Frigoríficos versus ganaderos, controversia entre poderosos

Se viene dando una controversia entre dos sectores importantes de la economía nacional. Los ganaderos reclaman a los frigoríficos que el precio de la carne que se les paga está por debajo de la cotización en alza en el mercado internacional.

Víctor Pavón (*)
Víctor Pavón (*)Archivo, ABC Color

La Asociación Rural del Paraguay (ARP) y la Asociación Paraguaya de Productores y Exportadores de Carne (Appec) consideran llamativo que los frigoríficos solo ofrezcan pagar US$ 2,70 por kilo de ganado novillo. Por su parte y en respuesta a lo antedicho, la Cámara Paraguaya de Carnes (CPC), que representa a los frigoríficos, dice que están pagando menos porque necesitan ser competitivos ante Brasil, en Chile y Rusia; además, afirman que pagan más de lo que sus pares en Brasil abonan a los ganaderos de ese país. Los productores de carne van todavía más lejos. Sostienen que se está ante una “injusticia comercial” debido a que siendo ellos más de 150.000 productores en el país, con un millón de personas que viven directa e indirectamente de la ganadería y siendo los frigoríficos apenas seis, entonces unos pocos están distorsionando la oferta y la demanda. Todavía más, dice que de las seis empresas (frigoríficos) que se dedican al faenamiento, una sola lleva el 40%, la empresa Minerva, por lo que consideran se está ante una distorsión del mercado. Los ganaderos concluyen acerca de la existencia de un monopolio, mejor dicho, oligopolio, por el cual unos pocos (oligo) y polios (oferentes) por parte de los frigoríficos. Expuesto el tema, los ganaderos están en su derecho a quejarse acerca de los precios que les pagan los frigoríficos, pero también es preciso hurgar a fondo la cuestión.

Producción y competitividad internacional

De manera de no afectar el funcionamiento de la economía de mercado que tanto bien le está haciendo al sector productivo nacional, es preciso no caer en un error en esta controversia. De darse un alejamiento en el análisis de la economía y el derecho, lamentablemente ninguno de los dos sectores saldrá ganando, todos ellos estarán perdiendo por cuanto que se afectará a todo el sector cárnico en su competitividad internacional y de ese modo e igualmente la producción hasta los precios y la calidad de la carne que llega a los consumidores.

Si se persiste que se está ante un caso de monopolio, entonces se estará dando lugar a situaciones que perjudicarán una solución viable para las partes. En efecto, si desde el vamos se considera que un lado está a favor de que los precios sean bajos para la gente, y del otro lado están los que solo desean ganar a costa de los demás, es natural que esto se vea como una pelea entre buenos y malos, y la realidad es que no es así. Tanto los frigoríficos como los ganaderos tienen motivos válidos. Y como era de suponer se pretende elevar este caso ante los órganos estatales como el Ministerio de Agricultura y Ganadería, que deberá de alguna manera mediar e incluso expedirse, lo que con-

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llevaría finalmente a que se llegue incluso a los tribunales. Sin embargo, y para evitar males peores, pues como dije está en juego toda la cadena de producción cárnica en el país, considero necesaria una mirada de este caso desde la economía y el derecho.

Sería un error, que el caso suscitado tenga que ser dispuesto, según lo establecido en la Ley N° 4956/13 de “Defensa de la Competencia” y su decreto reglamentario. Y no lo digo porque desconsidere sobre la necesidad de preservar la competencia en el mercado, sino porque infelizmente muchas de estas legislaciones son aplicadas precisamente para menoscabar la misma competencia.

¿Monopolio y abuso posición dominante?

El mismo concepto de abuso de posición de dominio en el mercado –figura calificada por el derecho de la competencia para el correcto funcionamiento del mercado– contiene vicios analíticos que no dejan ver el fondo de la cuestión. Al respecto, nuestra Constitución Nacional, en el Art. 107, Capítulo IX, Sección I, De los Derechos Económicos, sobre la libertad de concurrencia: “Toda persona tiene derecho a dedicarse a la actividad económica lícita de su preferencia, dentro del régimen de igualdad de oportunidades. Se garantiza la competencia en el mercado. No serán permitidas la creación de monopolios y el alza o la baja artificiales de precios que traben la libre concurrencia”.

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Interrogantes en la disputa

En el sentido expuesto, la libre concurrencia consiste en la libertad de trabajo, la libertad de ejercer el comercio o industria lícita, rechazando todo tipo de monopolios de lo que también se entiende que ninguna práctica abusiva puede ser amparada por el ordenamiento jurídico. En consecuencia, dos interrogantes surgen de la disputa entre ganaderos y frigoríficos.

Primera pregunta: ¿Estamos ante un caso de monopolio o en su defecto de oligopolio por el cual unos pocos (oligo) y polios (oferentes-vendedores) conformado por los seis frigoríficos en nuestro país, contrario a lo establecido en la Constitución Nacional? Segunda pregunta: ¿Se está ante un hecho violatorio de la Ley N° 4956 Defensa de la Competencia, que en su Art. 2° inciso 2, que dice: “se prohíbe el abuso de posición dominante, así como todas las prácticas, conductas o recomendaciones individuales o concertadas que tengan por efecto u objeto, limitar, obstaculizar, distorsionar o impedir la competencia existente o futura en el mercado relevante”?

Hay una tendencia errónea en la política económica que afirma que las empresas privadas en un momento dado se coaligan en poderosos grupos que atentan finalmente contra la libre competencia. Que pueden fijar precios y de ese modo perjudican a los demás. La realidad es que dada la existencia de una economía de mercado resultan imposibles los monopolios u oligopolios y la razón es que se basa en la libre competencia, en el mercado siempre abierto a que ingresen nuevos oferentes. Si se da un caso de monopolio u oligopolio es porque hay un poder capaz de otorgar privilegios a ciertos sectores y ese poder deviene exclusivamente del Estado. El monopolio rompe con la competencia debido a que es creado y protegido por el mismo Estado que no deja regir las naturales reglas de la oferta y la demanda. Y este no es el caso con los frigoríficos en nuestro país. Igualmente, no se da la situación de abuso de posición dominante puesto que no se está ante una situación de conductas concertadas que tengan por objeto distorsionar los precios y la competencia. En cualquiera de las dos situaciones señaladas, los ganaderos pueden y están en su absoluto derecho de contar, si así lo desean, con sus propios frigoríficos.

¿Producto estratégico?

De no darse este análisis desde la economía y el derecho, esta controversia terminará en situaciones lamentables como la de considerar a la carne como un “producto estratégico” o de “soberanía alimentaria” o como bien público por parte del Gobierno y de ahí en más solo cabe el populismo con la notable disminución de inversiones, producción, la comercialización, las ventas, el transporte, empleos y servicios que presta el sector cárnico del país.

(*) Decano de Currículum UniNorte. Autor de los libros “Gobierno, justicia y libre mercado”: “Cartas sobre el liberalismo”; “La acreditación universitaria en Paraguay, sus defectos y virtudes” y otros como el recientemente publicado “Ensayos sobre la Libertad y la República”.

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