Es indudable que esta obra da mucho que decir, especialmente desde el ángulo de los rasgos del Post-boom, pues se presenta como una combinación de géneros. Bajo una intriga policíaca se entretejen muy sutilmente tramas políticas, crítica social, reflexiones filosóficas, episodios amorosos, cuadros eróticos y referencias literarias intertextuales, con técnicas literarias propias de la posmodernidad. Es por esa razón que he vacilado mucho en decidir el tema de este estudio. Este trabajo se centra en la sombra de Mijail Bajtín, y en el mensaje que el autor quería comunicarnos a través de tan complicadas destrezas literarias. Creemos que el escritor intenta denunciar el contexto absurdo de su país y, consecuentemente, este mundo también podría abarcar el universo hispanoamericano y el mundo entero en sí mismo.
Su manera de expresar el dolor y la protesta contra los males colectivos de Paraguay de manera irónica y paródica nos lleva a plantear el realismo grotesco del espíritu carnavalesco. Podemos analizar los diversos componentes carnavalescos que se observan en esta obra, al aplicar el realismo grotesco según lo interpreta Bajtín: lenguaje y libertad propios del carnaval; crítica irónico-satírica de diversas realidades socio-políticas, económicas y religiosas de Paraguay; intertextualidad carnavalesca como medio de transgresión y subversión contra esas realidades; escatología y degradación con poderes regeneradores. Con el carácter renovador, regenerador, transgresivo y subversivo, el carnaval es un verdadero ciclo de cambio y renovación. Además, encarna un rechazo a todo lo inmoral y prepotente, y, por lo mismo, un repudio al gobierno, la autoridad, la tradición, la iglesia oficial y las costumbres, con el objeto de transformar y construir un mundo más auténtico.
La novela empieza con una escena en la clase de Toto Azuaga en Oklahoma: aquí Azuaga habla del chamanismo de una tribu primitiva Tupí-Guaraní. La referencia a este mito guaraní no es una desviación del tema original, ya que, siguiendo el espíritu carnavalesco que conjuga la intertextualidad con la subversión político-social, la intención de El invierno de Gunter deja de ser unilineal para tornarse en una polivalente crítica de la realidad paraguaya en particular, pero también hispanoamericana, en general. Así el discurso sobre el chamanismo puede considerarse como un elemento definitivo y clave para interpretar la obra. Aunque sea momentánea, la referencia a este mito persiste como una sombra a lo largo de toda la obra, en paralelo con la sociedad primitiva y violenta de Paraguay.
Si interpretamos esta obra según la teoría de Bajtín, podemos relacionar este mito con el título de la obra: El invierno de Gunter. Aquí, “el invierno” puede ser interpretado en un sentido carnavalesco. Una lectura de esta novela desde diversos niveles nos remite al título del texto, El invierno de Gunter, y a la positiva conclusión de que el invierno puede simbolizar el mundo irracional y disparatado, donde sólo dominan la desilusión, la violencia, el desengaño y la desesperación. Al empezar en la página 201 el intento de liberación de su sobrina, Soledad, Gunter se da cuenta de que esto va a ser sumamente difícil y largo, y dice así: Va a ser un largo invierno. Este mundo absurdo y frío es un mundo carnavalesco y grotesco, cuya realidad se degrada de modo caricaturesco e irrisorio, reconstruyendo así desfiguradamente la naturaleza. Se entrevé la censura a la corrupción política del país mediante la obsesión de Gunter por la redención de su sobrina. Es obvia en esta parte la acerba crítica a la línea oficial de la política del país.
Volviendo al mito Tupí-Guaraní, con los karai, su chamanismo se diferencia del de otras tribus salvajes sudamericanas. Los karai no eran chamanes ni sacerdotes y lo único que hacían era hablar. Hablaban de la ausencia y el rechazo del padre en una comunidad local de ascendencia patrilineal. Al no haber padre, ya no hay linaje. De esta forma, este discurso subvierte el armazón mismo de la sociedad primitiva, basado en lazos de sangre. Atraen a las tribus indígenas mediante un discurso de ruptura con el discurso tradicional, desarrollándolo al margen del sistema de normas y valores antiguos, legados e impuestos por los dioses y los ancestros míticos. Hablan del carácter fundamentalmente perverso del mundo, y de la certidumbre de que es posible el establecimiento de un mundo bueno.
