Políticas públicas y la urgencia de contener a la clase media emergente de Paraguay

La sociedad paraguaya se caracterizó durante los últimos 150 años por su nivel de precariedad. La Guerra contra la Triple Alianza fue clave en la falta de capacidad para acumular capital y tras este período la economía quedó desestructurada, limitando planes de mediano y largo plazos solo a la subsistencia. En esta edición se analiza la clase media en el difícil escenario socioeconómico que vivimos, para el que urge medidas públicas que ayuden a contener el segmento y sostener empleos para la reinvención de actividades. Este grupo sería clave en el proceso de recuperación económica del país.

Faltan políticas públicas que podrían mitigar el alto  impacto del nuevo  escenario que estamos viviendo por el covid-19, para el segmento  que sería  clave para dinamizar la economía.
Faltan políticas públicas que podrían mitigar el alto impacto del nuevo escenario que estamos viviendo por el covid-19, para el segmento que sería clave para dinamizar la economía.

La clase media posee varias definiciones dependiendo de la disciplina desde la cual es estudiada. Los sociólogos y otros cientistas sociales la determinan de acuerdo con las condiciones de vida de la persona como el nivel

educativo, el empleo o de la propiedad de bienes básicos duraderos o de una vivienda. Los economistas, en cambio, consideran la clase media valorando el nivel de ingresos de las personas. Hasta la actualidad, el concepto técnico-económico ha tenido muchas interpretaciones, aunque algunas no han sido homogéneas ni han ido en la misma línea.

Organismos internacionales como el Fondo Monetario Internacional (FMI) clasifican a los grupos sociales considerando sus rangos de gastos. El esquema se construye de la siguiente manera: las personas que pertenecen a la pobreza extrema gastan por debajo de US$ 1,9 al día y las vulnerables entre US$ 2 y US$ 10,99 al día. Las personas incluidas dentro del grupo de clase media cuentan con una capacidad de gasto entre US$ 11 y US$ 110 al día y las que pertenecen a la clase muy alta, superan los US$ 110 de gasto al día. Estos valores son a Paridad de Poder Adquisitivo de 2011 (PPA), método utilizado para convertir diferentes monedas a una común y eliminar las diferencias en los niveles de precio entre países.

Para el Banco Mundial (BM) existe una clasificación denominada “población vulnerable”, es decir, personas que no están en la pobreza, pero que tienen una alta probabilidad de caer en la pobreza ante condiciones adversas que afecten sus ingresos. La capacidad de gasto se encuentra entre US$ 5.50 y US$ 13 por día. En tanto que los hogares considerados dentro de la clase media tienen, según el BM, una baja probabilidad de caer en la pobreza. Este segmento de la población genera ganancias entre US$ 13 y US$ 70 por día.

PUBLICIDAD

Los mencionados valores deben ser aplicados a cada miembro de la casa. Por tanto, un hogar es de clase media cuando los ingresos disponibles permiten una capacidad de gasto de todos los miembros de la familia.

En el mundo existen aproximadamente 3.800 millones de personas en los segmentos de clase media y millonaria. Esto representa al 50% de la población mundial que tiene la capacidad de gastar entre US$ 11 y US$ 110 al día, de acuerdo con un estudio dado a conocer en 2019 por el World Data Lab.

Evolución de la clase media

La clase media surge tras la Segunda Guerra Mundial cuando Estados Unidos y Europa comienzan su proceso de recuperación económica. Esta nueva etapa permitió que muchas familias mejoraran su calidad de vida la que se vio reflejada en el confort y equipamiento del hogar, es decir, en el acceso de bienes y servicios hasta entonces disponibles solo para la clase más alta de la sociedad. Por tanto, este segmento de la población cobró espacio, primero en el mundo desarrollado, para luego extenderse a todos los continentes.

