La teoría del laissez faire debe ser superada

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La esencia de la teoría de laissez faire se resume en el dicho “cada a uno para sí y Dios para todos”. En el ordenamiento político, sustentado en esa teoría, el Estado no participa o lo hace mínimamente en la economía. Las personas que, por alguna razón no poseen medios para subsistir recurren a la ayuda que le puedan dar los hijos o parientes, o a la caridad. Pero como no siempre la caridad se manifiesta en el momento oportuno o es insuficiente, ya que es voluntario, los necesitados quedan desamparados, y si están enfermos o no tienen casa ni abrigo pueden morir en la calle, en una plaza o frente a una iglesia.

El cuadro no es producto de la imaginación; es el reflejo de la experiencia en nuestro país. Hubo casos en que madres jóvenes fallecieron por falta de antibióticos dejando huérfanos a sus hijitos. Los pedidos de ayuda de personas que no tienen dinero para comprar medicamentos se difunden por radio y TV diariamente. En invierno solo basta leer los diarios para encontrar en sus páginas relatos sobre historias de ancianos que mueren por falta de cuidado médico o de frío. Pero si las experiencias mencionadas pasan inadvertidas, para recordarnos de la necesidad de la presencia del Estado, en Asunción, tenemos a la vista, en las calles, a los chicos que mendigan, que duermen en las plazas o en los zaguanes, a niños indígenas que se drogan y sufren el abuso de personas inescrupolosas. Muchos de ellos se drogan para escapar del hambre, del frío, de la inseguridad e impotencia permanente que sienten los niños que a tierna edad se ven obligados a lidiar en el mundo de los adultos.

Surge ante esta situación la pregunta si entidades de carácter privado como las organizaciones no gubernamentales (ONG) o las de caridad, la iglesia u otras podrían asumir la responsabilidad de hacerse cargo de estos problemas sociales o si es necesaria la actuación del Estado. Se puede sugerir que para mayor seguridad sería necesario que el Estado asuma la responsabilidad sin perjuicio de que participen las instituciones del sector privado y las fundaciones de caridad. Sin embargo, la solución de un problema que en nuestro país no ha disminuido sino que se ha agravado en las últimas décadas no puede provenir únicamente de las organizaciones del sector privado por la sencilla razón de que éstas no tienen la permanencia que tiene el Estado. Las ONG, aparecen y desaparecen dependiendo de la habilidad para conseguir donaciones de fondos. Los donantes tienen sus propios presupuestos y a veces deben recortarlos o redireccionarlos. La iglesia ha estado presente en nuestra sociedad desde su inicio, pero nunca ha logrado dar a una solución sistemática y continuada al problema de la pobreza extrema. Sus intervenciones en este sentido han sido, por lo general, puntuales.

La caridad de los ciudadanos y de los dueños de algunas farmacias se manifiesta diariamente en respuesta a los pedidos de ayuda tanto de dinero como de medicamentos, difundidos por las radios y los canales de televisión. Las organizaciones del sector privado cumplen una función importante y complementan la función del Estado, pero de por sí solas no tienen ingresos asegurados año tras año ni estos son suficientes para hacer frente a un problema que empeora debido al aumento de la población, al lento crecimiento de la economía y a la gran desigualdad en la distribución del ingreso y de la riqueza.

En países del Primer Mundo, muchas personas dependen del seguro privado, pero ¿cuántos paraguayos pueden darse el lujo de tener un seguro de salud y de jubilación adquirido de una compañía privada? Solamente los que tienen un ingreso bastante alto, y estos deben de ser relativamente pocos. Entonces, ¿qué se debe hacer con aquellos que no tienen seguro y que por una u otra razón no pueden subsistir por sus propios medios? ¿A dónde van a parar los enfermos pobres que no pueden ir a un sanatorio privado? Muchos de ellos van al Hospital de Clínicas o al centro de salud de Medicina Tropical o a algún centro de salud del Estado. Pero el presupuesto que se les asigna a estas instituciones es ínfimo y por eso no pueden proveer los remedios que necesitan los pacientes. Ante la carencia de medios de las instituciones estatales, los parientes recurren a la caridad, pero no les resulta fácil a los que vienen de la campaña encontrar las organizaciones que dan ayuda para la compra de medicamentos y, por lo general, la ayuda solo cubre una parte del precio de los mismos. Felizmente, como ya se mencionó, existen algunas organizaciones privadas de caridad que proveen medicamentos. En este sentido, cabe destacar la excelente labor que realiza la Fundación Santa Librada de la empresa Vierci. El personal de la fundación todas las mañanas recorre los hospitales para averiguar quiénes necesitan remedios y a la tarde les entrega a las enfermeras.

Debido a que ni las instituciones del Estado ni las organizaciones del sector privado dan abasto, es necesario encontrar la formula para que los centros de salud del Estado reciban mayor asignación presupuestaria. El caso del Hospital de Clínicas, presenta un problema especial, ya que forma parte de la Universidad Nacional de Asunción (UNA) y no se le asigna un presupuesto independiente, sino a través de la universidad. Como el presupuesto de la UNA es pequeño, el de Clínicas es también pequeño e insuficiente para cumplir a cabal sus funciones. Los representantes del pueblo deben encontrar la forma de aumentar los fondos que se destinan al Hospital de Clínicas ya que esta institución siempre ha sido el refugio de los enfermos más pobres de todo el país.

Confiamos en que debido a la evolución de la conciencia social que se viene dando en casi todos los países del mundo desde mediados del sigo XIX , apoyada por la doctrina social de la Iglesia Católica, e impulsada, especialmente por el papa Juan XXIII, la doctrina del laissez faire a ultranza pueda ser superada.

(*) PHD en Economía por la Universidad de Stanford. Invitado