Como afirman los karai, el mundo paraguayo, donde de momento reinan el mal y la sinrazón de la dictadura, puede mejorarse y albergar esperanza con la llegada del mundo bueno; es decir, de la primavera. Hasta entonces, el mundo es caótico y escatológico, lo que causa que el invierno sea largo. La presentación del discurso de los karai comprueba la muerte de esta sociedad. Según el mito, ese mundo será destruido por el fuego y por un gran jaguar celeste, que dejará subsistir solamente a los indios guaraní. Aquí el mito desempeña el papel deformador del significado, sin llegar a negar la historia. A través de este mito, el autor nos hace entrever que el mundo es malo, pero que algún día ese mundo puede acabar, con lo que pueden esperar su fin. Con esta visión escatológica, la descripción absolutamente pesimista del mundo halla eco al admitir la existencia del pueblo paraguayo de hoy en día. Los paraguayos sufren la división y la desigualdad social en su propia piel. Un malestar profundo agita a los paraguayos y, como los karai, el autor nos anuncia la presencia del mal, la fealdad y el engaño en el mundo contemporáneo. De esta forma, a través del discurso de los karai, el autor deja entrever su mensaje: “Es necesario cambiar el mundo”.
Pero para cambiar el mundo, primero es necesario pagar un alto precio, y aquí Soledad funciona como un jaguar celeste que ha venido para salvar al pueblo Tupí-Guaraní en su nivel mítico. Ella es la “cacique-hechicera-profeta de los ka’aiguá-gualachí” (260). El invierno de Gunter es una novela policíaca con la doble muerte de Alberto y del brigadier Larraín, pero, en realidad, a nadie le importa quién es el asesino ni el proceso de investigación para encontrar el asesino. Sólo necesita un chivo expiatorio a quien poder echar toda la culpa y, en este caso, la acusada es Soledad. Soledad es un pretexto y una víctima, a la vez, para hablar del mundo de patas arriba, donde nada funciona legalmente y tan solo dominan la violencia y el desengaño. A lo largo de esta obra aparece como un presagio una frase bíblica que se repite varias veces y que al final remata la novela: “No dejarás con vida a la hechicera”. De esta forma, desde el principio, ella estaba destinada a morir y sacrificarse, pero nos deja entrever que su misión podría, a lo mejor, cumplirse con éxito. Podemos intuir que “el progreso encuentra al principio enormes obstáculos en su camino, pero que al final siempre sale triunfador”, lo que hace que podamos admitir el sacrificio de Soledad.
Aquí, la protagonista Soledad es, a la vez, Malena y se presenta como un personaje sumamente variable y cambiante. Soledad es una estudiante de diecisiete años, que saca buenas notas, una hija compasiva, y como dirigente estudiantil, organiza manifestaciones en protesta por la visita de un general estadounidense. Además, ella disfruta escribiendo poemas y leyendo a Trotsky. Pero es Malena cuando trabaja como prostituta en un prostíbulo. Mantiene relaciones sexuales con Verónica y, a la vez, con Alberto, sin importarle que Verónica sea hermana de Alberto.
Desde entonces se percibe una confusión narrativa en primera persona, tanto en diálogos con monseñor Cáceres como en las cartas, donde Soledad pone de manifiesto su desconcierto. El mundo de Soledad es un caos en sí mismo y no sabe qué hacer entonces. Es un amor transgresor que sabe que será objeto de total rechazo social. Con esta interrupción en la narración en primera persona, la historia se complica aún más y no sabemos quién y de qué se está hablando. Y es aquí donde empiezan la ruptura de la sintaxis oracional y la polifonía de las voces de los personajes para simbolizar este mundo caótico. Es como una variación musical que se intensifica poco a poco hasta que llega a su clímax, que es la muerte de Soledad. Y en esta escena se repite incluso tres veces la misma frase con el objeto de dejar un resabio triste (249). Asimismo, para manifestar más dramáticamente este caos, aparecen frases sin punto final (114). Por lo mismo, resulta muy difícil trazar una línea divisoria entre el segmento anterior de la presente parte y esta de la intertextualidad. Las frases intertextuales generalmente subvierten lo gratuito del texto original, cristalizan en una burla irónico-satírica, y a veces tan solo esbozan las realidades socio-políticas y religiosas del continente. Además, dentro de la ambivalencia a la cual se asocia el proceso de transformación buscado, no acepta ni dogmas, ni autoritarismo, ni una formalidad unívoca.
La novela se divide en tres partes, pero la muerte de Alberto y el brigadier Larraín, que es el hilo conductor de esta historia, no aparece hasta el último capítulo de la segunda parte. Desde la tercera parte empieza el encarcelamiento de Soledad y su proceso de redención, con la descripción de los problemas políticos y sociales. Hasta entonces, con la presentación de los personajes, el texto nos ofrece como un juego de rompecabezas, cuyas piezas deben los lectores ajustar haciéndolas sincronizar en un mundo caótico y desordenado.