PUBLICIDAD

América Latina comenzó a observar la ascensión de una clase media a finales de la década del 90. Si bien en Buenos Aires, la clase media ya era visible desde un siglo atrás, no fue hasta la década del 90 cuando la capital se sumó a la de Brasil y Chile donde se registraron los primeros efectos en la economía. La alta demanda generada por prácticas de consumo más exigentes y sofisticados inyectaron dinamismo a la economía de estos países.

El nuevo estilo de vida de la clase media latinoamericana era un reflejo de lo que se vivía en las ciudades íconos de la moda como París, Londres, Florencia, Madrid y Nueva York. Lo que a su vez generó un importante movimiento de personas que iban de vacaciones o realizaban viajes de actualización a esos y otros puntos del mundo. En ese período, las clases altas y muy altas también cobraron notoriedad y se limitaban a una pequeña cantidad de familias que se vieron beneficiadas con la bonanza económica de ciertos sectores como el caso petrolero en Venezuela. Este reducido grupo demandaba productos exclusivos por lo que su alto estándar de vida no se acercaba a los parámetros considerados para la clase media.

En América Latina y el Caribe, el aumento de la clase media estuvo relacionado, al menos en parte, al “boom” de los precios de los commodities, es decir, al crecimiento económico de los países de la región.

Estudios de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) y la Comisión Europea, revelaron que aproximadamente 288 millones de personas o 40% de la población en América Latina y el Caribe pertenece a la clase media vulnerable, mientras que el 23% de los latinoamericanos se encuentra por debajo del umbral de la pobreza. Las proyecciones para el 2030 apuntaban a que la clase media en América Latina y el Caribe incluiría a 345 millones de personas. Las estimaciones necesariamente deberán ser revisadas tras la pandemia.

Paraguay y la emergencia de la clase media

Paraguay no acompañó el auge de la clase media latinoamericana. A finales del 90, el país cargaba con un nivel de pobreza de alrededor del 60% de su población, producto del desajuste en el desempeño de su economía que, por ende, no se tradujo en el mejoramiento de los ingresos de su población.

La sociedad paraguaya se ha caracterizado, durante al menos los últimos 150 años, por su nivel de precariedad. A decir, una población rural y urbana que aprendió a vivir con las condiciones mínimas vinculadas a su reducida capacidad de ahorrar, invertir y crear stock. La Guerra contra la Triple Alianza fue clave en la falta de capacidad para acumular capital en Paraguay. Tras este período bélico, la economía quedó desestructurada, limitando los planes de mediano y largo plazos, teniendo en cuenta que la consigna era solamente subsistir.

Como resultado de estos condicionantes históricos, la sociedad paraguaya no vio aparecer una clase media como sí sucedió en los países de la región. Sin embargo, pese a las limitaciones conceptuales y considerando las acepciones, en el lenguaje popular se instaló la categorización de clases como la alta, media y baja. No obstante, su élite económica estuvo compuesta por muy pocas familias y el resto del espectro social, o sea, un gran porcentaje, lo integraban familias en situación de pobreza o vulnerables.

Al considerar la estructura económica del Paraguay de los años 90, el sector comercial, de servicios, así como las oportunidades de consumo se caracterizaron por un comportamiento básico y hasta restringido de su población. Este esquema sufre una ruptura en las últimas casi dos décadas motorizado por el crecimiento económico sostenido registrado en el país.

La bonanza económica se trasladó en el aumento de los ingresos de las familias paraguayas, lo que a su vez se reflejó en una reducción significativa en los niveles de pobreza y pobreza extrema existente hasta entonces en Paraguay. Este grupo que salía de la pobreza migró hacia el segmento de la clase media, convirtiéndose así en un hecho histórico a nivel económico y social del país.

La disponibilidad de más recursos creó un nuevo patrón de consumo en la emergente clase media que, a diferencia de otras sociedades latinoamericanas, se caracterizó por una sobredemanda de productos.

