Acerca del libro “Lengua española”: la orientación de la enseñanza

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He leído con interés los artículos de Mirna Isabel Núñez González y de los autores del libro Lengua española – Teoría y práctica, Maxdonia E. Fernández A. y Juan E. Aguiar B., publicados en ese diario en fechas recientes. Considero que se ha instalado una interesante polémica sobre la orientación actual en la enseñanza de la lengua en nuestro país.

Se discuten dos orientaciones que no necesariamente son opuestas, sino constituyen enfoques diferentes, producto de la evolución de la ciencia de la lingüística y principalmente de la didáctica de la lengua.

Una es descriptiva del sistema lingüístico y la otra, comunicativa-funcional. La primera responde a la enseñanza del sistema de reglas, categorías gramaticales y las funciones que cumplen en las oraciones, que al mismo tiempo dan cuenta del sistema de la lengua, en este caso del castellano. Es decir, lo que se pretende es describir el sistema y aprender sus normativas para conseguir una expresión oral y escrita “modélica”, y no se preocupa por las prácticas discursivas que constituyen la comunicación verbal y no verbal de los hablantes. Esta orientación descriptiva responde principalmente a dos corrientes lingüísticas: el estructuralismo y el generativismo.

Sin embargo, actualmente ha quedado desfasada, pues con el avance de la lingüística y de la didáctica de la lengua (con aportes importantes de la lingüística del texto, la pragmática lingüística y la sociolingüística) se ha comprobado que el alumno, al encontrarse en situaciones comunicativas concretas, tiene serias dificultades. Es decir, el aprendizaje de una lista de sustantivos, adjetivos, verbos, conjugaciones verbales, clasificaciones, análisis y elaboración de oraciones, etcétera, todos descontextualizados, no le son útiles a la hora de interpretar una lectura, redactar un determinado tipo de texto, hablar con fluidez y corrección, entre otras cosas.

La evolución de las ciencias de la lingüística ha posibilitado así introducir un cambio de paradigma en la orientación de enseñanza de la lengua. Se prioriza el uso de la lengua y, como bien lo dice la autora de uno de los artículos, lo que se pretende es lograr la competencia comunicativa de los alumnos.

¿Qué es la competencia comunicativa?

El etnógrafo Hymes (1967) propuso este concepto diciendo: “La competencia comunicativa es el término más general para la capacidad comunicativa de una persona, capacidad que abarca tanto el conocimiento de la lengua como la habilidad para utilizarla. La adquisición de tal competencia está mediada por la experiencia social, las necesidades y motivaciones, y la acción, que es a la vez una fuente renovada de motivaciones, necesidades y experiencias”. Es decir, en términos más sencillos, responde principalmente al uso de la lengua y es la capacidad que tiene el hablante para lograr una comunicación eficaz en el contexto comunicativo en el que se encuentra. Ello significa que el hablante debe hacer uso correcto del conjunto de reglas del sistema lingüístico, que incluye no solamente la gramática y otros niveles de la descripción lingüística, sino también las reglas de uso de esa lengua que responden a contextos históricos y socioculturales determinados.

Es más, los nuevos manuales de la RAE (2010) ya contienen un enfoque pragmático de los conocimientos gramaticales y la propuesta educativa debe estar dirigida a la funcionalidad de esos conocimientos en beneficio de las capacidades expresivas (orales y escritas) de los alumnos.

Siguiendo siempre a Hymes, podemos insistir diciendo que lo que debe lograrse en los alumnos para ser competente es saber “«cuándo hablar, cuándo no y de qué hablar, con quién, cuándo, dónde, en qué forma»; es decir, debemos tener no solo la capacidad de usar la lengua gramaticalmente correcta, sino también contextualizada y socialmente apropiada.

Otro aspecto importante de esta polémica —publicada en este diario— es lo referente a la deficiente formación lingüística de los alumnos, en más de una década de implementación de este nuevo enfoque en el currículum del MEC. Nada más cierto y preocupante. Pero esto puede deberse también a otros factores: la formación del profesorado, la falta de lectura en nuestros niños y jóvenes, la escasa o deficiente capacitación que han brindado las instituciones educativas a los profesores en actividad, el poco entusiasmo por su autoformación de algunos docentes de lengua y otros más. No es aún menos cierto —como afirman los autores del libro Lengua española - Teoría y práctica— la “lamentable forma de expresarse” de los ciudadanos en general, tanto los escolarizados secundarios, terciarios como universitarios, con excepciones por supuesto. Pero esta situación no debe atribuirse solamente a la enseñanza de la lengua —aunque es un factor fundamental—, sino también a la ausencia de una política lingüística nacional que ya no debería desconocer nuestra situación peculiar de dos lenguas en contacto. Esperemos ahora que con la implementación de la Ley de Lenguas a través de la Secretaría de Políticas Lingüísticas puedan encararse proyectos que subsanen esta realidad.

No obstante, también es real que las universidades no han actualizado los contenidos de los programas de lengua —a pesar de la vigencia desde los años 60 de este enfoque— con el fin de brindar a los alumnos ingresantes la posibilidad de la continuidad de la orientación a la que accedieron en la Educación Escolar Básica y la E. Media para seguir desarrollando su competencia comunicativa y las capacidades de escuchar, hablar, leer y escribir con coherencia, cohesión y eficacia. Consideramos también que la falta de materiales nacionales apropiados —y de fácil acceso para los alumnos— es otro obstáculo importante.

“Un universitario debe estar en condiciones de expresarse con claridad, corrección y coherencia. No solo conocer de memoria algunas normas gramaticales que no sabe cómo utilizar”, afirma la señora Mirna Núñez, y agregaríamos no solo un universitario, sino cualquier hablante escolarizado debería reunir esas condiciones, pero obviamente se espera que un egresado universitario se exprese con más corrección, fluidez y coherencia.

Esperamos haber contribuido positivamente a este debate —aunque de manera breve pues el tema exige profundización—, en bien de la “competencia comunicativa” de todos los alumnos del sistema educativo de nuestro país.