1. La ilusión, especie de perfume, fue un tema alarmante, desde siempre. Lo que a Freud le inquietó en su texto “El porvenir de una ilusión”, 1927, el embelesamiento del rezo, es la religión como fenómeno ilusional cultural constitutivo de la civilización y de los vínculos sociales, como único cierto. Ilusión que no es un traspié, es una creencia; el delirio ilusional es hablar de algo que no existe.
Es un texto que aborda los ideales, las ilusiones que caracterizan al existir en la cultura y lo que podrá venir a ser entonces: el futuro de las ilusiones religiosas, una vez que pasen a incidir en la cultura humana, en el discurso hegemónico (arreglo y orden de los lazos sociales) y en el saber supuesto de las religiones, en el estar al dedillo de los cultos.
2. En el texto, Freud aborda una actitud regular humana parecida a un amanecer. Busca convencer que el sujeto lector se desprenda del espejismo religioso, sancionando a esta como la peor amenaza a la humanidad. Así, destaca a la razón científica en el lugar de la verdad y a la religión como la ilusión mentirosa. Freud piensa, en este texto, en una lectura manifiesta, que la racionalidad es un soporte para el saber en la modernidad. Y al mismo tiempo, de forma entrelazada, lo que hace al texto más interesante para “des-cifrar”, dice que la racionalidad no tiene el poder de acabar con las ficciones constitutivas del deseo que se sustenta en las fantasías y en las ficciones simbólicas e imaginarias que constituyen, inexorablemente, al ser humanizado desde y por el lenguaje.
3. Lo que ocurre es que la ciencia y la razón científica no producen el desaparecimiento de las ilusiones que remedan algún fervor épico, por un lado, y sí alimenta, por otro lado, nuevas ilusiones o delirios y crea un sujeto desilusionado que puede llegar a presentarse como un ser vaciado del deseo y su soporte: la fantasía singularizada desde una historia y cultura.
4. En nuestro tiempo del capitalismo, de torres altas, y de la tecnociencia, que no entierra ilusiones del sujeto narcínico, como caracteriza Colette Soler, tenemos las ilusiones prefabricadas, que llenan estadios y calles de sirenas, por la invasión de los medios de comunicación que son esenciales al funcionamiento del sistema y organización cultural en que vivimos, pero que no derriban puertas fundamentales. Aunque no sean del estilo religioso clásico, no dejan de presentarse en estas nuevas ilusiones, algo del orden de lo religioso-obsesivo-compulsivo, algo de mucha gloria y, al mismo tiempo, muchas penas. En este sentido, el texto freudiano nos dice y nos coloca cuestiones muy significativas contemporáneas, como bailar baladas sin otro. En el texto el “Porvenir de una ilusión” hay una cierta profundización del tema de obsesividad, del esclavo de la hora de la campanilla inútil. Algo que Freud ya había indicado en su trabajo “Actos obsesivos y prácticas religiosas”, 1907.
5 La cuestión sería si la religión, por un lado, como neurosis global, recurso de la cultura, y la neurosis obsesiva, modo de sostener una creencia, como “religión privada”, serían eliminadas gracias al saber de la ciencia, de un enfoque racional-cognitivo y, por otro lado, cuál es su función en la cultura. ¿Para qué sirve la religión, las creencias, las ilusiones, los delirios de fe que se afirman donde falta la probabilidad?
Genaro Riera Hunter
Ágape Psicoanalítico Paraguayo