El Bicentenario: Festejos extraños

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Cuando a finales de la segunda década del siglo XX, Agustín Pío Barrios partió de su tierra el Paraguay hacia el Río de La Plata con su guitarra y sueños a cuestas, se convertiría en la nave insignia de una avanzada artística que llevaría en poco tiempo a tener a Buenos Aires y otras provincias argentinas rendidas a los pies de nuestra maravillosa música paraguaya.

Cuando aún el tango era, en general, arrabalero (hoy está en Broadway y es banda sonora de grandes filmes internacionales) Pío Barrios ya deleitaba con sus obras en el teatro Colón, al igual que otros genios que lo siguieron entre ellos José Asunción Flores, quien deslumbraba a la audiencia con el nuevo género musical creada en 1925, por él, para la humanidad, la guarania. Otras futuras luminarias que se largaron a la aventura rioplatense fueron Herminio Giménez, Eladio Martínez, Mauricio Cardozo Ocampo, Agustín Barboza, Félix Pérez Cardozo, compositor de Los sesenta granaderos, considerado el segundo himno argentino, Samuel Aguayo, Demetrio Ortiz, Félix Fernández, Antonio Ortiz Mayans, Aparicio de los Ríos y tantos otros héroes civiles de nuestra paraguayidad, quienes lograron consolidar de esa manera nuestra independencia cultural enriqueciendo y difundiendo más allá de nuestras fronteras el repertorio de nuestra música popular, la más fuerte identidad paraguaya después de nuestro idioma oficial, el guaraní.

En 1927, Samuel Aguayo, a quien los argentinos igualaban con Gardel, grabó su primer disco de música paraguaya para la RCA Víctor. Este material y los que siguieron, se convirtieron en un suceso de venta sin precedentes en Argentina, siendo la provincia de Corrientes la que ostentó el récord de compras. El compatriota fue enviado en 1930 a la capital de dicha provincia para reunirse con autores y compositores, con la intención de crear obras a ser grabadas por el sello en homenaje a ese pedazo de suelo argentino. Dichas obras fueron de una gran calidad y calidez, y lo que era más, tenían un estilo especial, un estilo nuevo que ameritaba llevar un nombre específico y fue nuestro compatriota quien lo bautizó con la denominación de chamamé. Uno de los patrimonios culturales de la provincia de corrientes tuvo como padre a un paraguayo: don Samuel Aguayo.

El torrente de creatividad que había invadido a nuestros autores y compositores a partir de la década del 30 pareciera no tener límites; se grabaron en discos obras memorables que hasta hoy siguen cautivando al mundo a pesar de las décadas transcurridas: India, Ne rendape ajú, El pájaro campana, El canto de mi selva, Danza paraguaya, Ha che valle, Recuerdos de Ypacaraí, Lejanía, Alto Paraná, Así canta mi patria, Tetagüâ sapukái, Galopera, Burrerita, Lucerito alba, Ñasaindýpe, Reservista purahéi, Serenata, con letra de Ignacio A. Pane, y muchas otras, iban afirmando que en Paraguay, sus polcas y guaranias tenían una identidad única que le diferenciaba en gran manera de las otras corrientes musicales de la región.

Cómo no mencionar las obras épicas que han puesto de pie a miles de compatriotas ante la llamada a ponerse bajo bandera cuando nuestra integridad territorial e independencia fueron amenazadas: Cerró Cora, de Félix Fernández y Herminio Giménez; Primero de Marzo y Tuja mi, del Tirteo verdeolivo, Emiliano R. Fernández, cuentan las hazañas de nuestro máximo héroe, el Mariscal Francisco Solano López, que erizan la piel a quien las escucha, y Rojas Silva Rekávo, Che la reina y otros encendían de patriotismo a los soldados que sin dudar se alistaban en las filas del Ejército paraguayo para marchar a los confines del Chaco Boreal, cuya pertenencia exigía por las armas el vecino invasor.

