Eusebio Ayala ya se está poniendo a punto para recibir a los turistas interesados en participar del chipá apo y, luego, degustar este manjar que forma parte de nuestras tradiciones. Almide Alcaraz, del Centro Cultural El Chipá Literario, explica que el recorrido histórico Chipá rape consiste en un paseo por las chiperías de la ciudad. Entre ellas: Camellito, Juan Ramón Ayala, Lechuza, María Ana, Leticia y Santo Domingo.
Los lugares estarán identificados con elementos tradicionales. El trayecto contará con cinco buses y uno de ellos será destinado a personas con discapacidad. La primera chipería del tour gastronómico será Camellito. “En cada una habrá un acto artístico. Además, se hablará de los componentes que hacen a este alimento y de los que forman parte de esta tradición, como los canastos o ajaka, los manteles de ao po’i y otros enseres. También estamos preparando breves exposiciones con informaciones precisas sobre la elaboración y todo lo relacionado a ella, además de una performance”, expresa el responsable del evento.
Durante el recorrido, los visitantes podrán conocer a los dueños, como a don Ramón, quien junto con los otros son emblemas de este noble alimento; saber su historia y, también, en algunos casos, de los enormes hornos de producción”. También iremos al bar Cabure’í, un lugar emblemático de la ciudad, ya que allí se inmortalizó la marca Chipa Barrero”, dice Alcaraz.
Cabure’í era un parador y bar de la ciudad en el que se reunían propios y extraños. Fue allí donde se comercializaba el chipá, ganando fama hacia otras ciudades. El bar ya no funciona, pero uno de los precursores de la venta en este lugar fue Juan Ramón Ayala. Su historia es de metas y desafíos. Sus comienzos en el comercio se dieron vendiendo agua helada. “Durante dos años vendí agua con hielo”, rememora sentado en el corredor de su casa.
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Luego se dedicó a la comercialización y, posteriormente, a la elaboración del chipá. “Comencé vendiendo en un barcito. Ahí afuera nomás me quedaba, después me animaron a viajar hasta Villarrica y Oviedo”, cuenta.
Al principio no fue fácil, ya que era objeto de burlas. “Péa kuña trabajo”, me decían. “Areko 15 años rupi, pe tiempo-pe”, añade.
Haciendo caso omiso, extendió sus viajes a otros puntos del interior del país, hasta llegar a Asunción. “Recorría todo el centro y después me quedaba en la Plaza Uruguaya. Entre sus memorias, menciona al exmandatario Alfredo Stroessner. “Vendía en las cercanías del Palacio de Gobierno, pero un día comenté a unas personas que ya no podía traer mis productos en colectivo. Me llevaron junto a él (Stroessner), le conté mi historia, le hablé de mi mamá y papá, no sé nada luego... y decidió apoyarme. Me ayudó a comprar mi primera camioneta por G. 150.000, en 15 cuotas de G. 10.000. Después, le devolví toda la plata, con esa condición luego era”, refiere.
En el estadio Defensores del Chaco también era una figura conocida y requerida. Muchos recordarán los lanzamientos que realizaba desde las graderías. Fue inolvidable esa etapa, aunque ni un solo producto quedaba sin pagar. El chipá corría entre los hinchas y la plata también. Actualmente, ya lleva 57 años de trabajo y sigue deleitando en el km 69 de la ruta 2.
El puesto María Ana es otra cita obligada. Su historia, igualmente, resume una infancia con necesidades, superada por el sacrificio, dedicación y perseverancia. Atrás quedaron aquellos tiempos cuando de niña, descalza, corría sobre el asfalto caliente tratando de vender el chipá a los pasajeros que pedían desde las ventanillas de los colectivos. Trabajó como chipera durante 21 años, hasta que decidió abrir su propio negocio con una receta heredada de su abuela. Desde sus comienzos a la fecha suman 45 años y le va muy bien. Tiene una noble particularidad: emplea a madres solteras. “Soy madre soltera, sé lo que es criar a un hijo sola. Che mboriahúnte avei va’ekue, ha aikuaa la necesidad”, afirma.
Es que históricamente, como en la actualidad, la producción y venta del chipá siempre fue el sustento de muchas mujeres y familias. Es una forma digna de trabajo para mantener a los hijos y contribuir a la canasta familiar. Un claro ejemplo es de Rosalba González de Ortega (74). Recuerda que su madre, María Luisa, ya amasaba los primeros chipás en la ciudad de Eusebio Ayala. Ella ayudaba en el menester. Tenía solo 13 años cuando su madre los envolvía ricos y calentitos, ordenaba en un ajaka para la venta, que tenía como lugar la parada de colectivos. “En esa época, los menores de edad no podíamos salir a trabajar, estaba prohibido. La edad habilitada era de 15 años. Entonces, solo trabajaba cuando la municipalidad estaba cerrada, porque no había control. Mi vida pasaba entre la venta del chipá y la escuela”, recuerda riendo.
