De la lenta pero sostenida desaceleración se pasó a la recesión. Pero ahora lo importante es lo que se viene. A tal efecto, en su reciente informe trimestral, el Central del Paraguay (BCP) da cuenta de una propensión positiva. La economía en estos últimos tres meses creció un 2,8 por ciento, en comparación a lo que venía dando desde el inicio del presente año.
Los motivos de esta tendencia son las mismas de siempre. La agricultura mediante la soja conjuntamente con rubros agrícolas como el maíz, arroz, sésamo, canola y otros van mostrando una mejor dinámica que inciden con efectos multiplicadores.
Sin embargo, todo ello bien puede ser el comienzo de algo que esperamos se pueda dar o apenas será un placebo que mitiga momentáneamente el dolor. La realidad es una sola. Pretender tapar el sol con un dedo no solo sería ridículo sino contraproducente: Paraguay debe mirar en un horizonte de alto crecimiento mediante buenas medidas y reformas, dejando de lado las vetustas ideas de recetas que son como un lastre que ralentizan su enorme potencial.
Economía en recesión es oportunidad
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Una economía en recesión es una oportunidad. Si bien existen factores exógenos relacionados a la caída de la economía también es cierto, y mucho, que son más bien factores endógenos provocados aquí dentro los que requieren ser modificados. Esto de seguir con el discurso del entorno internacional, como si el país algo pudiera hacer al respecto, no tiene sentido alguno.
El problema lo tenemos aquí dentro, con ideas y prácticas que perpetúan un modelo que no es consistente para dar el gran salto. Pero para entender esto, en primer lugar, los mismos políticos y técnicos deberían dejar de repetir aquello del efecto “rebote” como si la economía fuera parte de las ciencias exactas que responde a leyes resultantes de la física. Esto es un grave error que no es gratis porque conlleva a tomas de decisiones equivocadas, como en efecto sucede a la fecha.
No obstante, no hay nada que pueda impedir que la economía paraguaya crezca no solo al 3,5 por ciento como se espera, sino al 6 y 7 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB) de manera continua. El único problema para tal desiderátum es el mismo gobierno que, por cierto, tiene funcionarios que merecen distinción como Arnoldo Wiens en el Ministerio de Obras Públicas y Comunicaciones.
Sólo esta dependencia del Estado permite un insuficiente en lugar de un aplazado porque la reforma “deforma” tributaria que ingresa en estos días es uno de esos lastres que molestará todavía más a la gente en un momento que se necesita apoyar el crecimiento en vez de ese lastre impositivo que inhibe la producción y la productividad.
Gasto público
Mientras, por un lado, se prepara minuciosamente y con todas las sanciones habidas y por haber para poner en ejecución la “deforma” tributaria para aumentar todavía más recaudación; por el otro, por el lado del gasto, su disminución y calidad de ejecución, desde la ciudadanía contribuyente se sigue esperando a la fecha un plan al menos básico que concite confianza y adhesión hacia sus autoridades.
En tal sentido, si el gobierno no se percata que el crecimiento del PIB es una cuestión de incentivos, de expectativas racionales y de ampliar cuanto más se pueda la confianza hacia el poder de turno, pues entonces quiere decir que hay lecciones elementales de política y economía todavía no comprendidas del todo o tal vez a propósito dejadas de lado. Cualquiera de estas dos razones muestra la falta de respeto hacia el contribuyente, hecho que no solo está muy mal sino que es un fastidio tal que terminará por afectar la misma sostenibilidad de la democracia.
La economía del país se enfrenta a uno de los mayores desafíos de su historia. Es tiempo que los gobernantes de todos los partidos, con los técnicos que los asesoran, comprendan que el problema en Paraguay no es la pobreza, ni el desempleo ni la repartición de tierras y tampoco la corrupción. Todo esto son efectos de una causa.
El estatismo que agobia la economía dispensa riquezas mal habidas y en la sociedad de los privilegios se alimenta de las recaudaciones que terminan en más y mal gastos.
Todos los recursos provienen del dinero de los contribuyentes, los convidados de piedra, quienes alimentan a un sector estatal inútil que en lugar de proveer seguridad jurídica, garantías a la propiedad privada así como certidumbre institucional, se dedica a sostener a un régimen de políticos populistas, de prebendarios y corruptos que postergan indefinidamente el progreso impidiendo las reformas.
Estas reformas empiezan, precisamente, con ese plan que, por cierto, no se presentó aún y que exprese en los hechos la voluntad de contención y disminución de los gastos superfluos para no seguir esquilmando el ahorro y la inversión del sector privado. No hay impuestos sin contra prestación de servicios. No es sostenible el Estado de Derecho con una economía empobrecida como tampoco es viable el crecimiento del PIB sin reformas tan elementales como la indicada. Esto será el verdadero comienzo de una genuina recuperación. Lo que está en juego en el país no es poca cosa.
(*) Decano de Currículum UniNorte. Autor de los libros “Gobierno, justicia y libre mercado“; “Cartas sobre el liberalismo“; “La acreditación universitaria en Paraguay, sus defectos y virtudes” y otros como el recientemente publicado “Ensayos sobre la Libertad y la República”.
