Nueva narrativa paraguaya

Con esta antología se anuncia la narrativa de las últimas apariciones en el contexto de la literatura paraguaya que, dicho sea de paso, goza de una excelente cantidad, pero al mismo tiempo de una sospechosa calidad. De todos modos, hay un río natural que va cristalizando aquellas obras que valen la pena sin perder la oportunidad de condenar aquellas producciones que carecen de rigor, creatividad y elevación estética.

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Sin embargo, más allá de esta disquisición, vale la pena acotar que Nueva narrativa paraguaya, presentada por Arandurã (diciembre, 2013), encarna una atractiva selección donde la calidad fluye desde un espejo cargado de fantasías y realidades amargas. Es la visión genuina de los escritores que fueron antologados, algunos marcando sus primeros pasos en el peregrinaje de la escritura, otros con cierto derrotero creativo en la literatura nacional. Lo interesante en este caso es que en el libro no existe esa diferencia generacional que suele marcar notorias incongruencias en cuanto a calidad.

En Nueva narrativa paraguaya hay un anclaje en nuestro tiempo. Y se podría hablar de una metamorfosis del lenguaje si es que vamos a comparar los cuentos de esta antología con aquellos que en su momento se empecinaron con las gárgaras del barroquismo que finalmente se esfuma en una retórica complicada, sin desnudar su verdadera esencia.

Un crítico hablaba en una antología de cuentos latinoamericanos de «nuevas subjetividades inquietadas de futuridad». En efecto, este material implica eso a través de una visión de presente. Es más, Nueva narrativa paraguaya abre el abanico, extiende su diafragma para compendiar una serie de relatos que marcan un territorio temático donde desfilan diversas texturas y se vislumbran las migraciones del discurso cuya configuración apunta hacia nuestra sociedad de repertorios cambiantes. Sobre este punto me gustaría repetir aquello de Julio Ortega: «Si el pasado se reescribe en la perspectiva del presente, la crisis de la temporalidad es nuestra forma de recordar y convocar. Visto desde aquí, el futuro se nos aparece como una temporalidad conflictiva cuya documentación factual (demográfica, económica, educaciones, urbana, ocupacional) declara, en efecto, un abismo entre la sociedad moderna y las masas de excluidos; como una relación inversa entre población y recursos y entre tecnologías y población educada (…) En este periodo libérrimo, superados los discursos dominantes del Archivo modernista, ganan curso los balances posmodernos (la crítica de los límites del programa de la modernidad compulsiva), que han demostrado ser más pertinentes desde la periferia; esto es, desde los márgenes donde se desintegran, por el lado de las mayorías pauperizadas, las agendas de la modernización, una a una incumplidas».

En esta antología es posible encontrar la amalgama de situaciones que emergen de la temporalidad y se proyectan para capturar los eslabones de un futuro que ya ha comenzado a construirse bajo en amparo de las realidades que nos toca vivir y que son parte de nuestra dimensión cotidiana.

Hay una disparidad temática en Nueva narrativa paraguaya, pero esta nada tiene que ver a la hora de medir las opciones que van planteando estratégicamente una literatura trashumante que asume el color de su epidermis a través de relatos colmados de hechos que vibran a ritmo denotativo y connotativo, transgrediendo y rompiendo límites. En esta antología se despedazan los mitos y se explora la dimensión de todo aquello que vive la gente de nuestros días.

Najeeb Amado, M. M. Ballasch, Blas Brítez, Damián Cabrera, Patricia Camp, Charles da Ponte, Julio de Torres, Juan de Urraza, Rolando Duarte, Milady Giménez, Juan Heilborn Díaz, Carlos Morales, Sebastián Ocampos, José Pérez Reyes, Juan Ramírez Biedermann, Jazmín Rodríguez, Ever Román, Luz Saldívar, Gustavo Torres, Eliana Ugarte, Diana Viveros, Javier Viveros, cumplen la importante función de exhibir lo que están haciendo como narradores de este tiempo en nuestro país, con lenguaje ajustado a una semblanza cotidiana de perfil urbano. Se puede afirmar que cada uno cumple con creces su cometido: reflejar los nuevos aires de una literatura arrinconada por tanto tiempo y desconocida por propios y extraños.

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