El diálogo posmoderno en El invierno de Gunter de Juan Manuel Marcos

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Esta última idea de la heterogeneidad también se aplica al concepto tradicional de género literario. Según Ian Gregson, la heterogeneidad genérica suele caracterizar a la literatura posmoderna que explota la familiaridad implicada en el concepto de género a la vez que lo deconstruye y extiende en nuevas direcciones, especialmente para incluir preocupaciones filosóficas normalmente ajenas al género.

El concepto de la heterogeneidad genérica, la subversión de las normas y su extensión en la dirección filosófica dentro de la literatura posmoderna me parecen muy importantes para un análisis de la obra de Marcos, su novela paradigmática El invierno de Gunter, publicada en 1987, que se caracteriza por una ambigüedad genérica que en muchos sentidos crea su riqueza textual.

El invierno de Gunter emplea, entre otras técnicas, la mezcla de tres géneros distintos: la novela policiaca, la novela histórica/política y la novela existencial/filosófica. Cada género en gran parte subvierte sus propias normas y también sirve de punto de partida para una serie de relaciones intertextuales que demuestran las influencias filosóficas y literarias de cada autor.

En El invierno de Gunter, Marcos emplea el formato de la novela policial, pero subvierte su forma tradicional. Según Denis Porter, la novela policiaca prefigura su desenlace desde el principio con el signo de interrogación que se plantea al comienzo de la novela haciendo que el lector imite al detective e intente resolver el crimen que ocurre al principio de la novela (citado en Scaggs, 34-35). En el caso de la novela de Marcos, vemos la relación con la novela policiaca en cuatro aspectos: primero, una persona enmascarada de jaguar comete un crimen (el asesinato de Gumersindo Larraín). Segundo, hay una serie de pistas asociadas con el jaguar que el lector tiene que captar a través de la novela. Tercero, se establecen coartadas para cada personaje principal, y cuarto, hay referencias explícitas a la novela policiaca. De esta forma, la primera parte de la obra establece las normas de la novela policiaca y crea esta expectativa genérica en el lector.

La parte más interesante del formato policiaco de El invierno de Gunter son las pistas que el lector debe trazar a lo largo de la obra, que comienzan en las primeras páginas de la novela cuando el Profesor Toto Azuaga explica que -según el mito guaraní- el gran jaguar celeste incendiará el mundo y dejará vivir sólo a los Guaraní, quienes llegarán por fin a su paraíso, la Tierra sin Males (23). Esta introducción es importante porque establece el sentido del jaguar celeste en la novela. El jaguar celeste es un símbolo de la justicia, de la destrucción del viejo orden y la creación de uno nuevo. Aunque todavía no ha ocurrido el crimen en la novela, el lector tendrá que volver a esta pista para entender el significado de los eventos posteriores.

Las subsiguientes referencias al jaguar celeste en su mayor parte se refieren al personaje de Soledad Sanabria. Soledad es una joven activista bisexual. La primera vez que se asocia con el jaguar celeste es cuando Alberto dice: “Yo le diré a mi padre que mi novia es un jaguar celeste” (102). La segunda referencia es cuando el padre Cáceres descubre que le falta una página a su Biblia, la que dice “No dejarás con vida a la hechicera”: Se describe la reacción de Cáceres como: “Horrorizado, vio que la hoja había sido desgarrada como por colmillos del jaguar” (78-79) y luego se revela que fue Soledad quien destruyó esta página de la Biblia. De forma semejante, se dice refiriéndose a Soledad más adelante: “La radio oficialista la acusó de ejercer ilegalmente el chamanismo con el objeto de metamorfosearse en jaguar sin pagar impuestos” (162). En este momento del texto tal declaración parece un chiste, una acusación absurda por parte del gobierno. Sin embargo, vemos hacia el final de la novela que Soledad, después de su muerte, parece convertirse físicamente en jaguar. Es descrita como “hipocentauro con doble cabeza” y “cacique-hechicera-profeta de los Ka’aigua-gualachi” (244-245). Este pasaje parece resolver dos enigmas: la referencia a la hechicera (Soledad es hechicera al convertirse en Cristo-tigre; su resurrección después de la muerte confirma su papel justiciero en la novela) y la relación jaguar/Soledad/asesina. Sin embargo, esta segunda conexión es subvertida por otras pistas en la novela.