Este incipiente segmento de la población realizó apuestas significativas tendientes a mejorar su calidad de vida. El equipamiento del hogar con la compra de electrodomésticos (heladeras, lavarropas y otros) y el mejoramiento en la vivienda (materiales de techo, piso, paredes) se convirtieron en prioridad para este nuevo grupo social. De hecho, para satisfacer sus nuevos requerimientos, un alto porcentaje de este segmento recurrió al endeudamiento. Un aumento de los ingresos atado a deudas y con limitadas capacidades de administración y sostenimiento, convirtió a la clase media paraguaya en vulnerable.

Una clase media paraguaya que, en los últimos 15 años, ha tenido un crecimiento muy importante, pasando del 26% al 54% de la población total. Esta expansión significó un aumento de 7,3% por año, según datos de la Dirección General de Estadística, Encuestas y Censos (DGEEC).

Perspectivas de la clase media ante un nuevo escenario socioeconómico

Como se ha observado, la clase media en Paraguay venía en un claro proceso de ascenso. Sin embargo, en los últimos meses, este proceso se vio abruptamente interrumpido por la pandemia del covid-19, que sacudió al país igual que al resto del mundo.

El aislamiento social preventivo y obligatorio afectó de manera considerable el funcionamiento de la economía. Los sectores comerciales y de servicios sintieron el impacto de la inactividad que, hasta inicios de marzo, eran dinamizados por una clase media pujante. En la actualidad, este segmento de la población ha limitado su plan de gastos en salidas, compras de vestimentas y otras actividades en el campo del ocio.

Actualmente la clase media en Paraguay se encuentra ante el desafío de mantenerse dentro del segmento y no engrosar los indicadores de pobreza que existen en el país.

Desde que el covid-19 llegó a Paraguay, las políticas públicas se han centrado en acompañar a la clase más vulnerable del país con subsidios y ayudas económicas. En ese sentido se han reforzado los programas sociales ya existentes como Tekoporã y Adultos Mayores. Además, se ha creado un nuevo programa con la Ley de Emergencia Económica denominado Ñangareko, consistente en una asistencia monetaria de G. 500.000 a familias en situación de vulnerabilidad.

En tanto que, la clase media ha visto, tímidamente, un par de medidas paliativas como el programa Pytyvõ, dirigido a trabajadores formales e informales afectados por la pandemia. La asistencia significó una transferencia monetaria del 25% del salario mínimo vigente.

Otra asistencia ha sido la compensación económica a los trabajadores cesados laboralmente. El Instituto de Previsión Social (IPS) recibió US$ 100 millones para canalizar el 50% del salario mínimo a cada empleado suspendido laboralmente. Muchas de estas personas son parte del segmento social que hoy se encuentra en riesgo de salir de este espectro, si es que ya no lo hicieron. Además, se debe considerar que un incremento en la cantidad de personas en situación de pobreza representa una demanda adicional para el Estado.

Por todo lo anterior, urgen medidas públicas que ayuden a contener a la clase media. Políticas que apunten a mantener el empleo, las remuneraciones intactas o que sufran leves reducciones e incluso incentivos para la reinvención de actividades contribuirían a sostener este segmento tan importante de la población. Un grupo que sería clave en el proceso de recuperación económica del país.

Empleo

La OIT y Cepal estiman que al final de este año habrían más de 11,5 millones de nuevos desempleados en toda América Latina y el Caribe.

Recurso

Disponibilidad de más recursos creó un nuevo patrón de consumo en la emergente clase media, a diferencia de otras sociedades latinoamericanas.

Engrosar

La clase media se encuentra ante el desafío de mantenerse dentro del segmento y no engrosar indicadores de pobreza que existen en el país.

Impacto

El aislamiento social obligatorio impactó de forma considerable el funcionamiento de la economía, en especial a sectores comerciales y de servicios.

Región

El CAF señala que con tasas de crecimiento negativas proyectadas para la región, el impacto indefectiblemente se sentirá en clase media.

Riesgo

IPS captó US$ 100 millones para canalizar 50% de salario mínimo a empleados suspendidos laboralmente; muchos son parte del segmento social en riesgo.

PUBLICIDAD
PUBLICIDAD
PUBLICIDAD