La búsqueda de alternativas al neoliberalismo y la lucha contra la especulación sobre la tierra de cultivo son algunos de los puntos que unen a los movimientos sociales de América Latina y Africa en el Foro Social que se celebró en Dakar la semana pasada.
“Hay muchos puntos en común entre América Latina y Africa ”, dijo Nivaldo Santana, diputado del estado brasileño de São Paulo y vicepresidente de la Central de Trabajadores de Brasil, según recoge la agencia de noticias EFE.
Entre esos puntos, Santana citó la búsqueda de políticas alternativas al neoliberalismo y cómo enfrentar el fenómeno de compra de grandes extensiones de tierra cultivable por multinacionales, otros países y fondos de inversión para especular con las materias primas.
“Una de las reformas estructurales que defendemos en Brasil es la agraria”, dijo al dar cuenta del proceso que vive su país de concentración de tierras en manos extranjeras.
Entre el 15 y el 20 por ciento de la población brasileña es rural, según Santana, quien explicó que la concentración de la tierra, la mecanización de la producción” acaba dificultando la transformación del campo para conseguir una mayor renta y más empleo”.
En Africa
En Africa el fenómeno de la acaparación de la tierra está creando una inseguridad alimentaria, puesto que las grandes explotaciones se dedican a cereales y productos para la exportación, con lo que se reduce la producción de alimentos para el mercado nacional.
Ya lo auguró el lunes pasado en este mismo foro el ex presidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva al afirmar que Africa conseguirá su independencia con la seguridad alimentaria.
También en el Foro Social, la organización internacional de pequeños agricultores Vía Campesina alertó sobre este proceso y en una conferencia de prensa Ibrahim Coulibary explicó que países árabes, China y fondos de inversión están detrás de muchas de esas adquisiciones en Africa.
En manos extranjeras
En Brasil 4 millones de hectáreas de cultivo están en manos de extranjeros, lo mismo ocurre con 700 hectáreas con irrigación en Mali, mientras que Uganda ha cedido el 2 por ciento del territorio a Egipto para el cultivo de cereales, Madagascar el 30 por ciento o 1,3 millones de hectáreas a Corea del Sur, mientras que en Senegal Arabia Saudí posee 200.000 hectáreas, según Coulibary.
“Este fenómeno es extremadamente grave”, dijo el representante de Vía Campesina, al indicar que estas grandes explotaciones destruyen empleo y el medio de vida del pequeño campesino.
Conciencia
“Los Estados deben ser conscientes de que deben regular los mercados y proteger el aprovisionamiento alimenticio nacional”, destacó.
“Si se inculca confianza a los campesinos, Africa no será el continente del hambre”, dijo Coulibary, al añadir que “hay que decirles a los políticos que hay que apoyar a la agricultura familiar”.
Ndiakhate Fall, de Vía Campesina en Senegal, expuso los perjuicios en este continente de las semilla y los cultivos genéticamente modificados, sobre los que pronosticó que “no resolverán la crisis alimentaria”.
Los países africanos viven “un despertar” al cuestionar las recetas occidentales y al mismo tiempo buscar “un desarrollo endógeno y de ruptura con la dependencia y el intervencionismo”, dijo Carles Riera, de la Agencia Catalana de Cooperación y Desarrollo (Ciemen).
David Minoves, de la Fundación Irla (España), se refirió al “desencanto con las políticas de desarrollo de los países occidentales, que hace que se cuestionen sus recetas y se replanteen las propuestas”.
“El Estado en Africa no funciona”, opinó Riera al explicar las “emergencias de la sociedad civil”, que han dado lugar a las revueltas en Túnez y Egipto, en donde finalmente el viernes último dimitió su presidente Hosni Mubarak.