De esta forma, con la participación de personajes que salen y entran sin orden cronológico, surge la heterogeneidad de unas voces en relación con otras. A través de estructuras polifónicas verbales y discursos de todo tipo, e incluso en varios idiomas, esta obra retuerce, altera e invierte los temas comunes de la sociedad dominante. Aparecen frases en inglés y en guaraní entreveradas con el texto en español y diálogos mezclados con los avisos clasificados del diario. A veces no se distingue quién es el narrador y de qué se está hablando. A menudo cambia, de pronto, la voz narrativa y brotan algunas frases de otro texto literario o la voz de otro personaje conversando en otro plano. El autor trama y combina minuciosamente este caleidoscopio narrativo y lo hace funcionar como un trampolín para mostrar más abiertamente la carnavalización de la vida. Es el retrato de una sociedad que ha venido tolerando tantos abusos, tanta injusticia y tanta crueldad que se deberían recordar para siempre y que deberían cambiar algún día. En estos personajes, el lenguaje está libre de convencionalismo y normas establecidas para dar una visión grotesca y totalizadora del mundo. Además, el acercamiento irónico-satírico a las deficientes realidades socio-políticas y religiosas, junto con la intertextualidad que se presta a ridiculizar costumbres, ideologías e irregularidades, y la escatología ofrecen a esta obra un brutal sello carnavalesco.
Después de la muerte de los padres de Alberto, que ocurrió en circunstancias sospechosas, Alberto se encuentra con Larraín, su tutor, y es ahí donde culmina la descripción grotesca del brigadier (155), para simbolizar la maldad de Larraín, que es el comienzo de todas las desgracias. El realismo grotesco sostiene que todo proceso intertextual es en realidad una parodia, en la que semánticamente se establece una relación un tanto más compleja; esto implica la puesta en ridículo de costumbres, ideologías y el lenguaje privativo del sistema vigente. Así, Alberto lo compara con su tutor en la infancia, el padre Marcelin, que era homosexual y cometía abusos sexuales infantiles contra sus pupilos. Alberto y Verónica creen que Larraín ha matado a sus padres para apropiarse de sus bienes e intentan vengarse de él.
Para eso, recurren a una obra teatral de Eugene O’Neill, A Electra le sienta bien el luto, un análisis psicológico de la condición humana que ha sido pisoteada por el destino. En esta obra teatral los personajes reflejan la estructura y los héroes de las tragedias griegas. En medio de todos estos conflictos psicológicos, los personajes tienen que hacer frente a su turbulento destino dentro de una sociedad puritana. En general, las obras de O’Neill muestran personajes que viven en los márgenes de la sociedad, y luchan por mantener las esperanzas y aspiraciones, aunque suelen acabar desilusionados cayendo en la desesperación. Este dramaturgio explora las formas más sórdidas de la condición humana. Esta obra teatral es otra clave para comprender El invierno de Gunter, en relación con el mito de Tupí-Guaraní.
En el teatro, los jóvenes aparecen con máscaras de jaguar, que son más americanas. En las escenas de la muerte de Alberto y el brigadier Larraín culminan las descripciones aun más grotescas y carnavalescas, con los sesos ensangrentados y salpicados de Alberto y la violación del brigadier al cadáver de Alberto. En ese momento aparece justamente el jaguar enmascarado con pistola en mano, y mata al brigadier. Vino el jaguar celeste para matar a la maldad y salvar al mundo. Soledad es detenida allí mismo en el teatro, acusada de practicar ilegalmente el chamanismo con el objeto de metamorfosearse en jaguar. Pero ella tiene la coartada de haber estado en el camarín de Verónica con el arzobispo de Corrientes. Sin embargo, la policía no muestra interés por resolver el caso. Más bien, parece tener la intención de utilizarlo como pretexto para saldar las deudas con los líderes de manifestaciones estudiantiles. Y desde entonces, empieza un largo proceso de tortura hasta que Soledad sale muerta de la cárcel.
La degradación es de los otros principios esenciales del realismo grotesco. Tiene un aspecto destructivo y otro regenerador. Asociados a la degradación encontramos los recursos escatológicos y la desacralización. La degradación, valor propio también de los mitos, consiste en “rebajar todo lo que es alto, espiritual, ideal, abstracto”, para convertirlo en carne, ponerlo en contacto con la tierra que traga y a la vez da nacimiento. “Degradar es enterrar, sementar y matar simultáneamente, con el fin de producir algo mayor y mejor”, explica Bajtín. Esto hace evidentes los dos aspectos, el destructivo y el regenerador, del humor carnavalesco. Según Bajtín, el autor crea a su personaje para evaluar el mundo que lo rodea: el héroe posee un carácter que crea y produce. El mundo que le rodea a Soledad ha degradado de modo caricaturesco la realidad y ha reconstruido desfiguradamente a la naturaleza. Se deja percibir la relatividad de todo lo existente y, por ello mismo, la posibilidad de cambiar. Ello permite observar al universo de un modo diferente y nuevo: “la muerte de lo caduco y el nacimiento de un nuevo mundo”.
