Corte’i, Congreso’i, Intendencia’i y otros hijastros de las binacionales

Este artículo tiene 10 años de antigüedad

Los sinónimos de vasallos en el diccionario de la Real Academia Española son: esclavos, feudatarios, súbditos y otros que denotan la entrega de la libertad a un “señor” feudal o un líder sobrenatural y absolutista que consigue hipnotizar a toda una masa.

¿Por qué el título del presente artículo?

Lastimosamente, durante estos 42 años de historia binacional, el poder económico de la Itaipú hizo que se forme una especie de vasallaje compuesta por entidades y hasta poderes del Estado sometidas al poderoso presupuesto hidroeléctrico. Poderoso caballero es Don Dinero, diría Francisco de Quevedo, ante esta tragicómica escena geopolítica en Paraguay.

Cuando algún intendente necesita empedrar algunas cuadras de su municipio; cuando un gobernador quiere construir algunos pozos artesianos con tanques elevados en su departamento; cuando un senador, diputado o miembro de la Corte quiere meter a su parentela en el cuadro propio de la Entidad, viene a negociar con el señor feudal que le dará, con la venia del rey, todo o gran parte de lo que pide. Sin embargo, esto no es un negocio unilateral. El señor feudal trabaja para el rey, quien recibe dádivas políticas traducidas en votos para las próximas elecciones. Negocio redondo.

El rey recibe los votos, el señor feudal sus prerrogativas del mejor asalariado del país y otros beneficios; el intendente su empedrado, el gobernador su pozo y Brasil su energía barata. El único que siempre pierde es el pueblo paraguayo. El súbdito abdica, además de la libertad, el gran ingreso nacional que representaría la venta a precio de mercado de la energía de Itaipú y Yacyretá. Migajas a cambio de la montaña de oro del Dorado hidroeléctrico.

Por qué hablamos de la Corte’i. En la jerga itaipuniana le llaman así a la cofradía conformada por los hijos de los miembros de la Corte Suprema. Estos vástagos de los administradores del turno de la justicia paraguaya, incrustados en el quehacer energético, son usados para lograr sentencias que en condiciones normales Itaipú no lograría. Es difícil ganar un juicio laboral sin coimas. ¿Cómo Itaipú justificaría una coima de 50.000 dólares pagadas a un juez? No existen boletas legales. Es aquí donde entran estos mensajeros de la Corte’i.

De la misma manera, los hijos, las esposas y hermanos del Congreso’i. Cuando el rey necesita votos para obtener una ley, entra la parentela de diputados y senadores que tienen el carné pytã (carnet de Itaipú) y envían los deseos del señor feudal al Congreso. Así logran sus “acuerdos constitucionales”. Así de simple es esto, a partir del 89. Antes, el rey absolutista Stroessner ordenaba y toda la Corte respondía al unísono.

Hace poco me encontré, ya como jubilado, ante un hecho nuevo. Se trata del triste drama que sufren los pacientes oncológicos y de alta especialidad abandonados por Itaipú. Me explico: durante administraciones anteriores se respetaba el anhelo de estos pacientes que preferían hacer sus tratamientos en hospitales del Brasil. ¿Acaso el presidente Lugo no lo hizo en el Sirio Libanés de São Paulo? ¿Dónde hacen sus exámenes médicos periódicos los directores de Itaipú?

Hoy día, con este afán desmesurado de ahorrar en todo para cambiarlo por el asistencialismo feudal que mencionábamos, se descuida lo más preciado de una nación, la vida del pueblo. ¿Qué vale más? ¿La vida de los que construyeron la hidroeléctrica o el reparto estéril de chanchos y pollitos? ¿La construcción de un empedrado o la vida de un trabajador?

Muchos podrán disentir con nosotros, pero cuando se enteren de que todos los beneficios de Itaipú, incluyendo tratamientos médicos, educación, reembolso de medicamentos, tratamientos complejos en el país y el extranjero de los 1850 empleados y todos los jubilados de Itaipú no alcanza 30 millones de dólares al año, quedarán pasmados ante los valores de los contratos de las “obras sociales”. Llevando esto al presupuesto de Itaipú, la suma de todos los gastos personales y las obras sociales no llegan al 5%.

Repetimos lo que otros columnistas lo han hecho cientos de veces: el verdadero gasto de Itaipú está en el servicio de la usuraria y leonina deuda. Es más del 70%. El resto corresponde a los gastos operativos. ¿Qué hacemos ante estos pacientes oncológicos que han perdido la paternidad de Itaipú? Parece que la opción binacional fue enviarles a unos ángeles de la muerte que los enterrarán de rabia y tristeza, antes que la propia enfermedad. Pedimos al Sr. Presidente, por este medio, que mande preguntar quién es un tal Venancio Ortiz, el nuevo Dr. Mengele de la Itaipú.

Tal vez este pobre infeliz sea solo el mandado de los Hitler que se encuentran más arriba; tal vez se esté olvidando que dentro de poco nos encontraremos en los mismos pasillos, en los mismos hospitales y, Dios no quiera, en las mismas circunstancias. Me despido con este fragmento del poema que dio perpetuidad a Francisco de Quevedo: “Madre, yo al oro me humillo, él es mi amante y mi amado, pues de puro enamorado, anda continuo amarillo. Qué pues doblón o sencillo, hace todo cuanto quiero. Poderoso caballero es don Dinero”

(*) Exsecretario general del STICCAP, jubilado de Itaipú.