Los ejemplares maduros desarrollan una gran cabeza de flores sobre un largo tallo. Florecen una sola vez y luego mueren, pero para entonces ya habrán producido muchos vástagos.
Se debe plantar las aechmeas a finales de la primavera en un sustrato a base de turba (raíces de helechos y hojas secas descompuestas, virutas de madera, fibras de palmeras) y un poco de arena. Colóquela en un lugar con buena luz y temperatura superior a 15 ºC, además tendrá mucha humedad. Riegue bien, pero sin inundarla cada 15 días con fertilizante líquido medianamente fuerte. Si las hojas pierden color, puede ser debido al aire seco.
Rocíe la planta a diario y manténgala en lugar cálido, pero no donde hay corrientes de aire.
La aechmea fasciata consta de una roseta en forma de urna, moldeada por hojas densas.
La aechmea fulgens discolor posee las flores como una espiga abierta, de color rojizo.
