Paraguay ante la imperiosa necesidad de reformar el Estado bajo un modelo altamente inclusivo

Con el agotamiento fiscal para llevar adelante nuevas acciones con recursos genuinos y el comprometido espacio de financiamiento para proyectos en general, la crisis sanitaria por covid-19 se presenta como la oportunidad para repensar y explorar nuevas alternativas de sostenimiento estatal. Más aún en el proceso de recuperación económica del país en el mediano y largo plazos, y en un contexto donde se convivirá con el virus. El primer paso para avanzar en la reforma del Estado debería centrarse en una profunda revisión del componente fiscal, que apunte a la reorganización y sinceramiento de los gastos.

EN LOS ÚLTIMOS 3 AÑOS MEJORÓ LA RECAUDACIÓN FISCAL
EN LOS ÚLTIMOS 3 AÑOS MEJORÓ LA RECAUDACIÓN FISCAL

En la segunda semana de marzo, Paraguay registró el primer caso confirmado del coronavirus covid-19. Los estragos que ya causaba la enfermedad en países con un sistema sanitario incluso de vanguardia, encendieron la alerta del gobierno local, apenas fue reportada la enfermedad. Conociendo el debilitado sistema de salud en el país y como una estrategia para fortalecer la estructura del mismo, se dispuso el confinamiento social, denominado “cuarentena total”. La medida duró aproximadamente dos meses para luego establecerse la reapertura gradual de las actividades sociales y económicas, con las fases de la “cuarentena inteligente”.

La situación exigía una agresiva intervención estatal para mitigar el impacto socioeconómico de la pandemia, lo cual no era posible con el escaso espacio fiscal observado desde hace casi una década. Si bien en los últimos años la recaudación del Estado ha mostrado un comportamiento de constante crecimiento, esto no se ha traducido en la calidad de los bienes y servicios públicos. El margen para el financiamiento de programas y proyectos es mínimo, dado que las remuneraciones a los empleados se llevan, en promedio, el 70% de los ingresos tributarios, y representan el 50% del gasto total del Estado.

La inexistencia de un fondo de contingencia y el mencionado casi nulo espacio fiscal obligaron al gobierno paraguayo a recurrir al endeudamiento como única salida para financiar las acciones de contención social y económica en plena crisis sanitaria. Tal como lo hicieron otros países latinoamericanos en los últimos meses de este año. En tiempo récord fue diseñada y aprobada la ley que declaró estado de emergencia en todo el territorio de la República del Paraguay ante la pandemia declarada por la Organización Mundial de la Salud (OMS). En dicho instrumento se establecieron medidas administrativas, fiscales y financieras, cuya implementación requirió la aprobación de aproximadamente US$ 1.600 millones. La Ley de Emergencia fue ejecutada con muchas dificultades, desde problemas de gestión hasta corrupción, impidiendo cumplir con los objetivos trazados.

Shock pandémico

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De hecho, el shock pandémico afectó significativamente a la economía local por el lado de la oferta y la demanda. El cierre definitivo y la suspensión de empresas debido al confinamiento social se tradujeron en una menor actividad económica, con fuerte impacto en los indicadores de empleo. Datos oficiales dan cuenta que alrededor de 180.000 personas quedaron fuera del mercado laboral de forma provisoria y otras, definitivamente. Esta situación redujo los ingresos de las familias, que cargadas de incertidumbre y fobia social por el temor al contagio redujeron su consumo lo que, a su vez, como parte del círculo vicioso, terminó agravando la operatividad de las empresas. Miles de ellas no pudieron sostener sus costos operativos y tuvieron que cerrar sus puertas.

Los informes del Indicador Mensual de la Actividad Económica del Paraguay (Imaep) y el Estimador Cifras de Negocios (ECN) reflejaron las consecuencias económicas de la pandemia. En marzo se observó la mayor caída económica (13,9%) y una contracción del 20,2% en las ventas, principalmente, de bienes durables y combustibles. Los datos de mayo del Banco Central del Paraguay (BCP) muestran una leve recuperación económica de -7,3% (Imaep) y -7,4% (ECN). A pesar de una recomposición paulatina, la economía paraguaya no lograría revertir la recesión en 2020. En tal sentido, la consultora MF Economía proyecta una caída económica de 3,3%, fundamentada en una mayor contracción en el sector comercial y de servicios. Organismos internacionales estiman que Paraguay sería el país de la región con la menor tasa de contracción en su Producto Interno Bruto (PIB). En tal sentido, la Comisión Económica para América Latina y el Caribe estima una reducción económica para el país de 2,3% cuando la región sufriría un decrecimiento de 9,1%.

