Avanzan indicadores socio-económicos

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POBREZA TOTAL

En los últimos años, los sectores con intereses definidos han buscado instalar la idea de que los indicadores de pobreza y desigualdad en el Paraguay no han mostrado reducción alguna, asegurando que “somos más pobres y desiguales”. Sin embargo, estas aseveraciones no están respaldadas con datos concretos y menos estadísticos que, por el contrario, han demostrado una disminución en las tasas de pobreza y desigualdad no solo en Paraguay, sino en toda Latinoamérica, con ciertos periodos de variaciones.

La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) en su informe Panorama Social de América Latina - 2020 revela una importante reducción de personas en situación de pobreza y pobreza extrema en las últimas tres décadas. Así, el primer grupo pasó de 51,2% de la población en 1990 a 30,5% en 2019. Mientras que la población en situación de indigencia ha bajado del 15,5% a 11,3%% al cierre de 2019.

Al considerar el año 2020 como un periodo atípico a causa de la pandemia, los indicadores tanto para la pobreza como la indigencia han experimentado un aumento, como se proyectaba, llegando a 33,7% y 12,5%, respectivamente, de la población latinoamericana.

Antes de profundizar en los indicadores es necesario definir las diferentes estratificaciones sociales conforme a estándares internacionales y metodologías adaptadas al país.

De acuerdo con el Banco Mundial, la pobreza extrema se configura cuando el ingreso de una persona es de US$ 2 diarios, la moderada se ubica entre US$ 2 a US$ 4. En tanto que la clase vulnerable es a partir de US$ 4 hasta US$ 10 y la media de US$ 10 hasta US$ 70.

En Paraguay y conforme a la metodología del Instituto Nacional de Estadísticas (INE), la Línea de Pobreza Extrema representa el costo de una Canasta Básica de Alimentos (CBA) constituida por un conjunto de alimentos y bebidas no alcohólicas cuyo contenido calórico satisfacen los requerimientos calóricos mínimos (vida saludable).

Y la Línea de Pobreza Total es igual al costo de la Canasta Básica de Consumo (CBC) que incluye además de los alimentos, el costo de otros bienes y servicios no alimentarios considerados esenciales, relacionados con la vivienda, vestimenta, educación, entre otros. Para el año 2020, el costo mensual por persona de una canasta de alimentos o línea de pobreza extrema en el área urbana es de G. 272.067, y para la pobreza total de G. 712.618. Por su parte, en el área rural, la línea de pobreza extrema tiene un valor de G. 248.461 y la línea de pobreza total de G. 506.201 mensuales por persona.

- Indicadores de categorías sociales en Paraguay

La pobreza en Paraguay se ha recortado significativamente en los últimos veinte años. En 1998, la pobreza total en el país afectaba al 40,5% de la población y en 2019, al 23,5%. La pobreza extrema, ha tenido un comportamiento todavía más dinámico. Al año 2019, el 4% de la población paraguaya se encontraba en condiciones de pobreza extrema, cuando en 1998, la indigencia alcanzaba al 12%.

Como en todo el mundo, la pandemia en 2020, afectó los indicadores. La pobreza total en Paraguay registró una incidencia del 26,9% o 1.921.721 de personas en la mencionada condición, representando 264.590 más o 3,4 puntos porcentuales de aumento con respecto al año 2019. En tanto que la pobreza extrema afectó al 3,9% de la población o 279.609 personas.

En este punto es importante señalar que la pobreza total y extrema durante la crisis sanitaria en Paraguay ha sido mayor en las áreas urbanas que en las rurales (ver info), donde un tercio de la población vive en el campo bajo un peculiar sistema: la ciudad ha sido el espacio de trabajo y el campo, el lugar de residencia.

En el mismo contexto, durante el año 2020, la pobreza rural registró un leve aumento de 0,6%. Esta mínima variación refuerza el análisis que había realizado la consultora MF Economía acerca de que el campo actuó de refugio de los trabajadores que quedaron desempleados a causa de la pandemia, principalmente, en los sectores de servicios y comercios. Muchos de estos empleados habían migrado de las zonas rurales a las urbanas en busca de mejores condiciones de vida.

