Investigación científica: Nuevos tiempos en el Paraguay

Es difícil determinar los límites del ámbito de la ciencia en general y de algunas disciplinas consideradas como científicas en particular, más aun de cuantificar sus resultados y efectos sobre la sociedad.

Filósofos, historiadores, sociólogos, economistas y políticos han ensayado numerosas apreciaciones y realizado estudios al respecto sin lograr unanimidad.

Porque mientras existen actividades que por todos serían consideradas como científicas, otras están menos definidas y constantemente aparecen nuevos campos de estudios y esto resulta en debates.

Otra discusión, aunque menos ruidosa pero no menos importante, es la relación entre el apoyo de las ciencias por el Estado y el logro de resultados favorables al desarrollo.

Algunos humanistas estudiosos del quehacer científico son escépticos de esta correlación y del mismo valor de la ciencia y sus aplicaciones, porque se debe reconocer que esta, muchas veces, afecta los más predecibles modos de vida tradicional; sobre todo, el aspecto y, a veces, la calidad original del medioambiente.

Los científicos practicantes y los políticos suelen favorecer la idea de una relación positiva entre la inversión en ciencias y el progreso material de los pueblos. Porque así como es obvio el efecto deletéreo de muchas aplicaciones tecnológicas, existen datos económicos que indican una relación con el mejoramiento de la vida y el auge económico poblacional.

Un gran ejemplo como evidencia es que conocidos descubrimientos concretos en las ciencias básicas han devenido en una explosión de otros conocimientos y de otras aplicaciones, hoy de mucho valor económico. Típico sería el del descubrimiento de la molécula del ADN por Watson y Crick en la década de 1950, y la aparición de la biotecnología e ingeniería genética. Otro sería el de la tecnología de la información y comunicación, originado en investigaciones tecnológicas de uso militar antes de mediados del siglo pasado.   

Publicaciones científicas  

Para estudiar el estado actual de la ciencia en un país, su existencia y su valor, una manera practica es la identificación de las actividades científicas mediante el marcador biológico y social de la ciencia, que es la publicación científica.

Sabemos que la publicación es la última etapa de un largo proceso que se inicia con la formación de un investigador con otro de mayor edad y experiencia, el mentor, y su gradual aprendizaje de técnicas y métodos para testar o probar hipótesis, primero generadas por el mentor y luego ensayadas por el joven en formación, hasta su vuelo propio. Toda la actividad, independientemente de los métodos utilizados, alcanza hacia su final una etapa de validación; es decir, de reevaluación por otras personas científicas de la misma actividad que examinan críticamente el trabajo en cuestión.

Esto lo realizan los miembros del comité editorial de una revista científica, quienes en un tiempo breve, de uno a tres meses, se expiden sobre la validez o no del trabajo científico. Esta etapa de evaluación y validación inicial es crucial, porque solo de esta manera puede el científico afirmar que su idea y el desarrollo de esta en una proposición coherente y articulada, está aceptada por sus pares científicos y, por lo tanto, por la comunidad general de científicos.

La siguiente etapa de validación, también crucial, es la repetición del mismo trabajo por otros científicos no relacionados con el anterior. Este trabajo durará en el imaginario local y general hasta tanto aparezca otra idea mayor o mejor que la reemplace y forme desde ese momento una nueva manera de pensar. Se discute a nivel epistemológico si este proceso de cambio es por aposición, agregar algo mejor a un conocimiento previo que permanece de manera parcial; es decir, un mejoramiento del conocimiento anterior, o por revolución o cambio paradigmático.

Desde los trabajos de Thomas Kuhn (La estructura de las revoluciones científicas), historiador de la ciencia, hay quienes creen que el nuevo conocimiento nada tiene que ver con el anterior.

Esta manera de ver contrasta con la opinión de muchos científicos, que afirman que la ciencia revolucionaria es episódica e inusual, y que en la ciencia diaria lo que se hace es agregar un ladrillo más al edificio previamente construido.

Creo que el nuevo conocimiento se logra de las dos maneras y que una idea no descalifica necesariamente o totalmente a la otra, aunque a veces sí lo hace.   

Tiempos de cambio   

En un país poco desarrollado y con ciencia incipiente, estamos, sin embargo, observando indicadores de una mayor preocupación por la actividad científica en distintos estamentos académicos y no académicos del país.

Los productores agrícolas han creado un instituto de investigación biotecnológica, con el asesoramiento de un conocido científico hindú de nivel internacional, el Dr. Mohan Koli. El propio Estado ha creado otro centro de investigación agropecuaria.