Para comenzar, se asocia también al padre Cáceres con el jaguar a través de la novela. El narrador dice que Cáceres “se agita como un jaguar enjaulado” y en otra parte “aquel jaguar barbudo, con un fuego tan triste en esa mirada . . . había dejado una leyenda fascinante de ángel y demonio, dulce y violento, católico y revolucionario” (231). Esta descripción del arzobispo confirma su carácter dual y enigmático, y sugiere igualmente la posibilidad de que él haya sido culpable del crimen.

Después de sembrar todas estas pistas cuidadosamente a través de la novela, Marcos, de forma brillante, logra subvertir toda esta estructura hábilmente construida de novela policiaca. El inspector Zumaya, encargado de resolver otro crimen, nunca intenta enterarse del culpable del asesinato de Larraín, sino que funciona como instrumento político del gobierno, arrestando y torturando a Soledad, y así desviando la trama policiaca hacia el género de novela histórica/política. Después de esta cuidadosa elaboración de pistas relacionadas con el jaguar, el autor nos ofrece una solución sorpresiva al crimen de la matanza de Larraín: “Eliza hubiera querido confesarle que ella había matado a Larraín disfrazada de actriz griega con una piel de tigre, la noche del teatro. No llegó a tiempo para salvar a Alberto. No tuvo el coraje de salvar a Soledad” (237). Al presentar el deseo de confesarse culpable del crimen por parte de Eliza al final, Marcos presenta una resolución inesperada y sin rastro en el texto que logra una subversión sutil del género. La trama policiaca se convierte entonces en trama política por la tortura y muerte de Soledad.

Se puede concebir la imposibilidad de que el lector solucione el misterio del crimen como una manifestación de lo que Patricia Merivale y Susan Elizabeth Sweeny llaman “la novela policiaca metafísica” (4). Según estas dos críticas, este tipo de novela policial subvierte las convenciones del género policiaco en las que normalmente las pistas están diseminadas en el texto, pero el lector no las puede desentrañar antes de la solución ofrecida por el detective. Con la falta de resolución posible por parte del lector, El invierno de Gunter plantea cuestiones posmodernas sobre la interpretación narrativa y los límites del conocimiento.

Otra característica que Michel Sirvent asocia con la novela policial metafísica es su intertextualidad (Sirvent 165-176). La tortura de Soledad en El invierno de Gunter establece una conexión intertextual fuerte e importante con el poema de Federico García Lorca, “El romance de la pena negra”. Este romance presenta los sentimientos de una gitana del mismo nombre, Soledad Montoya: “Cuando por el monte oscuro/baja Soledad Montoya. . . No me recuerdes el mar,/que la pena negra, brota/en las tierras de aceituna/bajo el rumor de las hojas./Soledad, qué pena tienes!/Qué pena tan lastimosa!” (25-26). Según Edward Stanton, Lorca personifica la pena negra en la figura de Soledad. Lorca ha afirmado “[la pena] se convierte en carne, toma forma humana y adquiere una línea definida. Se hace una mujer de piel oscura” (citado p. 35, traducción mía). Stanton luego agrega: “La oscuridad se siente tan intensamente que se hace material, filtrándose a través del cuerpo de Soledad, ennegreciendo su piel y su ropa” (p. 35, traducción mía).

Esta conexión con el poema de Lorca es sumamente importante para entender el personaje de Soledad en El invierno de Gunter. Soledad, torturada y matada por el gobierno, encarna la pena negra del poema de Lorca, y por eso comparte el nombre con la protagonista del poema.