Datos del Instituto Nacional de Estadística revelan que en lo que respecta a la población no pobre, se observa un importante aumento. El grupo pasó de 2.948.175 en 1997 a un total de 5.232.227 al cierre de 2020. Esto significó 2.375.052 personas más que ingresaron al mencionado segmento de la población, reflejando el importante impacto que ha tenido el crecimiento y desarrollo de la economía paraguaya.

Dentro de este grupo de personas no pobres, se halla la población vulnerable y la clase media. Como ya se describía anteriormente, en la vulnerable se encuentran las personas cuyos ingresos diarios son desde US$ 4 hasta US$ 10. La permanencia de este segmento poblacional fuera de la pobreza está íntimamente ligada a la dinámica económica. Una retracción en sus niveles de ingreso o un eventual incremento de la inflación son detonantes para que vuelvan a integrar los grupos de pobreza.

Conforme a los datos del Banco Mundial, la población vulnerable en Paraguay ha crecido pasando de 14% a 18% en las últimas casi dos décadas (ver info).

Así como la reducción de la pobreza, tanto rural como urbana, ha permitido el crecimiento de la población vulnerable, también ha provocado una fuerte expansión de la clase media, la que se ha duplicado en unos veinte años. De acuerdo con el BM, el 41% de la población paraguaya pertenece a esta clase social.

El incremento de la demanda generada por la creciente clase media, sumada a la reducción en las tasas de financiamiento y la expansión del crédito, incrementaron la tenencia de bienes duraderos de manera muy significativa.

La expansión del acceso a telefonía y la cantidad de hogares con transporte propio a través de motos o automóviles constituye posiblemente la mayor transformación. De alrededor de 40% de hogares comunicados en 2003 se pasó a una cobertura casi universal de telefonía. A esto se sumó la reducción de precios de vehículos propios, en especial de motos. Esta capacidad de movilidad se extendió de alrededor de 30% de los hogares a casi 75% de ellos.

- Coeficiente de GINI: ¿Qué revela el indicador?

Al análisis de la pobreza monetaria se le debe necesariamente incorporar una mirada de la desigualdad, un problema social que afecta a todos los países del mundo. La desigualdad es una condición por la cual las personas tienen un acceso desigual a recursos. Esta se expresa en diversas dimensiones, como ingresos y recursos productivos, trabajo y empleo, educación, salud, vivienda y servicios básicos, entre otros (CEPAL, 2019). Entre ellas, la distribución del ingreso tiene una relevancia particular, porque el mismo condiciona, en gran medida, el acceso a los distintos bienes y servicios necesarios para la vida y a las oportunidades de las personas para desarrollarse y lograr la vida a la que aspiran.

Existen distintos métodos para medir cuánticamente la desigualdad. Uno de los métodos más utilizados es el Índice de Gini o Coeficiente de Gini, desarrollado por el estadístico italiano Corrado Gini en 1912 y basado en dos variables:

- La variable 0 indica la máxima igualdad de distribución salarial entre habitantes, es decir, que todos tienen los mismos ingresos.

- La variable 1 representa la máxima desigualdad. Un solo individuo posee todos los ingresos.

Ejemplo: “Si una sola persona recibiera la totalidad de los ingresos del país este índice tomaría el valor uno. Caso contrario, si todas las personas percibieran el mismo ingreso, este indicador sería cero”

Este coeficiente se emplea generalmente para comparar las condiciones de desigualdad que se dan entre distintos países. De la misma manera, se utiliza para evaluar su variabilidad en el tiempo y distinción por áreas (rurales o urbanas). Pero, sobre todo, es un elemento clave para construir políticas públicas que reduzcan la concentración de ingresos entre los habitantes de una región y de esta manera conducir a un adecuado desarrollo social y económico.

- ¿Cómo se encuentran los países de la región en el Coeficiente Gini?

La desigualdad social en los países latinoamericanos seleccionados se observa heterogénea y con una marcada reducción en las últimas décadas.

De acuerdo con este indicador, la desigualdad del ingreso - medida con las encuestas de hogares de estos países- disminuyó significativamente entre 2002 y 2014, en un promedio anual de 14,1%.

Si bien esta tendencia se mantuvo entre 2014 y 2019, el ritmo de disminución se redujo considerablemente. Esto se debe, principalmente, al incremento de las diferencias en Brasil (5%) y Argentina (2%), compensadas con una reducción en Bolivia (9%), Chile (3%) y Colombia (2%).

