Algunos arrancaron en un garage. Nosotros, en una ferretería.

Este artículo tiene 8 años de antigüedad
Imagen sin descripción

A simple vista todo parece indicar que estamos viendo una ferretería. Quizá la mirada a la cámara de los personajes de la foto, entre interpelados y sorprendidos, podría inducirnos a pensar un poco más allá, a trascender lo obvio. 

(¿Cómo se hace para leer una foto entre líneas?).

Si uno es paraguayo, o está familiarizado con la escena local, hay una palabra que ya nos cuenta demasiado como para andar jugando a los detectives. Se sabe; a veces el naming es todo.

Sin embargo, la foto no miente. Lo que vemos es una ferretería. 

Lo que no podemos ver es lo que ya hay adentro; además de arandelas, tornillos, herramientas, y todos los elementos que sabemos o imaginamos suele haber en una ferretería. 

Y lo que hay (que aquí no vemos, pero ya está y funciona) es una pequeña agencia de publicidad. Que todavía no es Nasta, pero lo será.

Si uno pertenece a la industria publicitaria, o tiene cierto conocimiento sobre ella -local, regional, internacional-, seguramente sepa que hoy, ayer, y desde hace unos cincuenta años, este apellido que aparece en esta foto es -usemos el clisé para que siga siendo clisé- sinónimo de publicidad. No en este momento de la foto. 

No todavía.

Acá, en un rincón de esta ferretería, allá por 1966, está dando sus primeros pasos una agencia que se llama Sirio, y que tardará menos de lo que cuesta dar vuelta esta página en llamarse Nasta, de una vez y para siempre.