El deslizamiento de novela policiaca a la novela política se combina con una gradual fusión con la novela existencial o filosófica. En términos generales, podemos hablar de la influencia del movimiento existencialista en las obras de Marcos y Roa Bastos, porque ambos enfatizan la importancia de la acción y el compromiso del hombre en el mundo y la creencia del fuerte lazo entre la literatura y la acción política (pp. 147-150, Henderson).

La tortura de Soledad en El invierno de Gunter tiene como propósito sellar la transformación existencial del protagonista que da título a la novela: Pancho Gunter. Gunter se presenta al principio de la novela como un paraguayo producto de padres fascistas, quien se vende al capitalismo norteamericano y llega a ser presidente del Banco Mundial. No es un protagonista que inspire mucha simpatía en el lector o que parezca importante al principio. Sin embargo, a medida que va desarrollándose la novela, Gunter adquiere más relieve y comienza a transformarse.

[Soledad] estaría también emocionada, aunque por la noche la volverían a torturar. Pero era hasta cierto punto dichosa, que casi le asustaba su felicidad. El arzobispo ni siquiera sabía que la vida nueva no se le había de dar gratuitamente, que hay que comprarla cara, pagar por ella con una gran hazaña futura... Pero aquí ya empieza una nueva historia, la historia de la gradual renovación de un hombre llamado Gunter. La historia de su tránsito progresivo de un mundo a otro, de su conocimiento con otra realidad nueva, totalmente ignorada hasta allí (90).

Lo que se sugiere en este párrafo clave del texto es que la tortura y muerte de Soledad es lo que inicia y posibilita la transformación de Gunter en una mejor persona. Paulatinamente, Gunter pasa de la indiferencia frente al encarcelamiento de su sobrina, a la lucha activa por su libertad y salvación. Cuando Soledad muere, Gunter decide dejar su trabajo en el Banco Mundial y volver al Paraguay, donde “La vida en su patria fue dura, pero feliz” (251).

Otro aspecto interesante de ese pasaje es que demuestra, igualmente, cómo se logra la transformación de Soledad, que antes encarnaba la pena negra del poema de Lorca, pero ahora, por el bien que le hace a Gunter, se describe como “dichosa” y llena de “felicidad”. Esta descripción, que enfatiza el sacrificio positivo de Soledad, su valor ético, demuestra cómo la trama policiaca conduce sutilmente al aspecto filosófico de la novela.

Sin duda, la novela de Marcos es fuertemente filosófica y del existencialismo inicial se desplaza a otras corrientes filosóficas que entran en juego gracias al recurso de la intertextualidad. La relación intertextual filosófica que más me interesa aquí es la conexión que se establece con las ideas de Antonio Machado, el autor estudiado por la protagonista Lynch, aunque no se cite directamente en la novela.

José Luis Abellán discute las ideas filosóficas de Machado y enfatiza su creencia en el subjetivismo idealista. Para Machado, “El mundo en que vivimos los hombres es... un mundo apócrifo, porque la razón y la lógica se han impuesto a la realidad construyendo su propia verdad; es decir, inventándola los hombres” (78-81).

Esta idea, de raíz kantiana, coincide con una visión histórica posmoderna para la que también hay varias versiones o interpretaciones de un mismo hecho. Abellán relaciona el subjetivismo idealista con el carácter utópico de la historia: “El oficio de historiador puede tener de hecho, pues, un carácter utópico y este sólo se pondrá en marcha mediante lo apócrifo, de modo que una de las principales funciones [del historiador] podemos decir que es poner en marcha el sentido utópico de la historia” (83).

