Para las usuarias, la percepción de inseguridad está presente durante todas las etapas del viaje: la caminata hacia y desde la parada y dentro del bus o vagón, y empeora si hay hacinamiento o mayor presencia de hombres y si viajan solas y/o sin luz del día.
En época de crisis como la actual, el esfuerzo de la región se centra en promover la recuperación económica, pero también es imprescindible eliminar las barreras de acceso y movilidad al empleo, la educación y los servicios de cuidado y salud.
En un video preparado por el ejecutivo principal de comunicación en el Banco de Desarrollo de América Latina (CAF), Fernando Ehlers, con investigación de Robert Valls, también ejecutivo de comunicación de la institución, se plantea una serie de medidas para garantizar que las mujeres se desplacen de manera segura y para que logren maximizar sus desplazamientos y, con ello, puedan acceder a mejores oportunidades de futuro en la post-pandemia.
En Visiones del Desarrollo, que es una sección promovida por CAF, que analiza los principales temas del desarrollo de la región, y que se difunden simultáneamente en los principales medios de América Latina, se destaca esta semana que cuando el covid-19 llegó a América Latina hizo aún más evidente las desigualdades de género presentes en la región.
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Transporte público: 50% son mujeres
El informe da cuenta de que más del 50% de quienes usan el transporte público son mujeres. Sin embargo, la mayoría de los sistemas de transportes de nuestras ciudades no están pensados en sus necesidades y en las barreras que enfrentan.
Aún con sistemas de transporte deficientes, las mujeres ya dedicaban tres veces más de su tiempo que los hombres a tareas del hogar y a la movilidad cotidiana para el cuidado de sus dependientes: niños, adultos mayores y personas con movilidad reducida, entre otros. La pandemia agudizó estas responsabilidades y empeoró los niveles de asequibilidad del transporte, pobreza, de tiempo, sensación de inseguridad personal.
La recuperación económica
post-covid-19 requiere de mejores y más eficientes formas de transporte. Porque de poco sirve generar nuevas plazas de trabajo y oportunidades de educación si no se puede llegar a ellas de forma eficiente y segura.
Repensar la movilidad urbana significa promover datos desagregados por género, que oriente la toma decisiones; políticas públicas inclusivas que tomen en cuenta las barreras y los roles que mujeres y hombres enfrentan y desempeñan. Así también las inversiones en infraestructura para garantizar una movilidad segura, asequible y eficiente. Al replantearnos la movilidad urbana desde una perspectiva de género, se estará también transformando nuestra región para el bien de todos sus habitantes.
Empleo y pandemia
A nivel local y en coincidencia con el Día Internacional de la Mujer, el Centro de Documentaciones y Estudios informó que en el difícil escenario económico por la pandemia, la crisis afectó mayormente al sector femenino. Las cifras muestran que los dos sectores que más concentran a mujeres: el empleo independiente o “cuentapropista” y el trabajo doméstico remunerado han sufrido caídas importantes.
La crisis sanitaria deterioró aún más las cifras de ocupación formal de la mujer. Según datos del Instituto Nacional de Estadísticas (INE), el desempleo en las mujeres aumentó de 7,9% que alcanzó en 2019, a 10,2% en 2020; mientras que la tasa de ocupación llega a solo 54%, comparado al 80% de los hombres. Así el panorama, urge que el país active mecanismos que garanticen la inclusión laboral de las mujeres, y que a la vez disminuya la brecha de ingresos (ganan 20% menos que los hombres), ya que las desigualdades generan inestabilidad.
Desde el Banco Central del Paraguay (BCP), su presidente José Cantero anunció que una de las acciones tendientes a reducir estas desigualdades es la presentación de un proyecto de ley de inclusión financiera, con lo cual se buscará la equidad de oportunidades en el país y mayor competitividad.