Las colonias menonita con o sin asesoramiento externo han desarrollado por años investigaciones tecnológicas sobre el uso de nuevas pasturas y otros estudios en zonas secas.

El uso de transferencias tecnológicas en genética animal, desde el mejoramiento clásico por inseminación artificial hasta la transferencia embrionaria, y otras técnicas de manejo intensivo son ampliamente utilizados por cabañas ganaderas, de acuerdo a su ethos, de manera individual y no institucional.

Algunas facultades públicas y privadas (la UNA y UniNorte) están incorporando investigadores reconocidos, repatriados de grandes países y centros afamados de investigación, proveyéndoles buenos salarios y equipos para la investigación.

Las universidades han creado sus departamentos de investigación con una estructura para facilitar la aparición eventual de investigadores en sus instituciones. Aunque no creo que sea el mecanismo para aprender a investigar, pero respeto a quienes así lo creen, y el saber no daña, se han creado numerosos cursos de metodología de la investigación en la mayoría de las universidades.

Sus alumnos, por lo menos, se enterarán del significado de la investigación y cómo se conduce un estudio con el rigor requerido. La Universidad Nacional, de las manos de su rector, ha incorporado un sistema salarial diferenciado para investigadores de esa institución, que, luego de cinco anos, está siendo reevaluado desde el punto de vista de la productividad para hacerlo más meritocrático; ojalá esto se cumpla.

En ese sistema deben permanecer los que producen científicamente y los que no producen abandonarlo para dar lugar a quienes sí lo hacen. La ciencia es competitiva.

El CONACYT ha implementado el primer programa de incentivos a los investigadores científicos (PRONI) luego de un competitivo concurso, eligiendo a 112 científicos para una ayuda económica en el lugar en que estén y en tres categorías.

Algunos pocos muy buenos o con potencial no han logrado clasificar o han sido clasificados por debajo de lo que ellos creen son sus méritos. Pudo haber errores no intencionales. El sistema es perfectible.

Es difícil escribir y más interpretar reglamentos que, de apoyar una idea altruista y definida, puede convertirse en una telaraña kafkiana cuando aparece la hermenéutica jurídica.

Estoy seguro de que se harán las correcciones adecuadas antes de la próxima convocatoria, que conforme a los científicos así como a los inefables juristas; nuestros protectores inevitables en esta sociedad desconfiada.

Hay cien científicos ya calificados en espera de nueva financiación y, por lo menos, doscientos más que deberían ingresar en los nuevos concursos.

Estos jóvenes y no tan jóvenes investigadores, por primera vez, están nucleados en un sistema, están en condiciones de formar una comunidad nacional, definir los intereses de sus estudios y de su país, y actuar de acuerdo. En pocos años habrá más de quinientos investigadores de las distintas disciplinas igualitariamente representadas y sus miembros elegidos por sus pares nacionales e internacionales de las mismas disciplinas.

Estaremos ante el inicio de la masa crítica para intentar el gran salto y crear la nueva universidad de investigación, modelo en nuestro continente.

La actividad creadora merece protección. De esta depende el futuro, y la independencia y soberanía cultural del país.

Unos pocos individuos pueden cambiar la historia. Se debe apoyar todas las disciplinas porque no sabemos de dónde saldrá la gran idea.

Estamos ante un mundo en el que coexisten e interaccionan las culturas (J. Kagan): la tradicional milenaria humanística, la científica, que se originó en el siglo XVII, y la nueva, de las ciencias sociales. Una mirada única (como decía el naturalista Edward Wilson en su libro Consilience) aglutina a las tres culturas, con sus métodos, sus maneras de hacer y contribuir. Un factor común las identifica en su origen, todas dependen de la creatividad de sus cultores.

Es allí, en ese inicio del fenómeno epistemológico de producción del conocimiento, que todos son iguales.

Se requiere de la misma experiencia disciplinaria, gran conocimiento, uso de los métodos, imaginación y creatividad para avanzar el conocimiento disciplinar. En el arte, en las humanidades y en la ciencia. No hay diferencias.   

Nuevas y viejas revistas científicas

Otro indicador de que la situación de la ciencia está cambiando en el Paraguay es la aparición de numerosas nuevas revistas.

Recordemos las antiguas revistas emblemáticas que han sabido sobrellevar un duro destino y perduran con calidad: La revista del Centro Paraguayo de Estudios Sociológicos, bajo la dirección de los incansables defensores de nuestra cultura sociológica: doctores Domingo Rivarola y Luis Galeano; la revista clásica de la Sociedad Científica del Paraguay, desde la época del profesor Boggino; la revista de la cátedra de Antropología de la Universidad Católica desde la época de Chase Sardi y Adriano Irala Burgos, pasando por Moreno A., Melia, Zanardini; la revista Acción, de la CEPAG, o centro jesuita de estudios.