Este mismo sentido utópico de la historia nos conduce al tema de la novela de Marcos como un ejemplo del género de novela histórica. El invierno de Gunter no responde a los postulados clásicos de novela histórica definidos por Georg Lukács, porque no habla sólo de eventos que ocurrieron antes del nacimiento del autor ni los presenta con un estricto realismo (19-30). En realidad, la novela pertenece a un nuevo tipo de novela histórica, al que llamo “novela histórica simbólica”: un género que utiliza los eventos históricos de un país como metáfora o símbolo de los eventos de otro. En su novela, Marcos alude a la guerra sucia y al gobierno argentino del proceso para establecer paralelos con la dictadura de Alfredo Stroessner en Paraguay. La acción tiene lugar en Corrientes (Argentina) y se hace una referencia directa al último presidente del proceso, el general Leopoldo Galtieri (183). Sin embargo, casi todos los personajes se modelan sobre homólogos paraguayos: Gumersindo Larraín comparte características con Alfredo Stroessner y el general González con el general Andrés Rodríguez; el arzobispo Cáceres evoca al arzobispo paraguayo Ismael Rolón Silvero, y la tortura de Soledad y Verónica fácilmente puede interpretarse como la tortura general de presos políticos paraguayos. A pesar de estos datos histórico-alegóricos, en los que la obra más se aproxima a la novela histórica posmoderna es a través de su retrato de Eliza Lynch. La protagonista comparte su nombre con la concubina irlandesa del presidente paraguayo Francisco Solano López y expresa interés por su tocaya a través de la novela. Este personaje logra crear un diálogo posmoderno sobre la figura de Elisa Alicia Lynch en la historia, porque contradice todo el discurso negativo sobre madama Lynch, a quien muchas veces se la representó como una prostituta ambiciosa que manipulaba a Solano López.

Un buen ejemplo de este diálogo posmoderno ocurre cuando Eliza critica el retrato de Lynch del libro Madama Lynch and Friend diciendo que es un libro “mbóre” (54). Una defensa semejante de madama Lynch también ocurre en la novela cuando Azuaga habla de ella como “una puta irlandesa” y el arzobispo paraguayo Cáceres responde: “Era irlandesa, pero no puta... con una voz tajante” (74). De esta forma se cuestiona el discurso oficial sobre Lynch, muchas veces escrito por extranjeros y proyecta una perspectiva distinta sobre esta figura histórica.

El retrato positivo de la histórica Elisa Lynch se proyecta, asimismo, en el retrato positivo de la protagonista con el mismo nombre. En la novela de Marcos, la sexualidad de la Eliza Lynch contemporánea se interpreta como libertad sexual femenina y el autor no la convierte en el estereotipo femenino de la mujer sexualmente asequible o prostituta. Más bien se sugiere que es una cuestión de perspectivas y los libros sobre la madama Lynch histórica imponen una perspectiva sexista y difamatoria según varios personajes de la novela.

Según las críticas Merivale y Sweeny, la novela policiaca metafísica cuenta entre sus características la ambigüedad, la falta de sentido de las pistas, una persona desaparecida, y la falta de clausura a la investigación” (8). Sirvent agrega que muchos textos utilizan la estructura de la historia policiaca aunque no pertenezcan estrictamente al género, porque “la estructura de misterio provee un lugar crítico en donde el lector puede participar en la misma intriga que se espera que complete” (158-159, traducción mía).

En lo que Sirvent llama el post-nouveau roman de la novela de detectives, la obra omite a propósito la escena convencional de explicación del crimen. Por lo tanto, “el lector tiene que completar la estructura incompleta” (162, traducción mía). Sin embargo, en este tipo de novela no hay indicios suficientes para que el lector resuelva el misterio, a lo que Sirvent agrega: “Los fines son casi siempre ilusorios, incompletos o infinitos” (172, traducción mía).

Las barreras borrosas entre los géneros literarios son una característica fundamental de El invierno de Gunter. Sin embargo, una comprensión de las normas genéricas es lo que posibilita acceder a esta novela tan rica y complicada y ver cómo subvierte las tradiciones donde, según mi lectura, radica su gran originalidad. Quizás esta sea otra de las contradicciones posmodernas con la que nos enfrentamos al estudiar la novela contemporánea.

La ambigüedad genérica es lo que nos permite comprender esta obra de la literatura paraguaya contemporánea.