Con la degradación de Soledad, es decir, con su sacrificio, aparece otro personaje: Gunter, que participará en los cambios y las orientaciones del futuro. La tercera parte pone al descubierto una visión caótica del mundo en la que predomina la inconformidad con las diversas realidades que se percibe a lo largo de la obra. Estas realidades que se denuncian con escenas absurdas son la indigencia cultural de Paraguay; su poca capacidad administrativa, el egoísmo, la codicia, el engreimiento y la hipocresía de muchos, la falsa piedad y la equivocada vocación religiosa de otros. Sustentan esa protesta las deplorables, injustas y absurdas realidades imperantes en el continente desde la época colonial.
Gunter hace uso de todas sus relaciones personales para salvar a Soledad, pero bajo la dictadura no funciona nada, excepto la voluntad del dictador. No existe ley ni razón, sino solo la violencia, el dolor y la soledad. Aquí lo único vigente es el capricho del dictador y no se puede hacer nada con los recursos legales. Lo único que desea Gunter es llevar a Soledad a su casa en Washington, pero es incapaz de lograrlo y se mantiene con los brazos cruzados.
Sin embargo, Gunter empieza una nueva historia, la historia de su gradual renovación, la historia del tránsito progresivo de un mundo a otro, del reconocimiento de otra realidad nueva, totalmente ignorada hasta entonces. Renuncia a su trabajo en Washington para reintegrarse en Paraguay y para ser útil en su país, agobiado con tanta pobreza. Lo trivial constituye solo la apariencia, pues es obvio que se requiere un nivel profundo de lectura y conocimiento de la historia y las realidades que motivan la burla para acercarse al sentido que entrañan: con la polifonía de voces se incrementa la crítica irónico-satírica de las realidades paraguayas y, por extensión, al mundo hispánico. Según Bajtín, este tipo de crítica puede equipararse a la alegre celebración de la primavera, del año nuevo, de las bodas, etc. Son celebraciones que llevan en sí un anhelo de cambio y renovación.
Como en el mundo carnavalesco, se cancelan todas las leyes y prohibiciones y se suprimen las jerarquías y las desigualdades sociales, con sus matices subversivos, críticos y paródicos frente a los valores establecidos, a través de un lenguaje popular, vulgar y obsceno. Todo aquello que estaba cerrado, desunido, distanciado por una visión jerárquica de la vida corriente entra en contacto y empieza a conjugar lo sagrado con lo profano, lo alto con lo bajo, lo grande con lo miserable. Y es aquí en este plano donde está ubicada Soledad, pero su imagen no es bufonesca, sino que se equipara a la connotación del jaguar celeste que tiene la misión de salvar a las tribus Tupí-Guaraní. Al final de la obra, ante los ojos atónitos de los asistentes al funeral del general González, que se suicidó avergonzando por la muerte de Soledad, aparece un cometa en la cabeza del jaguar que parecía ser la aparición de Soledad. Incluso, los más pesimistas creen reconocer en dicho apocalíptico instrumento a Soledad, mitificada, anunciándoles en esa forma peregrina y grotesca la inminencia del Juicio Final. A ella se le permite ser redentor, pues con su muerte, termina dándole vida a un nuevo ser (Gunter). El pecador es perdonado, y nace un hombre nuevo. La resurrección y la renovación son la primavera, el final del invierno.
De tal manera Soledad y Gunter nos ofrecen una percepción carnavalesca del mundo: “pathos de cambios y transformaciones, de muerte y renovación.
El carnaval es la fiesta del tiempo que aniquila y renueva todo. Así es como puede ser expresada la idea principal del carnaval”. El Invierno de Gunter es un fascinante cronotopo carnavalesco que se transfigura en arte y transmite todos los elementos estéticos que hacen posible que el mundo se vuelque al revés, con las consecuencias que pueden surgir de tal revolución. Asimismo, se observa a lo largo de esta novela, una marcada inconformidad con las realidades de Paraguay y de Hispanoamérica. La hipérbole que la caracteriza, junto con su visión caótica del mundo, se convierten en armas de ataque contra las inmoralidades y los abusos del poder político y religioso.
Referencias
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Universidad Kyung Hee, Seúl