Porque amaban al Paraguay y eso les imbuía del sentido de pertenencia, los próceres de Mayo, Iturbe, Molas, Troche, Rodríguez de Francia, Caballero y otros, tomaron el riesgo de desafiar a la madre patria, España, potencia europea, exigiendo la libertad de la nación colonizada, para de ahí en más ser libre, soberana e independiente. Lo ocurrido en Cerro Porteño y Tacuary precipitaron los hechos. Tropas formadas íntegramente por paraguayos, luego de la huida del gobernador español Velazco, lograron vencer al enviado de Buenos Aires, general Manuel Belgrano, uno de los militares de mayor prestigio de la nación vecina, creador de la bandera argentina y como consecuencia de estas victorias, se llevó a cabo la revolución libertadora la noche del 14 y madrugada del 15 de mayo de 1811, hecho del cual estamos este año festejando el doble siglo transcurrido.

La paraguayidad debe marcar los puntos altos en estos festejos, porque es la manera de demostrar al mundo que somos una nación orgullosa de su identidad. En los festejos donde la música va a ser la reina, la música paraguaya debe ser la protagonista principal, no la invitada ocasional para actuar de telonera de artistas internacionales supuestamente más encumbrados. Los festejos del Bicentenario de la Independencia paraguaya deben dar absoluta prioridad a lo nuestro, deben brillar nuestra danza, nuestra artesanía, nuestros filmes, nuestro teatro, nuestra pintura y ni qué decir, nuestra música paraguaya. Que los festejos sean incluyentes, pero que se incluya a los artistas de afuera a aportar su grano de arte en nuestros escenarios de festejos, pero no debe ser a la inversa, no se le debe incluir a nuestros artistas como rellenos, solo por dar un mero cumplimiento a una exigencia protocolar, como está ocurriendo.

En los conciertos de música, el público multitudinario, compuesto por compatriotas en su mayoría, debe emocionarse con las letras magníficas, con las melodías y armonías fantásticas de 13 Tuyuti, Nanawa, Cerro Corá, Primero de Marzo, Che la reina, Bravo Paraguay, Acosta Ñu, Vapor Cué, Fortín Toledo, Campamento Cerro León y tantas otras canciones que aunque no relaten los hechos heroicos protagonizados por generaciones de jóvenes compatriotas que murieron defendiendo nuestra libertad e independencia durante las dos contiendas más sangrientas de Sudamérica, cantan a la vida, al amor y a la libertad, como Mi patria soñada, Ka’aty, Así canta mi patria, Despierta mi Angelina, Oda pasional, Despertar, Ñemity, Mis noches sin ti, Ñane aramboha, Nde ratypykua, Regalo de amor, Mariposa parami, Paraguay, de Emilio Bigi; Jasy Morotî, Che pykasu mi, Che kamba resa jajái, Alma vibrante, solo por citar algunas, que emocionan interpretadas por agrupaciones como Generación, Surgente, Los Ojeda, Rigoberto Arévalo y su Trío de Siempre, Lizza Bogado, Quemil Yambay, Francisco Ruso, Ricardo Flecha, Los Alfonso, Los Orrego, Juan Carlos Oviedo y los hermanos Acuña, Papi Meza y su conjunto, los Hijos del Paraguay, Contrapunto, nuestro barítono Óscar Gómez, nuestro tenor el internacional Jorge Castro, Evolución y muchos otros nombres que en la actualidad son los abanderados en la difusión de la música paraguaya, los que tomaron la posta para que las canciones que forman su repertorio, esas obras magníficas nacidas de las almas sensibles de nuestros poetas y músicos, sigan deleitando a propios y extraños, de un confín a otro de la patria y de diferentes puntos del globo.

La música paraguaya ha aportado su gran grano de arena en la consolidación de nuestra libertad e independencia, pues los poetas y músicos han sabido captar el sentimiento íntimo del ser paraguayo, con sus letras y melodías han sabido tocar profundamente nuestros corazones para que sintamos un orgullo especial por nuestra nación.

Reivindiquemos nuestra paraguayidad en este Bicentenario de nuestra independencia, suplamos en alguna medida el hecho horroroso de haber dejado de cantar en las escuelas nuestras canciones patrióticas que relatan la bravura y sacrificio de sus hijos en las dos crueles e injustas guerras, una de exterminio.

Conmemoremos los dos siglos de vida independiente poniendo a los ojos del mundo lo que es auténticamente nuestro, el sello que nos marca como paraguayos, como nación, cantemos en cada escenario preparado para dicho fin, acompañados de cientos de miles de gargantas paraguayas nuestras canciones más memorables, rindamos loas a esos héroes civiles que ayudaron en gran medida para la construcción y reconstrucción de la nación paraguaya; de no ser así, estaremos presenciando unos festejos extraños.