastián Aguilera (23) fue uno de los competidores que vino de Pilar, Buenos Aires, junto su padre y su novia, quienes también participaron de la competencia. “Yo traje tres robots”, revela y explica que se enteró del encuentro a través de la página web de Cálcena, quien lo invitó. “En Argentina también participamos en siete competencias y salimos campeones el año pasado. Venimos teniendo un buen desempeño, por lo que decidimos participar nuevamente”.
El año pasado, el equipo de Aguilera resultó campeón y Cálcena obtuvo el segundo lugar. Su regreso fue con la intención de mantener el trofeo y lo logró; su equipo, esta vez a través de su novia, Paola Rossi, logró el primer puesto con el robot Sparta y, nuevamente, el robot C64 de Cálcena salió en segundo lugar.
Los premios consisten en implementos para seguir construyendo robots. “Todo para incentivar la robótica”, indica Aguilera.
De la competencia participaron, además, estudiantes tanto de colegios como universitarios. Entre los ganadores estuvo Gary Servín, un estudiante de Ingeniería Electrónica apasionado de los robots, que obtuvo el tercer puesto. Servín contó que la electrónica en general le gustó desde chico. “Antes ya había participado de la competencia. Con los compañeros de Politécnica nos reunimos y organizamos un club de robótica, en el que armamos robots y nos enseñamos unos a otros. Y aprendemos entre todos”.
El equipo del Colegio del Sol, compuesto por Rodrigo Sánchez, Alejandro Mallorquín y Santiago Llano, logró el cuarto lugar.
En el encuentro también se destacaron las mujeres. Una de ellas fue Camila Welko (16), quien compitió con un robot seguidor de línea y quedó en cuarto lugar. Respecto a la experiencia, refirió que está cursando el Bachillerato Técnico en Informática. “Y desde principios de año escuché hablar de la competencia de robótica y me interesó. Vengo de Ciudad del Este y quiero experimentar cosas nuevas, por lo que aproveché la oportunidad para competir”.
Mariano Beracochea (18), alumno de tercer año, representó al colegio San Ignacio de Loyola, donde tienen un club de robótica. “Yo hice la placa, soldé todo. Es de mi completa creación y por eso quería competir. Me gusta mucho la robótica; pienso seguir creando robots”, reveló el joven, que resultó ganador de la primera tanda, pero que no logró pasar la segunda.
Esta no será la única competencia de sumo de robots este año. “La Facultad Politécnica también tiene preparada otra para setiembre, con la cual vamos a tener dos competencias este 2012. Y el año que viene nosotros organizaremos la nuestra nuevamente en julio”, señalan finalmente los organizadores.
El sumo robot
El sumo robot consiste en diseñar, construir, programar, si fuera el caso, y poner a punto un robot móvil para competir contra un igual en torneos inspirados por el deporte de sumo japonés. De la misma forma que el sumo tradicional, cada sumo robot intentará sacar a su oponente de una superficie circular sin salirse él mismo de esta. De este modo obtiene puntos. El área de combate es una tarima circular negra con un círculo en blanco en el borde, en cuyo centro hay dos líneas paralelas —llamadas líneas negras— que marcarán las posiciones iniciales de los robots.
El robot seguidor de línea
El robot seguidor de línea es uno móvil que sigue una trayectoria marcada con una línea, la mayoría de las veces negra, con un fondo blanco o a la inversa. En la mayoría de las competencias, dentro de los seguidores de línea solo está permitido usar sensores infrarrojos, que tienen un emisor y un receptor, los cuales funcionan dependiendo de la luz reflejada por el piso. Por ejemplo, el color negro absorbe las longitudes de onda de la luz; es decir, no la refleja, y el color blanco refleja todas las longitudes de onda.
mpalacios@abc.com.py • Fotos ABC Color/Andrés Cristaldo
