Durante el último encuentro anual del Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial (BM) cumplido en Tokio, Japón, la jefa del FMI, Christine Lagarde, proyectó una “película” sobre el momento actual de la economía mundial, que trataremos de resumir tras una conversación mantenida con el presidente del Banco Central del Paraguay (BCP), Jorge Corvalán, quien fue uno de nuestros representantes en esa ocasión.
Los países desarrollados han venido creciendo durante mucho tiempo a base del consumo, el gasto. Como consumían a cuenta de una producción futura, de repente se dieron cuenta de que en algún momento se verían obligados a pagar ese costo y dejaron de gastar. Al dejar de gastar se generó una tendencia regresiva que no implica precisamente una espiral deflacionaria, que difícilmente ocurra a esta altura de los acontecimientos, porque los instrumentos de política monetaria son mucho más sofisticados que antes.
Los países industrializados dejaron de crecer porque están dejando de gastar y pareciera que la economía mundial estaba creciendo en los últimos 10 a 15 años por influencia del gasto por encima de su producción en esas economías. Países como China, Corea, Tailandia, Indonesia y toda la zona del sudeste asiático crecieron en su producción, pero dándole de consumir a otras economías, Europa y Estados Unidos. Repentinamente, estas dos potencias empezaron a detener sus gastos porque empezaron a verse envueltos en un montón de problemas, tanto en el Gobierno como en el sector privado. Los países se vieron obligados a emitir deuda (bonos) muy por encima de los flujos de ingresos que tienen en tanto que las personas, con un horizonte de vida mucho más corto, paran de consumir porque se dan cuenta de que en algún momento ese comportamiento consumista afectará a su stock de ahorro.
Corvalán expresó que en ese contexto hoy se está acomodando un montón de variables, porque los países industrializados quieren corregir su problema de saldo en cuenta corriente donde algunos tienen todavía superávit con países ricos y otros tienen el mismo perfil con países no tan ricos. Por ejemplo, Alemania tiene muy positivo su saldo en la cuenta corriente con los países europeos porque negocia con ellos y son básicamente países ricos. China tiene positivo pero le presta a EE.UU. o, viendo del otro lado, EE.UU. tiene su saldo negativo porque está siendo financiado por muchos países, principalmente China, Alemania, Japón.
A China se le está agotando hasta cierto punto el crecimiento orientado hacia el exterior y ahora tiene que empezar a consumir su producción después de haber generado en los últimos 20 años una gran cantidad de bienes que no consumió y vendió al resto del mundo para que este le pague con deuda (bonos). China quiere seguir teniendo superávit con el resto del mundo, pero los países que tienen déficit con respecto a China ya se están preocupando, como ocurre con EE.UU. El endeudamiento hoy afecta más a las familias en EE.UU. y menos al Estado, mientras ocurre a la inversa en los países europeos.
Aceleradores y frenos
Corvalán señaló, además, que en el contexto mundial hay una tendencia de convergencia del ingreso que puede generar un problema porque los países quieren seguir creciendo, pero para hacerlo hay que considerar aceleradores y frenos. Los aceleradores son las medidas de política económica expansiva (monetaria: bajas tasas; fiscal: aumento del gasto) pero, por otro lado, existen frenos que se traducen, básicamente, en la necesidad de equilibrar el presupuesto, tanto público como privado.
Si el endeudamiento continúa en forma recurrente, en el caso de las familias, en algún momento comenzarán a tocar sus riquezas vendiendo una casa, un auto, algo que básicamente hoy no quieren los americanos.
En este escenario, alguien tiene que poner la plata que falta y esa tarea está en manos de los más ricos, en el caso de Europa, Alemania y Francia, que se ven obligados a salvarles de ciertos problemas de stock a Grecia, Italia, España, Portugal, etc. Si no se da en el futuro esa solución, lo que ocurrirá es que se terminará cobrando al sector privado, porque el Estado, a diferencia de las familias y las empresas, no tiene ahorro y su única posibilidad de tener dinero es cobrando más impuestos, un factor asociado a la posibilidad de producir más. Sin embargo, para que eso ocurra las administraciones gubernamentales tienen que facilitar la vida a los agentes económicos del sector privado, cobrándoles menos impuestos.
Redistribución de la plata perdida
La plata gastada en consumo a cuenta de mayores ingresos futuros, que lastimosamente siguen postergados, está hoy redistribuida y puede estar en manos de proveedores del Estado como de las empresas y las familias. Gastar más a cuenta de un futuro mejor que no se está dando puede ser el resultado de la falta de planificación o falta de visión o del error mismo de muchos Estados que empezaron a gastar lo que todavía no tenían y tampoco estaban seguros de alcanzar en algún momento.
Pudo haberse dado también por un error de cálculo. Si en los últimos años la economía creció en promedio un cierto porcentaje, los países hoy quebrantados por deudas monstruosas esperarían que en los próximos años crezcan también en ese porcentaje. Entonces, hacen el gasto hoy en función a ese crecimiento futuro esperado que hoy, así como están las cosas, no se da porque la economía se detuvo.
Más pobres en el futuro
Necesariamente alguien será más pobre en el futuro en términos de stock de riquezas. Una sociedad o una economía no puede financiarle al resto del mundo en forma indefinida. Mientras se mantenga el superávit en cuenta corriente de China, lo que ocurrirá es que los chinos comprarán empresas o propiedades americanas, lo que significará que los americanos serán menos ricos que ahora, sin que precisamente estén en la pobreza. Ahí podría ocurrir lo que pasó en los 80 con las empresas japonesas y norteamericanas, cuando los japoneses compraron edificios emblemáticos de EE.UU. y permitía ver que una forma de reclamar el ahorro de una economía sobre otras es comprándole sus propiedades a nivel doméstico. Como estamos en una economía global es muy posible que eso ocurra.
Así las cosas, Paraguay puede seguir creciendo hasta alcanzar con relativa facilidad a países de ingresos medios en el sentido de que estamos produciendo bienes que no tienen mucha sofisticación, pero que de todos modos seguirán siendo demandados a nivel global por los países de ingreso alto y medio porque deben alimentarse.