Con los años se dedicó exclusivamente a esta ocupación y sacó adelante a su familia. Es madre de cuatro hijos y “todos salieron bien”. Cuenta que desde muy temprano vendía. “Corríamos cada vez que veíamos un colectivo, todas queríamos ganar alguito para llevar a la casa. Éramos muchas y nos dejaba buena ganancia; no estaban las grandes chiperías de ahora”, afirma riendo.
Los tragos amargos no faltan. “Antes, las chiperas éramos tratadas muy mal y motivo de burlas. Había mucho desprecio hacia nosotras y, como trabajamos en la calle, la gente nos gritaba muchas ofensas”.
Aunque el trabajo que hacía era honrado, en el fondo, no deseaba ese trato para sus hijos, así que se esforzó para que transitaran otros caminos. “Tengo dos mujeres y dos varones. Uno es licenciado en Obstetricia, una profesora y un profesor, y el último abrió un pequeño negocio”, cuenta orgullosa.
Continúa con esta actividad los sábados y domingos en la misma parada de siempre. “Gano bien los fines de semana, solo trabajando sábados y domingos. Mi secreto es amasar y amasar; tengo muchos pedidos, sobre todo cuando hay rezos finales”, dice. “El sabor es diferente”, aporta Rosa Melgarejo, amiga y vecina de doña Rosalba.
Sus mejores ingredientes son el cariño y la dedicación. Un poco de aramirõ, huevo, queso, grasa, leche y mucho cariño. Sus manos surcadas por la vida, incansables por trabajar, siguen amasando y deleitando paladares.
Definitivamente, el Chipá rape es una cita deliciosa en la que participan jóvenes, niños y adultos. Un recorrido cargado de emotividad y alegría, porque se realiza a través de un vehículo “disfrazado de tren” que transporta a los pasajeros, así como colectivos cordilleranos y otros particulares que acompañan la caravana.
¿Querés ser parte? La participación es libre y gratuita. Solo tenés que llevar tus ganas y buena onda, pero antes te inscribís vía correo electrónico: jukyty@gmail.com. Enviás datos, como nombre, apellido, lugar de residencia o ciudad, profesión y una fotografía personal para incluir en el pasaporte. El día del evento se entrega el documento que te habilita como integrante de la ruta.
Al finalizar el itinerario y cuando todos sellaron sus siete chiperías en el pasaporte, la última casilla está destinada al Chipá Literario, donde se lleva a cabo el chipá apo (hacer chipá) y la posterior degustación, claro. Allí, los concurrentes aprenden a preparar la masa, darle la forma deseada. Lopi, yacaré, argolla, entre las más tradicionales y, luego, ¡al tatakua! En medio de risas y bromas, junto a las leñas, el pakova rogue, el almidón, la harina de maíz puede socializar y olvidarse de los apuros de la ciudad.
En fin. Pan sagrado, símbolo de identidad, alimento tradicional, singular exponente del mestizaje cultural hispano guaraní, manjar paraguayo, estos son los nombres que recibe, aunque su sabor es único y la preparación frente al tatakua ¡una experiencia que encanta! Unite pues al Chipá rape.
Chipá almidón
Ingredientes para aproximadamente dos docenas
250 g de grasa de cerdo, margarina o manteca, 8 huevos, 500 g de queso fresco desmenuzado, 1 copita de licor de anís o anís en grano, 1 cda. colmada de sal, 1 taza de leche (250 ml), 1 ¼ kg de almidón de mandioca.
Así se hace: batir en un recipiente hondo la grasa con los huevos y el queso desmenuzado. Agregar el anís, la sal, la leche y el almidón. Amasar bien, aunque no demasiado. Formar los chipás en forma de rosquillas, y colocarlos sobre una chapa enmantecada y enharinada. Cocinarlos en horno muy caliente durante 25 min.
Sepa más
Facebook: El Chipá Literario.
Teléfono: (0981) 183-911.
Crédito: Modelo: Alba Kurth, para Sight Talent Agency. Locación: Chipería Juan Ramón Ayala.
Por Nancy Duré Cáceres ndure@abc.com.py • Fotos ABC Color/Gustavo Báez.
