La crisis de deuda que atraviesa Irlanda es la contracara del momento económico que está viviendo nuestro país, en el que se proyecta un crecimiento del PIB del 11%, de acuerdo con estimaciones coincidentes.
Por un lado, el hecho de que la producción y el sistema financiero paraguayos se caractericen por apoyarse en productos tradicionales, la nula presencia del país en los mercados financieros internacionales y un mercado de capital poco desarrollado, conforman distintas capas de una plancha aislante que evita efecto alguno en forma directa de la crisis irlandesa sobre nuestra economía. Por otro lado, que el problema se haya generado dentro de la zona euro genera un compromiso conjunto de los países de la Comunidad Europea por mantener el prestigio de esa canasta de monedas que hoy compite con el dólar en cuanto a fortaleza.
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El ciudadano irlandés está preocupado por la economía de su país porque teme que se erosione su calidad de vida y que, efectivamente ya se hizo sentir en Dublín con una manifestación en contra de un plan de rigor draconiano que quiere aplicar el Gobierno, presentado como una condición indispensable para beneficiarse de un vasto programa de ayuda internacional. Las medidas de austeridad anunciadas por el Gobierno prevén ahorrar 15.000 millones de euros de aquí a 2014, mediante una reducción del gasto público y un aumento de impuestos. Dentro de ese proyecto de rigor, los subsidios de desempleo y familiares serán reducidos, al igual que las jubilaciones de los funcionarios y el salario mínimo. Se prevé igualmente la supresión de 25.000 puestos de empleados públicos. El plan tiene por objetivo reducir a 3% el déficit público irlandés, que se espera alcance este año el 32% del PIB y se presenta como la condición sine qua non de un vasto programa de ayuda de la Unión Europea (UE) y del Fondo Monetario Internacional (FMI) para un rescate a Irlanda por unos 85.000 millones de euros (más de 113.000 millones de dólares).
Alto costo
Un país en la situación en que se encuentra hoy Irlanda paga un precio alto. Es lo mismo que ocurre con aquel deudor indisciplinado que tiene moras en sus compromisos de pago y pierde categoría en el sistema financiero formal debiendo rebuscarse en el sistema paralelo o mercado negro donde las tasas son altísimas. Los inversores actúan de la misma forma. Esta semana, los mercados de deuda rebajaron el interés de los bonos irlandeses a 10 años, por primera vez en siete días, al 9.135%, pero al poco tiempo volvieron las dudas y esos títulos de deuda repuntaron hasta el 9,281%. En consecuencia, también cayó su diferencial con el bono alemán de referencia hasta los 637 puntos básicos, una cifra aún extremadamente alta que denota una aparente falta de confianza en el plan de rescate. Hoy en Europa, donde todo lo que ocurre es muy sensible para los mercados, no solo se habla de disciplina fiscal o financiera. Se recurre, inclusive, hasta a una “disciplina verbal” porque cualquier sincericidio o pesimismo exteriorizado por alguna autoridad puede sacudir con fuerza los tableros financieros y profundizar aún más la crisis que, de hecho, se controla o descontrola, por efectos directos del optimismo, la confianza, la expectativa favorable o la incredulidad, el descrédito.
En Paraguay
A la luz de la experiencia irlandesa, Paraguay debe centrarse en la herramienta principal de cualquier economía para no caer en tan complicado escenario: el presupuesto.
Del tema nos ocupamos en este espacio tantas veces que fueron necesarias y lo seguiremos haciendo porque nos compete a todos, los que aportan, los que administran recursos públicos, inclusive, los que no aportan. Es fundamental contar con instituciones con sólidos presupuestos para una mejoría de la credibilidad sobre la política fiscal, sugiere la literatura económica.
Los objetivos principales a que debe apuntar un sistema de gestión financiera pública incluyen salvaguardar la disciplina fiscal, asegurar que la asignación de recursos sean coherentes con las prioridades políticas y garantizar la eficiencia de la prestación del servicio mediante procedimiento que signifiquen incentivos para una mayor productividad.