Acelerado ritmo de endeudamiento público

El déficit fiscal al cierre de 2020, explicado por mayores gastos que ingresos, podría quintuplicar el límite establecido por la Ley de Responsabilidad Fiscal (LRF). Así, el déficit se situaría en alrededor de 7,2% del PIB para este año. Hasta junio, el resultado fiscal arrojaba un déficit de 2,5% del PIB y en el acumulado de 12 meses, de 4,5%. Como es de esperar, el nivel de endeudamiento registró un salto importante. Antes de la pandemia, la deuda pública se encontraba en el orden de los US$ 9.498,7 millones (26,8% del PIB estimado) y al cierre del semestre, ascendió a unos US$ 10.871,4 millones (30,7% del PIB estimado). Con este porcentaje, el nivel de endeudamiento ya se encuentra en el umbral de lo considerado prudente y sostenible, como lo afirmara en algún momento el Fondo Monetario Internacional.

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Como se evidencia, la crisis sanitaria aceleró el ritmo de endeudamiento del país. Dado que Paraguay venía contrayendo deudas a través de la emisión de bonos soberanos en promedio por US$ 500 millones al año. Con las últimas operaciones crediticias, el país alcanzó su potencial de endeudamiento en tan solo 4 meses, en lugar de 3 años.

De acuerdo al Ministerio de Hacienda, la deuda podría cerrar este 2020 en US$ 12.553 millones, o 34,5% del PIB. Este aumento afectaría la sostenibilidad de la deuda, ya que a la planilla salarial se sumará el pago del servicio de la deuda, que ascendería de manera importante. En este punto, cabe señalar que los intereses solo pueden ser pagados con ingresos tributarios al igual que los salarios, salvo los meses que fueron autorizados por la Ley de Emergencia.

Repensar el modelo “estado empleador” a “estado regulador y garante”

Con el agotamiento fiscal para llevar adelante nuevas acciones con recursos genuinos, y el comprometido espacio de financiamiento para proyectos en general, la crisis se presenta como la oportunidad para repensar y explorar nuevas alternativas de sostenimiento estatal. Más aún en el proceso de recuperación económica del país en el mediano y largo plazos, y en un contexto donde se convivirá con el virus.

El primer paso para avanzar en la reforma del estado debería centrarse en una profunda revisión del componente fiscal, que apunte a la reorganización y sinceramiento de los gastos. Reconvertir el paradigma de un Estado que genera recursos para destinarlos en un altísimo porcentaje al pago de salarios, a un estado con la suficiente capacidad para intervenir y regular con reglas claras el funcionamiento del país.

Para ello, la participación del sector privado será un componente trascendental en todo el proceso de reestructuración estatal. Es momento que el estado aproveche la estructura, capacidad y experiencia de los agentes económicos en sus respectivas especialidades. Es decir, redefinir los roles de los ministerios, que de ser ejecutores de grandes proyectos se conviertan en los estructuradores y contralores de los planes. De esta manera se iniciaría un verdadero proceso de reconversión de la ineficiencia del Estado en la implementación de planes y proyectos. También, los activos físicos que posee el estado podrían ser mejor utilizados e incluso convertirse en nuevas fuentes de recursos disponibles para las finanzas públicas.

Asimismo, un contrato social anclado en profundas reformas que apunten a una mayor equidad y oportunidad para toda la población, con políticas de diversificación económica e inclusión laboral.

De la misma manera que la pandemia ha obligado a todos los sectores socioeconómicos a reconvertirse en un escenario de nuevas demandas, el estado está llamado a replicar la estrategia, transformando un modelo de estado que desde hace años ha llegado a su fin, a uno que brinde bienestar y protección a su población, de tal manera a seguir sosteniendo la estabilidad de la economía del Paraguay.

Replicar

Así como la pandemia obligó a los sectores a reconvertirse en un escenario de nuevas demandas, el Estado también está llamado a replicar la estrategia.

Redefinir

Se deben redefinir roles de los ministerios, que de ser ejecutores de grandes proyectos se conviertan en los estructuradores y contralores de planes.

Deuda

Con las últimas operaciones crediticias, el país alcanzó su potencial de endeudamiento en tan solo 4 meses, en lugar de 3 años.

34,5%

Según el Ministerio de Hacienda el pasivo del país podría cerrar este año, en unos US$ 12.553 millones, o 34,5% del Producto Interno Bruto - PIB.

Covid

Antes de la pandemia, la deuda pública estaba en unos US$ 9.498,7 millones (26,8% PIB) y al cierre del semestre trepó a US$ 10.871,4 millones (30,7% PIB).

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