Rogelio Careaga
La dificultad para disminuir el nivel de desempleo pone de relieve las diferencias de opiniones respecto de la receta apropiada. Estas diferencias tienen sus raíces en teorías económicas.
Los keynesianos sostienen que la falta de suficiente demanda efectiva consumo e inversión del sector privado requiere el incremento del gasto público para generar demanda de utilización de los factores de la producción que permanecen ociosos, especialmente de mano de obra. Los conocidos como supply siders, Arthur Laffer entre los economistas pertenecientes a esta corriente, sostienen que la receta apropiada es estimular la oferta. En la práctica la teoría prescribe reducir los impuestos y disminuir las regulaciones que dificultan y encarecen la actividad de la empresa.
El debate tiene lugar en foros económicos, en los programas de TV y radio, en los periódicos y en la web. Como es de esperarse, con pocas excepciones, los empresarios y sus portavoces están del lado de los supply siders, mientras que la mayoría de los economistas sostienen que es necesario estimular la demanda. El debate casi nunca llega a conclusiones no solo porque los empresarios, como es normal, buscan llevar agua a sus molinos y adoptan posturas de tinte ideológico, sino también porque los resultados de las medidas económicas no son inmediatos y es difícil probar que sin las mismas la situación sería mucho peor. Un estudio publicado en enero de 2009 por la jefa del consejo de asesores económico del presidente, Christina Romer, y por el asesor económico del vicepresidente, Jared Bernstein, calculaba que sin intervención del gobierno en la economía, el nivel de desempleo en el último trimestre del 2010 se elevaría al 11%.
Un ejemplo, casi patético, de postura ideológica fue la declaración del ex vice-chairman de la General Motors, Bob Lutz, quien declaró en el programa televisivo de Larry Kudlow que la administración de Obama se dirige hacia el socialismo. Dicha declaración resulta extraña, inclusive rayana en lo absurdo, cuando se considera que el gobierno salvó de la quiebra a la General Motors y a la Chrysler por segunda vez.
Cabe señalar que políticamente la teoría de supply side o estímulo de la oferta es identificada con la creencia y medidas adoptadas durante el gobierno republicano del ex presidente Ronald Reagan durante la década de 1980. Reagan había declarado en varias ocasiones que el gobierno no es la solución, sino el problema. Esta creencia se tradujo en el desmantelamiento de las regulaciones, inclusive las ambientales, y en la reducción de impuestos. Los ideólogos siempre atribuyen el sostenido crecimiento económico de la década de 1980 a estas medidas, pero olvidan que Reagan aumentó el gasto público de 5,6% del PIB en 1979 a 7% en 1986. La reducción de impuestos y el aumento del gasto público ocasionaron enormes déficits presupuestarios y el aumento de la deuda pública mucho más allá de lo esperado por los supply siders. Es probable que la reducción de impuestos y de regulaciones haya contribuido a estimular la producción, pero es más probable que el mayor estímulo haya sido resultado del aumento del gasto público. Es decir, tanto la reducción de impuestos como el aumento del gasto público dieron como resultado el aumento de la demanda agregada, del PIB y del empleo, conforme a las predicciones de la teoría keynesiana.
Sin embargo, también Obama redujo los impuestos y aumentó el gasto público, pero la reducción de impuestos fue muy pequeña y estaba orientada a estimular el gasto del consumidor, pero dicha reducción no ha sido efectiva debido a que el consumidor norteamericano se hallaba altamente endeudado y en vez de gastar el dinero proveniente de la disminución de impuesto lo utilizó para disminuir su deuda. En lo que respecta al aumento del gasto público, gran parte fue destinado a transferencias a los Estados para evitar el despido masivo de docentes, policías, bomberos y funcionarios públicos. Un componente del aumento del gasto del que se esperaba una importante contribución a la creación de puestos de trabajo era el dedicado a energía e infraestructura. Se esperaba que para fines del 2010 de un total proyectado en 3.675.000 nuevos empleos, la industria de la construcción crearía 678.000.
En cuanto al estímulo de la oferta, Obama suspendió temporalmente los impuestos a la nómina de empleados correspondiente al empresario. Pero, tal vez, por tratarse de una medida de carácter temporal, la misma no constituyó incentivo suficiente para inducir al empresario a aumentar el número de empleados. De cualquier manera, la cuestión principal es si para el empresario es más importante una demanda creciente de sus productos y servicios o un estímulo proveniente del lado de la oferta. El sentido común nos dice que sin demanda de poco serviría el estímulo a la oferta, pero ante una demanda apropiada menos impuestos y menos regulación podrían contribuir a aumentar la producción y el empleo, pero solo marginalmente.
Gasto
Energía e infraestructura aumentan el gasto del que se esperaba una importante contribución a la creación de puestos de trabajo.
Empleo
Se esperaba para fines del 2010 un aporte del sector de la construcción al total proyectado en 3.675.000 nuevos empleos.
Nota: El estudio mencionado se titula: The Job Impact of the American Recovery and Reinvestment Plan.
Ph. D en Economía - Universidad de Stanford