La ralentización de los últimos cinco años en el indicador de desigualdad reduce la posibilidad de cumplir con el décimo Objetivo de Desarrollo Sostenible (ODS) y disminuye la viabilidad de reducir la pobreza y la pobreza extrema.

En lo que respecta al escenario de Paraguay, el progreso ha sido igualmente importante.

El coeficiente de Gini ha pasado de 0,548 en 2000/01, a 0,437 en el año 2020. Esto indica una reducción del 20,1% en la desigualdad de ingresos en los últimos 20 años. Asimismo, al comparar el valor del año 2020 con el 2019 se observa una reducción del 4,6%. Al desagregar por áreas, en la urbana, el índice al año 2020, cierra en valores de 0,421 y en áreas rurales en 0,426, lo que significa una reducción de -1,7% y -9,7% respectivamente. Esta reducción estaría vinculada a las transferencias gubernamentales y una distribución equitativa salarial.

Otro indicador a tener en cuenta es la razón P90/P10 que, de acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística, muestra las diferencias de ingresos entre los extremos de la distribución, expresando el ingreso de los ricos como múltiplos de los pobres.

En el cálculo se relaciona el valor del límite superior del noveno decil (el 10% de las personas con mayores ingresos) y el del primer decil (el 10% de las personas con menores ingresos). En otras palabras, la relación de los ingresos del 10% más rico comparado con el 10% más pobre.

En lo que respecta al último dato publicado al 2020, esta razón presenta una tendencia decreciente considerable en más de dos décadas. Durante el mismo, la proporción de ingreso que separa al decil más rico del decil más pobre, ha disminuido de 15,348 a 7,284. Es decir, los ingresos de la población con mayores ingresos en Paraguay eran 15 veces más que los de la población en situación de pobreza. Esta reducción de la brecha de la desigualdad ha sido un comportamiento observado en toda América Latina, debido a una mejora relativa de los ingresos de la gente que se encuentra en los estratos inferiores.

Por mencionar, en el 2020, los ingresos laborales (73,4%) fueron los de mayor peso dentro de la estructura de ingresos familiares del 20% más pobre del país. Además, el 20% de sus recursos, provinieron de los programas estatales.

- Perspectivas: mejorar y perfeccionar políticas

Los datos e informaciones expuestos confirman que, en las últimas décadas, la pobreza y la desigualdad en Paraguay han venido en claro descenso. Como se ha visto, ha sido un fenómeno observado en la región con algunas variaciones no significativas, salvo durante el 2020, año de la pandemia.

Cabe mencionar que la reducción de los indicadores en los últimos años es producto del efecto derrame que ha tenido el desarrollo y crecimiento económico en Paraguay. En este sentido, la clase política no ha sido la responsable de este progreso.

La intervención de los gobiernos ha estado ligada a sus intrínsecas funciones como la generación de un ambiente estable en términos de inflación, seguridad jurídica (cierta justicia en la definición de contratos), tipo de cambio y otros factores.

Este escenario altamente predecible, con sus debilidades y desafíos, ha sido un aliciente para los inversionistas, con la consecuente creación de empleos y bienestar de la población.

Finalmente, una visión limitada ha ofrecido igualmente respuestas limitadas de los procesos y modelos en la reducción de la pobreza y desigualdad de los últimos años en Paraguay. Los desafíos son aún importantes y contemplan cambios estructurales, muchos de ellos ya implementados y que motorizaron el progreso en los mencionados indicadores. Al respecto, en los últimos años se impulsaron acciones como la Reforma Tributaria, un Estado que gastó más en ciertos tipos de bienes, una estabilidad macro y del sistema financiero. Además, del crecimiento de sectores como el agrícola, de servicios y comercial.

Por tanto, la clave se encuentra ahora en mejorar y perfeccionar los elementos que ayudaron a la reducción de los índices, apuntando en el corto plazo al diseño de otras políticas que contribuyan a sostener la estabilidad a lo largo del tiempo. Es imprescindible mantener la solidez económica y financiera del país, que las empresas puedan invertir, generar recursos, sobre todo las micro, pequeñas y medianas que son uno de los pilares en el proceso de recuperación económica del país.