Terroríficastermitas

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Las barreras químicas han sido utilizadas desde hace muchos años, tanto en tratamientos preventivos como curativos contra eventuales ataques de termita subterránea en pre y posconstrucción.

El objetivo de la barrera es la exclusión de las termitas subterráneas de las estructuras. Los criterios usados para seleccionar los insecticidas son: que permanezcan activos por un largo período y muestren toxicidad y repelencia, que posean baja toxicidad para mamíferos, baja solubilidad en agua, y permanezcan estables en el suelo, según dijo el Ing. Agr. Carlos Dávalos, de Agrofield SRL.

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La aplicación en la preconstrucción: está concebida para la aplicación con termiticidas al suelo, previo o durante la construcción de la edificación, por lo general en zonas donde la termita subterránea ya está presente o existe un mayor riesgo de infestación.

Los termiticidas convencionales son aplicados en forma líquida y están diseñados para formar barreras efectivas bajo pisos o pavimentos, alrededor de muros y cañerías.

La barrera química es una nueva técnica de control de termitas que consiste en inyectar un producto, residual, de manera a tener un resultado positivo y prolongado.

El tratamiento químico persigue los siguientes objetivos: proteger la edificación de ataques exteriores y eliminar y repeler a las termitas que ya se encuentran en el interior.

Luego de la construcción

El trabajo de aplicación debe ser realizado por profesionales con experiencia, con el fin de asegurar una aplicación correcta y evitar daños en cañerías, cerámicos, sistemas eléctricos y de calefacción. Para ello es conveniente obtener los planos de las edificaciones y conocer la disposición de las cañerías que ingresan.

El tratamiento en posconstrucción consiste en formar una barrera química entre la tierra y el material de la edificación evitando y eliminando la presencia de termita subterránea, de manera rápida y efectiva. Para esta forma de aplicación se debe perforar el piso e inyectar una cantidad considerable de producto termiticida en diferentes áreas y zonas de posible entrada.

La técnica consiste en realizar perforaciones por todo el perímetro externo e interno de la vivienda, las perforaciones se realizan cada 40 cm, a 10 cm del zócalo y con mechas de 45 cm de largo y 12 mm de grosor, para poder introducir los inyectores.