Estos viejos dogmas, hay que decirlo, en realidad, nunca se fueron del todo. Se seguían predicando en los centros de enseñanza con la afanosa prédica de periodistas, políticos y burócratas que desconfían de las reglas institucionales del mercado y el estado de derecho.
Pero aquellos viejos dogmas al menos habían quedado en entredicho por los importantes aportes de las ideas del liberalismo republicano desde la Escuela Austríaca con los aportes de Mises y Hayek, la de Chicago con Milton Friedman en su momento, así como su puesta en práctica llevada a cabo durante la llamada revolución conservadora de los años 80 en los gobiernos en Inglaterra, por Margaret Thatcher, y en los Estados Unidos, por Ronald Reagan.
El resurgimiento
El resurgimiento de la economía de mercado de base liberal y republicana –por su necesaria sostenibilidad y apoyo en las instituciones– se produjo en aquellos años a finales de la década del ’70 de siglo pasado, luego de la desgracia que el estatismo socializante bajo el influjo del keynesianismo hizo que los países incluso ricos tengan graves inconvenientes financieros y monetarios. Esto generó y terminó en un proceso que se conoce como estanflación por el cual se da lugar a una mezcla entre el aumento del desempleo, la consecuente recesión y desorden monetario.
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De los resultados de esta situación los pensadores liberales en lo político y económico lo sabían. Y lo conocían incluso de antemano porque los estados representados por sus diversos gobiernos no pueden hacer milagros como usualmente se cree y todavía se predica ilusamente. Fue entonces que en aquellos citados años no quedó otra manera de corregir los problemas subyacantes del estatismo.
Fue necesario en los países ricos aplicar medidas de austeridad, saneamiento fiscal y sostenibilidad monetaria, una tarea de la que desde luego no están exentos los países más pobres, los subdesarrollados. Todavía más, las naciones con bajo nivel de inversiones y de producto requieren medidas aun más rigurosas de control del gasto público por cuanto que sus respectivos estados se fueron convirtiendo en verdaderos “ogros filantrópicos” como lo denominó alguna vez con acierto Octavio Paz.
El Estado se guarda para sí beneficios
La realidad es que en los países como Paraguay, el Estado todavía se guarda para sí incontables beneficios convertidos en privilegios. De este modo, lo que tenemos es que los gobiernos no son del pueblo y para el pueblo siguiendo el “dictum” de Lincoln para las genuinas democracias constitucionales; lo que tenemos es que los gobiernos pertenecen a la burocracia coaligada con los políticos.
El mal gasto, el despilfarro, la corrupción, las riquezas mal habidas son parte de un botín creado y mantenido por una estructura estatal de la que muy pocos, casi nadie, está dispuesto a hacerle frente.
Poco interesan los malos servicios básicos, como el agua, la electricidad y la recolección de basura, y esto sólo por mencionar lo esencial, porque si se habla de seguridad, justicia, salud y educación (y me refiero a lo que establece nuestra Constitución) pues ahí estamos más que atrasados.
Pero aún así se insiste en volver a los viejos dogmas. Los estímulos fiscales, políticas monetarias laxas y creer hasta ciegamente que los gobiernos saben gastar con eficacia es un error grave porque llevará al país, al Paraguay, a que el financiamiento de las políticas “sociales” y la corrección del estancamiento provengan de seguir con el festival de más deuda pública y luego se vendrá con énfasis la emisión de dinero.
No perder la sensatez
La sensatez es una cualidad que no debe perderse; el buen juicio, prudencia, madurez y no cometer los mismos errores son claves en este momento. De ahí que resulta sumamente llamativo aunque no es de sorprender que órganos que hasta no hace mucho predicaban con acierto acerca de sugerir sensatez y prudencia financiera y monetaria, ahora con lo que se trajo la pandemia y en la búsqueda de la recuperación económica, se intente cambiar aquella prédica.
Tal vez una de las causas de este cambio que ya empieza a seducir aquí en nuestro país a algunos referentes se encuentre en lo que está ocurriendo en las próximas elecciones norteamericanas a celebrarse el próximo martes.
Ocurre que el ala más “progresista” de la economía que está centrado ahora en el partido demócrata, con el candidato presidencial Joe Biden, propone emprender un gasto público masivo para atacar el desempleo, “ayudar” a los gobiernos estatales de este país con más dinero desde Washington para así incentivar el consumo.
Una de las varias preguntas que debemos hacernos al respecto está en ¿cómo pagamos todos estos gastos e inversiones? De que aquí en Paraguay tenemos un rezago importante, por ejemplo, en infraestructura es cierto. Esto no se puede negar. Pero aquí quieren hacernos creer que no debemos preocuparnos demasiado del gasto y la deuda. Que para eso contamos con la suficiente capacidad de emitir bonos soberanos a bajas tasas de interés y más aun ahora, que el promedio de los intereses se vienen para abajo indexados contra inflación.
Por lo visto la constante tendencia de resucitar a los viejos dogmas de los que ellos, los políticos populistas y burócratas keynesianos, administrarán con solvencia, eficacia y transparencia no cesa con seguidores que cierran filas en todas partes, desde los gobiernos, una parte importante de la prensa y partidos políticos. Es decir, los supuestos de los que parten los argumentos para volver a los viejos dogmas resultan inadmisibles no solo por la teoría sino también por la práctica; los hechos dicen que no tienen razón, ¡están equivocados!
Empiezan a mostrar simpatía
Pero como viene adosada de buenas recomendaciones y generosos ofrecimientos, aquí en Paraguay son muchos los que ya empiezan a mostrar simpatía a una constante histórica de la que el Paraguay no debe caer. Los viejos dogmas, aunque provengan con los buenos modales y el tecnicismo propio del Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional (FMI) deben ser rechazados para impulsar otro camino diferente para hacer de nuestra economía una que en verdad sea vigorosa, pujante desde la iniciativa y creatividad individual y empresarial.
(*) Decano de Currículum UniNorte. Autor de los libros “Gobierno, justicia y libre mercado”: “Cartas sobre el liberalismo”; “La acreditación universitaria en Paraguay, sus defectos y virtudes” y otros como el recientemente publicado “Ensayos sobre la Libertad y la República”.