En el instituto de Investigaciones en Ciencias de la Salud ya existía desde la época de su pionero, el Dr. Moreno Azorero, una publicación. En la facultad de Ciencias Médicas, los Anales persisten y han mejorado su inicialmente dudosa calidad.

Existen las revistas de la Sociedad de Pediatría y del Lacimet, de buen nivel; la revista Tumores del Instituto del Cáncer, la revista nueva de la facultad de Odontología  UNA; la nueva revista del MSPyBS, de impecable realización; la revista en preparación de Medicina de UniNorte, priorizando la investigación científica médica original; la nueva revista de las facultades de Agronomía y Veterinaria, de nivel científico, y estoy seguro de que hay muchas más que no he tenido el gusto de conocer y examinar dada la vastedad del campo cultural y científico.

Esto va acompañado de la impresión de numerosos libros de historia, filosofía, literatura, etnología, biografías.   

Alcance internacional

Pero hay una limitación. En el caso de las revistas científicas, la gran mayoría (algunas no, la excepción típica es la del CPES) de las que hemos mencionado son de impacto local más que internacional; su andar espasmódico y su sobrevida corta.

La ciencia es universal, desde sus inicios posmedievales; su alcance no es la República del Paraguay, sino el mundo global.

En el caso de las ciencias formales, físicas, biológicas y las sociales (economía, sociología, antropología, ciencias políticas y educativas, etc), existen rigurosos sistemas de indexación selectiva para sus revistas que las clasifican por su valor científico, en la opinión de prominentes miembros de su disciplina.

Sin desmeritar las publicaciones en las revistas locales —porque es una obligación casi moral publicar en nuestro país— se debe intentar publicar a nivel internacional, siendo evaluados por científicos externos de reputación internacional.

También se debe realizar un gran esfuerzo para que nuestras revistas puedan acceder a los máximos sistemas de indexación, porque existen sistemas que son meros indicadores de existencia, como la mayoría de los índices latinoamericanos donde a veces nos ufanamos de acceder y son de poco rigor.

El Brasil y Chile lo están logrando. De unas pocas o ninguna revista de alta indexación hace veinte anos en ciencias médicas, en estos momentos existen numerosas revistas que han logrado acceder, mediante la excelencia de sus trabajos científicos, a dichos sistemas.

No es imposible. Debemos apuntar a la publicación en indexaciones de excelencia, en que la originalidad y el impacto de los trabajos es lo prioritario.

Los cambios en la nueva ley de universidades deberían aprovechar este buen momento para introducir un mayor compromiso de la actividad científica y cultural creativa en la universidad.

La función de la universidad es la investigación; la profesión se la aprende haciendo. La extensión universitaria en los países pobres debe ser secuela de la investigación. No confundamos el sentido básico misional de la universidad.

No existe universidad de países pobres y universidad de países ricos. La única pobreza que se diferencia es la mental.

El Estado debe asumir mayor presencia en el apoyo a la ciencia en general y a los científicos en particular, como lo están haciendo nuestros dos grandes países vecinos y el más pequeño: Uruguay, que siendo la mitad del Paraguay en territorio y población su apoyo a la ciencia es cien veces superior y agrupa diez veces más científicos en su sistema nacional.

Es encomiable que esté en los planes de nuestro actual Ministerio de Hacienda dar más apoyo a las ciencias. Las empresas y las industrias, en lugar de pedir subsidio para sus investigaciones en el CONACYT, deben  invertir su propio dinero en la investigación de potencial valor aplicado, que irá en su propio beneficio.

Así lo han demostrado los venture capitalists (capitales de riesgo) alrededor de las universidades de California en San Diego, MIT y Stanford en Silicon Valley. Los científicos proponen las ideas y los empresarios aportan el dinero. Una ecuación simple que no se entiende en este país, en el que muchas fortunas empresariales se han hecho con la ayuda del Estado.   

En este fin  del Bicentenario, percibimos una efervescencia cultural y científica en el país.

No siendo una persona particularmente optimista en este sentido, debo admitir que se están produciendo cambios bastante significativos en el Paraguay, en lo que respecta al campo científico.

Quisiera creer que, junto al buen desempeño macroeconómico (nos queda reducir aún más la pobreza y redistribuir más), existe un incipiente despegue cultural.

 

Representante del CONACYT ante el Consejo Nacional de Cultura y asesor científico en el Ministerio de Salud Pública y Bienestar Social.

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