Aunque el perfil típico del comprador compulsivo se ha identificado más con una mujer, en torno a los treinta años, sin una clase social específica, que ha desarrollado este hábito a fuerza de comprar ropa, zapatos, joyas y productos de belleza; también existen hombres afectados por esta compulsión. Sus preferencias se decantan por los aparatos eléctricos y las herramientas para el hogar.
Expertos señalan que nadie sabe cuál será el futuro de este nuevo síndrome, a punto de ser catalogado entre los trastornos mentales. Puede que todo se quede en una moda pasajera o quizá adquiera las dimensiones de una epidemia. Sostienen que la compra compulsiva se desarrolla a través de dos mecanismos: en unos casos, se adquiere básicamente a fuerza de repetir una conducta que en un principio resulta agradable y luego se realiza de forma compulsiva; mientras que en otros casos, esta conducta hay que entenderla predominantemente como una evasión, como una forma inadecuada de encarar los problemas personales. Los compradores compulsivos pueden encontrarse en todos los niveles socioeconómicos y compran cosas para ellos mismos o exclusivamente para otros. Es frecuente que una madre justifique sus compras colmando de regalos a sus hijos.