Caacupé

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La capital espiritual vive una intensa actividad económica más allá de los días de la festividad mariana. Chiperías, dulcerías, orfebrería, viveros y artesanía son rubros que dejan ganancias. El turismo también empieza a moverse en el caluroso verano.

Dulcerías

La producción de dulces se da en todos los barrios. Son empresas familiares, que en algunos casos trabajan en forma asociada, como el comité de dulceras Kuña Guapa Aty. Mártir Cabrera, la presidenta, produce 100 kilos de dulce de leche, 250 kilos de dulce de guayaba, de mamón, entre otros, que son comercializados en Asunción y Ciudad del Este, semanalmente. Es sostén de su familia, además de contar con cuatro empleados.

W. Arana e hijos es una de las más reconocidas orfebrerías, rubro no tradicionalmente importante allí. Fabrica y exporta jarras, guampas, platos y más artículos de plata. Emplea a 42 personas. Veinte productores integran la Asociación de Artesanos en Platería.

G. 5.000 a G. 1.000.000 cuestan las imágenes en las santerías alrededor de la basílica. En noviembre comienza el mayor movimiento de ventas.

100 viveros aproximadamente existen, según la municipalidad. Entre G. 1.000 y 25.000 cuestan los plantines en uno de los viveros de Cabañas.

12 locales para campamentos, retiros, camping con piscina o arroyo, campos de deportes, quincho, cabañas, son algunas opciones del distrito.

9 balnearios; es decir, locales con arroyo o piscina, canchas de fútbol y vóley, parrilla y pista de baile con discoteca ofrece Caacupé en verano.

La actividad turística religiosa se relaciona directamente con el santuario de Caacupé y el Tupãsy Ykua (Manantial de la Virgen), que cada año congrega a unos dos millones de feligreses. El intendente Roberto Franco estima que entre el 7 y 8 de diciembre llegan 600.000 visitantes. La concentración se inicia el 28 de noviembre y va hasta el 16 de diciembre, aumentando las ventas de las santerías del centro.

La mayoría va solo por unas horas, sin pernoctar. La meta actual del municipio es conquistar turistas, que pasen la noche y conozcan más que el santuario, como la belleza natural de sus cerros, bosques, arroyos y balnearios.

Últimamente, Caacupé recibió delegaciones nacionales y extranjeras que fueron a ver cómo los niños introducen las computadoras en sus clases, dado que allí partió el proyecto Una computadora por niño.

Ahora la oferta es de apenas tres buenos hoteles y otros de menor capacidad, además de pensiones y sitios de camping. Para paliar ese déficit, está en construcción el hotel Alta Gracia, resort que contará con 32 habitaciones tras una inversión de USD 3,5 millones.

El crecimiento económico de la localidad hizo que casi todos los bancos y financieras, las principales cooperativas y firmas de venta de motocicletas habilitaran sucursales allí. Se anunció la apertura del local de comida rápida de una multinacional. Igualmente, el supermercadismo está bastante desarrollado con pequeñas cadenas de familias lugareñas y otras de grandes corporaciones.

La capitalía departamental hace que todas las instituciones estatales estén en la ciudad, así como las universidades privadas. El hospital regional conlleva farmacias, centros de análisis y estudios radiológicos a su alrededor.

Vital líquido. Caacupé está regada por arroyos, con un importante sistema de nacientes de agua.

Recientemente se halló que las napas freáticas están totalmente contaminadas, por lo que el tradicional Tupãsy Ykua presentaba coliformes. El problema se sobrellevó perforando un pozo subterráneo que genera agua, pero ya no es la veta original. En esta naciente, los peregrinos se refrescan y cargan sus recipientes para llevar el agua de la Virgen, considerada milagrosa.

El distrito cuenta con una embotelladora del vital líquido llamada Ruta 63, que industrializa el que nace de una surgente y produce 500 bidones de veinte litros y cien packs de dos litros y de medio litro diarios. De noviembre a febrero funciona también un balneario, cuya piscina se carga con agua mineral excedente no embotellada.

Otro paraíso donde los visitantes pasan el fin de semana es Itacuá - Pague y Pesque. La entrada personal de G. 10.000 habilita el ingreso; para pescar se paga un adicional de G. 30.000 por kilo y ofrece paseos en el cerro, ordeño de vacas, entre otras actividades. Anualmente recibe a unas 4.000 personas.

Chiperías. La Asociación de Chiperos de Caacupé posee 160 miembros. Según datos extraoficiales, unas 3.000 personas se dedican a elaborar chipá. La mayoría va a otras ciudades a comercializarla. Hay grupos con un convenio firmado con la Asociación Paraguaya de Fútbol para entrar en los estadios y vender el rico bocadito tradicional. Otras chiperías venden al menudeo, suben a los ómnibus o ingresan a los supermercados con chipitas envasadas.

Odilón Vega, presidente de la asociación de chiperos, destaca la marca registrada de sus productos: Virgen Serrana Poty. En el barrio donde funciona la fábrica, el 90 % de los vecinos vive del rubro. Algunas familias producen de 120 a 250 chipás por día y venden a G. 2.000. La chipería Santo Tomás, una de las más famosas sobre la ruta que conduce a Tobatí, vende 2.000 chipás por día, emplea a cinco chiperas, quienes ganan el 23 % de la venta.