No le echemos toda la culpa solo al Poder Ejecutivo, al Legislativo, a grupos de presión; todos tienen algún grado de culpabilidad en el Presupuesto General de la Nación tan poco desarrollista hasta hoy.
Paraguay tiene la más baja presión tributaria de la región con alrededor del 11,6% del PIB; es decir, solo ese porcentaje del producto interno bruto es generado vía ingresos impositivos del fisco. Los que más ganan no quieren aportar más y, sin embargo, exigen cada vez más al Estado. El Parlamento postergó hasta el 2013 la vigencia del impuesto a la renta personal (IRP) y lamentablemente nuestro espectro impositivo seguirá incompleto por un par de años y quizás más (2013 será periodo electoralista).
Hay tantas contradicciones cuando se habla de presupuesto que este espacio quedaría muy corto para enumerar todas. Tomemos una sola: en nuestro habitual recorrido por la supercarretera de la información, leíamos días pasados en un sitio web que más de 40 millonarios estadounidenses le reclamaron al presidente de su país, Barack Obama, que no prorrogue los recortes impositivos para la clase alta, que vencen a fin de año. Estos se quejaron de quienes piden la extensión de los recortes tributarios para la clase alta, que están por vencer y le pidieron al mandatario que les suba los impuestos. Así, el grupo de millonarios, que se hace llamar “Patriotas millonarios para un refuerzo fiscal“, pidió que los recortes para las rentas superiores a US$ 1 millón “terminen a fin de año, como estaba programado”. Sin tapujos, reconocieron que “vivieron muy bien durante los últimos años” y dijeron que “ahora, en un momento de necesidad de la nación“, quieren “aportar su parte justa”.
Aseguraban además que la extensión del recorte impositivo “aumentará el déficit y será una carga para otros contribuyentes” e invitaron a más millonarios a unirse a ellos.
Obama propuso que siguieran vigentes los recortes a quienes ganen hasta US$ 200.000, pero los republicanos quieren aplicar a todos la extensión para no perjudicar al segmento social privilegiado. Y lo hacen en un momento en que la economía norteamericana no termina de levantarse.
Sin embargo, en nuestro país más de doce organizaciones nucleadas en una unión de gremios exigen al Gobierno la reducción del precio del gasoíl. En caso contrario, amenazan con paralizar el país, ya sea en forma de “tractorazo”, “camionazo” o “enjambre amarillo”. El precio del gasoíl había subido de G. 4.270 a G. 4.700 (10%), desde el pasado 17 de noviembre, luego de que el Gobierno haya decidido sincerar los costos de la petrolera estatal. Aquí los que más ingresos tienen son los que apuestan a mantener el subsidio como los productores de granos que este año alcanzarán una producción récord. Al tropezar nuevamente el IRP con el frontón legislativo, el Ejecutivo sacó un as llamado más impuesto a la producción primaria. La respuesta no se hizo esperar y rápidamente el plan fue descalificado con diferentes argumentos.
Y aquí surge una pregunta que vale la pena hacerse para distinguir sectores que apuestan en el país y aquellos que solo tienen una ficha: ganar-ganar. Cuando la autoridad monetaria (BCP) aprieta el torniquete como lo hizo hace un par de semanas con tres resoluciones para exigir más a las entidades financieras, se acata al parecer porque hay conciencia de volver cada vez más eficiente al sistema. Este año, las intermediarias ganarán por encima de los US$ 200 millones.
No tenemos nada en contra de los “generadores de empleo” pero mientras no todos se decidan a jugar el mismo partido, seguiremos en una discusión recurrente.
Estamos en el mejor momento para pensar diferente, fuerte crecimiento (11%), inflación controlada, los organismos financieros internacionales nos miman por ser Paraguay un buen pagador, nos alzan nuestra calificación crediticia con Moody’s, que eleva a los bonos soberanos en moneda extranjera y local a “B1” desde “B3”, con panorama estable. Hagamos el esfuerzo.