Lecturas de todos los tiempos

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Hay lecturas que producen una sensación de bienestar. Me refiero a aquellas que son capaces de hacer crecer la imaginación y de despertar un sentimiento de dulzura o ternura en el alma.

Los libros antiguos no deben ser desdeñados y mucho menos si su autor goza de fama mundial.

Platero y yo es un claro ejemplo de texto ejemplar.

El muy célebre escritor español Juan Ramón Jiménez recreó en forma lírica la existencia de su burro Platero. La obra fue publicada en 1917 por la Editorial Calleja, pero a pesar de los años transcurridos desde su edición, sigue echando una luz, un parpadeo pícaro y un aire de frescor desde sus páginas a los lectores.

Platero y yo no es solamente para que lo lean los niños, como puede pensarse equivocadamente, sino también los adultos, pues la riqueza lírica y el vocabulario exquisito con que fue concebido el libro hace que tenga cabida, por decirlo así, en todas las edades y las mentes.

Ante tanta avalancha de la tecnología, propia de los tiempos modernos que vivimos, y que a veces terminan convirtiendo al ser humano en una suerte de “esclavo” de internet, un texto ameno, sencillo, sin mayores rebusques, como aquel que cuenta en forma tierna y delicada la historia de Platero, puede constituirse en una especie de refugio. Además, tiene cierto poder de trasladar a los adultos a la infancia, en determinados momentos, lo cual es digno de aprecio.
Es tan conocido el párrafo que da inicio a la obra:
“Platero es pequeño, peludo, suave; tan blando por fuera, que se diría todo de algodón, que no lleva huesos. Solo los espejos de azabache de sus ojos son duros cual dos escarabajos de cristal negro. Lo dejo suelto y se va al prado y acaricia tibiamente, rozándolas apenas, las florecillas rosas, celestes y gualdas... Lo llamo dulcemente: ¿Platero? y viene a mí con un trotecillo alegre, que parece que se ríe, en no sé qué cascabeleo ideal...”.

POESÍA PARAGUAYA

BAULES ESCONDIDOS

Me encontraba descalza

Sumergida entre baúles

Buscando mi “yo” escondido

No lo hallé en un solo día

Tampoco terminé de encontrarlo hoy

Lo sigo descubriendo cada día

Fue en este caminar desorientado

Que apareció una vez

Una singular inclinación.

Se hacía llamar “Poesía”

Vocabulario que en el fondo

Conocía

Unos fanáticos de ella

La veían en todos lados

En el amor y el dolor

No pude comprender

Lo que querían decir

Ella solo me seducía

Hoy quiero definirla

Y terminar diciendo

Con lo escrito más arriba

“Es una búsqueda

Entre baúles escondidos

De donde nacen

Sublimes emociones

Que en palabras traducidas

Podemos leerlas hoy”

Iris Fleitas